IV

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Martes 9 de Noviembre de 2021

—Aún no puedo creer que no me haya tocado contigo, Anian —dijo Luis, estaba a mi lado apuntando lo último de la materia.

Estábamos en clase de Química, el profesor nos dejó juntarnos en parejas y yo me vine con Luis para hacerlo, no era algo difícil pero si eran muchas fórmulas y teníamos que anotarlas todas en un pequeño formulario que habíamos llevado desde que iniciamos el semestre y el cual, si lo teníamos completo nos evitaba el dolor de cabeza de tener que enfrentar un examen.

No era nada bueno en esta asignatura, pero siempre trataba de hacer lo mejor que podía, en cambio Luis era muy inteligente y me apoyaba con él cuando no sabía algo.

—Pues sí, pero de nuevo, yo no elegí a mis compañeros —mencioné mientras terminaba de apuntar la última fórmula.

—¿Y no se te hace mucha coincidencia que hayas quedado con exactamente Eduardo y Erick? El dúo doble E.

No pude evitar reírme por eso así que no me contuve, pero no muy fuerte para no molestar a ninguno de mis compañeros.

—¡Vamos, Luis! Tu estás con Saúl —dije y solté un suspiro, agobiado—. ¿No quieres trabajar con él?

—¡Nada de eso! A mí Saúl me cae bien pero... no es como que seamos los mejores amigos del mundo, y además, esa chica no para de mirarme —dijo señalando a Diana con la mirada y un ligero movimiento de cabeza—. Creo que le gusto.

¿Creés? Pensé, riendo para mis adentros.

—No me digas —dije rodando los ojos, divertido—. Por favor, Luis, ¿eres tonto o te haces?

Luis dejó la pluma sobre su cuaderno y me miró a los ojos alzando una ceja con lo que parecía ironía.

—No voy a responder a tu pregunta, Anian, porque en todo caso yo podría decir otras cosas, pero sí te voy a decir que—

Su discurso fue interrumpido por el timbre, indicando que las clases habían terminado. En ese momento ambos comenzamos a guardar nuestras cosas.

Cuando nos levantamos, Luis puso su mano sobre mi hombro. Lo volteé a ver y estaba serio.

—Esto no se queda así, Anian, tú crees que yo estoy tonto por no darme cuenta de lo que sucede a mi alrededor, pero lo cierto es que yo siempre estoy observando; aunque si admito que a veces se me van las cabras pero yo creo que eso también te queda a ti. Eres tan distraído que ni siquiera te das cuenta de ciertas cosas —dijo tranquilo, me dio un par de golpes en la espalda, se colgó su mochila al hombro y salió del salón.

Me quedé atónito por su comentario y en un acto reflejo me volví a sentar. El solo pensar en lo que me dijo me dio a entender muchas cosas y el miedo que vivía conmigo empezó a cubrirme por completo...

Respiré una, dos, tres veces y traté de tranquilizarme, cuando me sentí un poco mejor deseché las ideas locas que mi mente ya estaba trabajando y ignoré el comentario de Luis. No sé que habrá querido decir pero esperaba que no fuera algo sobre mis gustos.

Suspiré con pesar y en ese momento llegó Eduardo, se sentó frente a mi y me miró, esperando.

—Anian, ¿te sientes bien? —preguntó, preocupado.

—Sí, es solo que estaba pensando en algunas cosas sin importancia —mentí, no era la verdad pero tampoco quería hablar de estas cosas con él.

Él sonrió y revolvió mi cabello.

—Bueno, pues llegó la hora de irnos a tu casa, querido amigo —dijo Eduardo muy exagerado y logró sacarme una sonrisa que hizo que me olvidara del comentario de Luis.

Un Amor ¿Fallido? COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora