- ¡Taehyung, siéntate ya, que no me dejas ver! - SeokJin obligó al chico a sentarse bien en el asiento del copiloto pero este no dejó de estirar el cuello a pesar de que poco a poco los autos volvían a ocupar los dos carriles y por ende, la fila ava...
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Una persona con el corazón roto es una obra de arte con éxito asegurado, es el nuevo comienzo y despertar de un corazón que estuvo hecho trizas, es la puta evolución misma del ser casi nada hasta convertirse en un todo.
Y ahí, con Yoongi mirándole como si fuera la obra de arte más bella de todo el universo y haciéndole reír con sus historias, Jimin sintió que todo estaba bien.
Antes, cuando el embrollo con Taemin no había terminado, cuando las calles seguían normales y no habían muertos en cada rincón, Jimin jamás se imaginó que sería capaz de abrirle el corazón a otra persona. Creyó que su vida se reduciría al infiel de Taemin.
Y para cuando Yoongi apareció, intentó reprimir sentimientos, reprimir la tensión que sabía existía entre los dos, porque Taemin seguía ahí. No se le hacía correcto interesarse por otro chico cuando tenía menos de una semana de conocerlo y mucho menos tiempo de haber terminado una relación, pero lo que Jimin entendió en ese momento fue que había vivido el duelo antes de romper y que además, no le debía absolutamente nada a Taemin.
A veces queremos hacer cosas que no se sienten correctas, pero al contrario, son lo que necesitamos.
Al diablo los amores baratos, al diablo los corazones rotos, las decepciones, el dolor...
Jimin sentía su corazón latir, el pulso le hacía eco en la cabeza, manteniéndolo al tanto de cada segundo que pasaba, es cierto que un corazón roto no se cura de un día para otro, pero ¿qué si no se rompió por completo?
¿Qué si alguien se había mudado a él antes de que este se desmoronara?
Así que sucedió. Él lo hizo suceder.
Sucedió tan repentino que ni siquiera tuvo tiempo de dudarlo, Jimin juntó sus labios y pudo jurar que eso era todo lo que necesitaba para dejar el pasado atrás.
Ahí, con un Min Yoongi muy sorprendido pero que al instante correspondió su beso, Jimin supo que podía ser él mismo.
Los labios de Yoongi sabían dulces, a un toque de menta y a la esperanza que tanto le hacía falta en ese momento.
Sintió las manos del mayor en su cintura, aunque tímidas, acariciaban subiendo poco a poco.
Yoongi estaba en las nubes, los últimos minutos habían sido una mezcla de confusión que jamás se esperó que Jimin lo besaría. Pero ahora que lo estaba haciendo, no se atrevió a meter lengua, no estaba seguro del terreno en el que se estaba metiendo, pero podía afirmar con toda claridad que se trataba de un pedazo de cielo.
Y lo que fuera que había provocado que Jimin lo besara, sinceramente no le importaba.
Lo único que tenía en mente era los labios del rubio sobre los suyos, suaves como una caricia de brisa en verano. Dulces, tal cual como había imaginado.