Habían pasado ya unos veinte minutos desde que me subí a la moto de mi amigo para ir al café donde él me dijo que me llevaría... Pero no imaginé que estuviera tan lejos.
No es que me preocupase, nada de eso, sino que nunca había salido tan retirado con alguien y me sentía un poco... fuera de lugar.
—¿Aún falta mucho, Erick? —pregunté.
—Ya no tanto, Anian, espera un poco más, te juro que valdrá la pena —contestó sin quitar la vista de la carretera.
No dije nada, confiaba plenamente en él.
Cerca de mi casa había un café al que a veces iba, desde que empezó noviembre para acá ya no lo hice, pero me gustaban mucho las galletas gratis que te daban en la compra de tu bebida.
Seguí viendo todo a mí alrededor, las banquetas, las lámparas, la gente caminando de un lado a otro. Todo estaba muy normal hoy, y el soplo del viento que atravesaba los grandes árboles a la orilla de La Arboleda era frío pero no helado.
Aun así, debí haber traído un suéter, pensé.
Erick se acercó a una acera y detuvo la moto, yo me giré para ver dónde estaba el café pero no vi nada similar.
Estaba a punto de bajarme cuando él me detuvo con su brazo.
—Aquí no está, Anian —dijo, riendo.
—¿Entonces, por qué nos detuvimos? —pregunté.
Erick extendió su mano y apuntó con su dedo a donde seguía la carretera.
—Más allá, si seguimos por este camino llegaremos al puente que conecta con La Arboleda, ¿lo has visto alguna vez? —dijo.
—Solo en fotos —admití, aunque contase con el pasaporte, nunca había ido.
—Bueno, es muy bonito, hay bancas en las aceras y algún que otro puesto ambulante. ¡Ah, sí! Y una cafetería, es ahí a dónde vamos —dijo, orgulloso de sí mismo.
Mi corazón saltó de emoción.
—¿Estás seguro? Eso está un poco lejos, ¿no?
Erick palmeó el tanque de la moto.
—Nada que este bebé no pueda manejar. Tú no te preocupes, Anian, ya te había dicho que quería que saliéramos un poco de la rutina y... reservé una mesa ahí, además —dijo, ahora nervioso.
—¿Reservar una mesa en un café? Pues es muy exclusivo o qué —dije, divertido.
—Ese, sí, pero si no quieres ir o si ya te cansaste de estar sentado en la moto cerca de mí, podemos regresar... ¡No importa que se pierda la reservación! —bromeó y yo reí con fuerza, tanto que algunas personas voltearon a vernos.
Recordé esa frase de un personaje de comedia de la televisión, un hombre que viste de peluche color azul que me hacía reír mucho con sus tonterías.
Y en ese momento de risas, con las preciosas vistas a la ciudad me sentí pleno, muy feliz.
A veces, con tan poco era suficiente para sentirme alegre.
Pero no era así ni mucho menos, era por él.
—¡Nada de eso! Me encantaría ir —dije, sonriendo.
—Perfecto, entonces agárrate fuerte y acércate a mí, que tenemos que llegar cuanto antes —dijo, encendió la moto y arrancó.
Iba manejando veloz pero con precaución, eso me gustaba; la seguridad que él tenía me la estaba brindando a mí, y me hacía sentir protegido.
ESTÁS LEYENDO
Un Amor ¿Fallido? COMPLETA
Ficción General#1 CATEGORÍA "TEENS" 16/11/25. 6 semanas en el #1. Anian Ontiveros siempre ha vivido con un peso silencioso: el miedo a ser él mismo. En pleno 2021, mientras todos parecen avanzar hacia la libertad, él sigue atrapado entre la lealtad a sus amigos...
