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Después de que todos estuvimos jugando un buen tiempo —y de yo haber decidido retirarme como un vencedor—, en casa de Victoria comenzó a escucharse menos alboroto, lo que significaba que algunos invitados ya comenzaban a irse.

Mis amigos seguían jugando, riéndose y maldiciendo cada vez que uno de ellos perdía y, por un momento, me olvidé por completo de los problemas a los que a veces me enfrentaba en mi día a día. Hasta cierto punto podrían ser pensamientos estúpidos, pero preferí ignorarlos por completo para evitar alguna clase de tristeza o que mi mente terminase muy confundida.

Volteé a ver quien estaba jugando ahora.

Eduardo y Erick eran los contrincantes de esta pelea, Erick se dio cuenta de que lo estaba observando y me guiñó un ojo, a lo que yo reaccioné al instante con mis mejillas calientes y nervioso a la vez, preocupado de que alguno de nuestros amigos nos hubiera visto.

Pero para mi suerte, todos estaban concentrados en la pantalla.

Por culpa de esa pequeña distracción, Eduardo le ganó el primer round y yo solo me reí un poco por lo bajo, conteniendo así los nervios que estaban comenzando a salir de mi cuerpo.

—¡Te gané! Creo que no eres muy bueno después de todo, Erick —se burló Eduardo, muy orgulloso.

—Solo me ganaste porque me distraje —contestó Erick, tranquilo—. Enfréntate de nuevo a mí... A menos que tengas miedo de perder.

—¿Perder? ¿Yo? ¡Ja! Qué cosas tan graciosas dices. —Eduardo se quedó callado un momento y me observó, como esperando a que le diera una respuesta, lo cual me causó una confusión y yo solo me encogí de hombros—. Pero no jugaré la revancha a menos que Anian así lo quiera.

—¿Y yo por qué? A mi no me metan en sus problemas —respondí soltando una risita nerviosa.

—A ver, a ver, a ver —dijo Victoria, alzando la voz—. Si ya no van a jugar, damitas, entonces hagamos la siguiente reta.

—Espera, Victoria —dije, mirando a Eduardo a los ojos con intensidad—. Quiero ver si eres capaz de volverle a ganar a Erick. —Sonreí con malicia.

—Yo igual —siguió Saúl.

—Parece que nadie cree en mí —soltó Erick, y colocó una mano en su frente de forma muy dramática.

—Bueno, dejémonos de habladurías y demuestren de qué están hechos —sentenció Victoria, y la batalla campal dio inicio.

°°°

Después de que Erick ganara las últimas 3 batallas decidimos dejar de jugar en la consola y mejor nos pusimos todos a hablar. En muy poco tiempo saldríamos de vacaciones y todos mis amigos viajarían o tendrían cosas que hacer... Excepto yo. No negaba que eso me hacía sentir un poco triste, pero por ahora, es lo que había.

—Yo estoy emocionadísimo de poder ir a Estados Unidos, mis primos me llevarán a muchos lugares —dijo Eduardo, aunque noté que le faltaba mucho entusiasmo a sus palabras vacías.

—Yo —dijo Saúl, mientras revisaba su celular—, iré con los abuelos a La Arboleda y visitaré a un amigo que vive ahí, es de los pocos que conservo de cuando vivía en la gran ciudad.

—¿Y quién es ese amigo Saúl? Nunca nos habías hablado de él —mencioné, intrigado.

En ese momento percibí que Saúl se había puesto nervioso.

—Oh, es ci-cierto —tartamudeó esto último y comenzó a revisar con más detalle su teléfono.

Vi cómo le temblaba la mano cuando con su dedo pulsó sobre la aplicación Galería, supuse que estaba buscando una foto, y después de un tiempo la encontró.

Un Amor ¿Fallido? COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora