Cuarenta y seis

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Palabras no dichas, La cicatriz

Palabras no dichas, La cicatriz

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— ¡Pero si es horrible!.— Se burló el mayor.— ¿Por eso es que casi te mueres?

Jungkook frunció el ceño tras ponerse la gorra azul que había sacado de la cajuela, aquella por la que casi había perdido la vida al salir de la ciudad.

— ¡Tú echaste las entrañas afuera por una camiseta horrorosa!— Le reprochó; sabía que Taehyung se burlaba y le decía que se veía espantoso con esa gorra turquesa más que nada porque quería devolverle todas esas vergüenzas, pero mentiría si dijera que eso no le estaba lastimando su enorme ego.

Bueno, sólo un poquito.

— ¡Uh! ¿Pero cómo te atreves?— Dijo exageradamente Taehyung con una mano en el pecho simulando que aquel había sido un tremendo golpe en el corazón, pero luego se apartó el pelo de un resoplido y en voz muy bajita pero lo suficientemente alta para que Jungkook lo escuchara (pues ese era el objetivo) Taehyung añadió en tono de burla desviando la vista a la ventanilla. — Al menos a mí no me atacaron por la espalda.

— Al menos a mí no me jalaron de las bolas.— Repuso de inmediato el maknae con una ceja alzada y una sonrisa traviesa en el rostro.

Touché.

Taehyung lo miró con la boca abierta, sabía que Jungkook lo había visto vomitar en la acera, pero desconocía que el chico tuviera aquella información en su poder. Dios... No solo había visto cómo devolvía el almuerzo en plena carretera, sino que también lo había visto pelear por sus futuros hijos.

Que vergüenza.

No sabía qué contestar, boqueó un par de veces sin lograr sacar de su garganta ninguna oración, no encontraba nada con qué enfrentarlo.

— ¡Es una camiseta de colección!— Exclamó. Era un argumento flojo pero no se le ocurría nada y a Jungkook no se le borraba la sonrisa del rostro, es más, Taehyung podría jurar que mientras más segundos pasaba sin responder, más crecía la sonrisa burlesca del maknae.

— ¿Si?— Jungkook tomó la camiseta oscura por la que Taehyung casi se quedaba sin hijos, y tras pasarle un dedo encima ante la cuidadosa mirada del chico, el maknae se cruzó de piernas sin dejar de verlo y apoyó su cabeza en la palma de su mano. Aquella postura ponía nervioso al mayor.— Pues está agujerada.

— ¡Cállate!— Taehyung le arrebató la camiseta.— Es para Yoongi.

— La pijama de patitos de Jimin es mejor.— Siguió provocándolo; le encantaba molestar a Taehyung y más cuando el chico hacía ese pequeño puchero y juntaba ambas cejas, Jungkook creía que se veía adorable al enojarse.

— ¿Cómo se te ocurre comparar una pijama de patitos con una playera de colección?— Cuestionó enfadado.

— Pues entonces tú no digas que mi gorra es horrenda.— Jungkook volvió la vista al espejo retrovisor para admirarse una vez más, aquella gorra era preciosa, y más sobre sus mechones castaños.

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