- ¡Taehyung, siéntate ya, que no me dejas ver! - SeokJin obligó al chico a sentarse bien en el asiento del copiloto pero este no dejó de estirar el cuello a pesar de que poco a poco los autos volvían a ocupar los dos carriles y por ende, la fila ava...
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Seguía oscuro cuando un fuerte sonido proveniente de la ventana despertó al de cabellos rubios, la luz de la luna se filtraba por el cristal del parabrisas y a duras penas Jimin podía ver que el asiento de Yoongi seguía vacío.
El chico no había regresado de hacer guardia, y que uno de esos monstruos estuviera gruñendo contra el cristal estaba lejos de ser una buena señal.
Jimin tenía la cabeza apoyada en el cuero del asiento junto a las piernas de Jungkook, rápidamente alzó la cabeza ante el pensamiento de que algo le hubiera pasado a su Hyung, se llevó sus manos a los ojos para tallarlos con fuerza y quitarse lo adormilado.
Sin embargo, jamás creyó que el infectado que aporreaba el cristal con tanta fuerza fuera él.
El corazón se le paró y sus pulmones se rehusaron a aspirar aire, Yoongi estaba ahí, golpeando con ambos puños y con la boca pegada al vidrio, sus encías rosadas repletas de sangre y sus ojos rojizos.
Se había convertido en uno de ellos, ¡El chico estaba ahí manchando el cristal de sangre!
El horror le creció por la garganta cuando cayó en cuenta que Yoongi le había mentido, lo habían mordido y por eso había insistido en quedarse afuera, y ahora cuando por fin había desvelado la verdad, Jimin sintió su garganta cerrarse al pensar que ya no podía hacer nada.
No podía mover ni un músculo, estaba ahí, de pie frente a la ventana sin importarle que tuviera que agacharse para no golpearse la cabeza con el techo del auto, pero es que simplemente no era capaz de moverse, de apartar la vista de él.
No podía, hace unas horas lo había abrazado.
¿Por qué la vida era tan cruel?
El vidrio entonces comenzó a agrietarse bajo las heladas falanges del pelinegro y sólo cuando el chico volvió a golpear el cristal con una fuerza sobrenatural, Jimin se sobresaltó.
Y abrió los ojos.
Ahí estaba, seguía acostado y la luz de la luna se mantenía iluminando el frente, estaba confundido y al momento de despertar no pudo evitar llevarse una mano al pecho e inhalar con fuerza, estaba asustado, aterrado más bien porque aquella pesadilla se había sentido demasiado real, Yoongi convertido en uno de ellos había sido demasiado real.
Le costó un par de segundos estabilizar su corazón desbocado, pero luego cayó en cuenta de que la causa de haberlo despertado tan abruptamente había sido ni más ni menos que un par de manos aporreando el cristal de la ventana.
La puta ventana.
No quería levantarse para ver el cuerpo de Yoongi siendo manejado como una marioneta hambrienta, no soportaría verlo de esa forma, no cuando él mismo había creído en sus palabras.