EPÍLOGO

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Erick

Él me cerró la puerta en la cara y me quedé de pie mientras escuchaba su llanto.

Y eso me rompió el corazón.

Estuve unos segundos ahí afuera, y entonces escuché cómo se rompía algo.

Quería tocar a la puerta para que me abriera y ver qué había pasado, pero era una idea estúpida.

Después de lo que había hecho, no merecía siquiera que me mirara de nuevo.

Le había roto su corazón.

Empecé a caminar para alejarme de su casa, no tenía nada que hacer ahí, no merecía estar cerca de él.

Me maldije a mí mismo por haber sido un idiota y permitir que mi miedo ganara antes que mi amor.

Antes de dar la vuelta por la cuadra, me topé con la mamá de Anian.

—Buenas noches, Erick, ¿vienes de con Anian? —preguntó.

—No —mentí—. Solo iba pasando por aquí, pensé en llegar pero vi todas las luces apagadas y creí que no había nadie —dije, me sentí un puto mentiroso, pero no quería decirle a doña Alejandra que había sido yo la causa de que su hijo estuviera así.

No tenía la cara para hacerlo.

—Oh, bueno, a ver qué día vienes a visitar a mi hijo, últimamente no ha estado muy bien, se la ha pasado encerrado en su habitación, llorando y durmiendo, casi no come y está muy distraído, ¿tú no tienes alguna idea de por qué está así?

Por mi culpa, señora, pensé.

—La verdad es que no, señora. —Otra mentira.

Ella suspiró.

—Mira, me gustaría que hablaras con él, te extraña mucho, eres su mejor amigo —dijo, sonriendo.

Ahora, ya no era ni siquiera un conocido para él.

—Me encantaría, doña Alejandra, pero esta semana estaré ocupado con mis padres; de igual forma, le enviaré un mensaje a Anian.

—Está bien, Erick; cuídate mucho, nos vemos —dijo, se dio la vuelta y se fue.

Cuando ya no la vi, solté el aire que estaba conteniendo y las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas.

Era un puto monstruo, una mierda de persona, había herido al hombre que más me importaba en el mundo.

Me fui corriendo de ahí, pero no vi bien el camino y me tropecé con una piedra, lo que hizo que me cayera al suelo y me clavara en mi mano izquierda un pedazo de vidrio de una botella.

Me levanté del suelo y vi mi mano, esta tenía el vidrio bien enterrado, lo saqué y la sangre empezó a salir.

El dolor que sentí fue tan fuerte que tuve que taparme la boca con mi mano derecha para ahogar el grito.

Te mereces eso y más por ser un idiota, me dije.

Me dolía muchísimo la mano, me senté en una banqueta, me quité un teni, el calcetín y lo usé para tratar de detener el sangrado.

Pero decidí abrazar el dolor, era lo mínimo que podía hacer, pues le había causado uno mucho más grande a otra persona que sentía algo por mí.

Era un cobarde, después de ese beso tan dulce, candente y hermoso, le dije palabras muy feas por impulso, pues no era lo que sentía en realidad.

Pero no había justificación, la había cagado.

Había sido un beso que llevaba esperando semanas, y, cuando lo tuve, lo único que había hecho fue ser un estúpido.

¡Anian, perdóname!, grité en mi mente con todas mis fuerzas.

Pero eso de nada servía, era solo un intento inútil para no sentirme como el pedazo de mierda que era.

Cuando el sangrado se detuvo, seguí caminando en dirección a mi casa.

Aún recordaba su hermoso rostro cuando me vio a los ojos y yo me incliné para besarlo, recordaba sus suaves labios, lo dulces que eran, lo hambrientos que estaban.

Todo había sido tan mágico.

Y yo lo había echado a perder.

Sentí un vacío en el estómago, y por un momento pensé en regresarme a su casa y pedirle perdón, pero sabía que él no querría saber nada de mí.

Y lo entendía, me odiaba lo suficiente como para saberlo.

Me detuve en una banqueta, bajo una lámpara de luz tenue y sentía las manos temblarme, no porque tuviese frío, sino por todo lo que acababa de hacer mal.

Recordé las palabras tan feas que le dije: "Esto que pasó... no volverá a pasar".

¿En qué estaba pensando?

Claro que quería que volviese a pasar.

Ya había pasado dentro de mí cien veces antes.

Cada segundo que pasaba el odio hacia mí mismo crecía más y más, pues había dejado a Anian cargando con una culpa que no le pertenecía.

Y eso me rompió.

No lo había besado por impulso.

No lo había besado por curiosidad.

Lo besé porque ya no podía seguir fingiendo que no quería hacerlo... pues yo...

Estaba enamorado de Anian.

Pero el quererlo tenía sus consecuencias, unas que no sabía cómo enfrentar.

En el mundo había miradas, expectativas, una versión de mí que ellos creían conocer. Aceptarme significaría romper demasiadas cosas al mismo tiempo y... no fui lo suficientemente valiente para hacerlo.

Miré el cielo para ver si había alguna respuesta en el, pero nada estaba allí, solo un sentimiento de burla hacia mi persona.

Maldita sea.

Había echado a la basura mi oportunidad de ser feliz, todo por culpa del miedo al qué dirán y a mis padres.

Algo tenía que hacer para remediar todo esto, pues sería muy doloroso para Anian y para mí.

Debía pensar en todo lo que me fuera posible.

Pero necesitaba arreglar lo que le había hecho a mi Anian, mi hermoso chico de ojos verdes.

Suspiré con fuerza y me sequé las lágrimas que no dejaban de salir de mis ojos, ya tenía la camisa toda mojada y la mano toda ensangrentada.

Estaba hecho un asco, pero era lo que merecía.

Seguí caminando en dirección a mi casa, no sin antes jurarle a Dios, al cielo y al mundo que haría todo lo posible por conseguir el perdón de Anian.

Así tuviera que arrastrarme por el mismísimo infierno.



20 de Noviembre del 2020 - 19 de Febrero del 2026.

Un Amor ¿Fallido? COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora