XI

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Después de que nos hubiéramos despedido de nuestra amiga yo me encontraba muy alegre, pues mañana no iba a haber clases y solo faltaban unos poquísimos días más y ya no tendríamos que asistir a la escuela por un buen mes y medio, que tanta falta nos hacía a todos los estudiantes... y creía que también a los profesores.

El día de hoy fue muy bonito y también extraño; conviví con todos mis amigos, nos divertimos mucho, reímos bastante y... también descubrí que tengo un pariente del que no sabía siquiera de su existencia, pero lo bueno fue que Saúl prometió hablar con él y contarle de mí, a ver si podía traerme poco de información de su parte, pues mi madre no quería hablar del caso.

Mientras caminábamos juntos un viento frío azotó muy fuerte y mi cuerpo se estremeció por completo. Erick se dio cuenta de ello, se quitó su suéter y me lo extendió.

—Anian, úsalo —dijo con una sonrisa.

—No, ¿cómo crees? ¿Y luego tú? —contesté, avergonzado.

—Yo estoy bien, no creas que a mí el frío afecta, si traigo el abrigo es solo porque mi madre me obliga, pero no porque realmente lo necesite —afirmó y lo extendió para ayudarme a ponérmelo. Pasé mis brazos por las mangas y suspiré, me quedó muy bien, era reconfortante y... tenía el aroma de su perfume.

Empecé a sentir la sangre subir hasta mi rostro por su gesto tan amable, así que para ocultarlo agaché la cabeza ligeramente para aspirarlo, pero solo un poco ya que no quería que se diera cuenta de lo que estaba haciendo.

Podría parecer enfermo.

Seguimos caminando a paso tranquilo a mi casa, Erick me dejaría ahí y luego él se iría a la suya, esperaba que quisiera quedarse un momento más conmigo para lo que sea, hablar, jugar o algo.

Aún así, también sabía que ya era tarde, pero yo solo pensaba en que mañana no habría clases y que quizás...

Olvidalo, Anian, deja de darle vueltas al asunto, pensé.

—Oye, Anian, quería preguntarte algo —inquirió Erick, lo notaba nervioso.

—Lo que quieras —respondí, nunca sabía si iba a preguntar sobre lo que yo sentía hacia él. A veces parecía que era demasiado obvio.

—¿Te afectó un poco sobre las cosas que Saúl mencionó verdad? Sobre ese chico, ¿Arcángel? —preguntó, hablando despacio.

No quería hablar de esto, ya que el tema de mi familia siempre me causaba conflicto interno porque pues, no sabía nada y en verdad era estresante.

Tomé un largo suspiro, cargado de pesar.

—Si no quieres contarme está bien, lo entiendo. Solo quería saber cómo estabas después de... —Puse un dedo en sus labios para interrumpirlo y sentí una pequeña presión en este... pero le resté importancia, pues mi mente siempre estaba jugando conmigo, y no quería caer en eso.

—No te preocupes, Erick, este tema me exaspera, pero contigo siento que puedo hablar de ello; no es que me haya afectado, más bien me sorprendió un poco el saber que comparto apellido con alguien más que no sea mi padre, yo sabía que tenía un primo que vivía en La Arboleda, pero tenía entendido que era unos años mayor que yo. Además, mi madre una vez me dijo que toda la familia de mi padre eran de tez blanca con ojos de color y Arcángel sí tiene sus ojos azules... pero su tez es morena —finalicé, y muy tarde me di cuenta de cómo me escuché.

—Anian, ese lindo comentario tuyo sonó un poco racista, ¿no lo crees? —dijo riendo, mientras se señalaba a sí mismo ya que, Erick es moreno.

—¡No! No, no, ¡no me refería a eso! Sino que en base a lo que me había dicho mi mamá, pues se me hizo extraño —mencioné, apenado—. No soy racista.

Un Amor ¿Fallido? COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora