XIV

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Una vez que terminamos de comer nos pusimos con la consola un momento, ya que teníamos que ponernos a estudiar lo que íbamos a explicar mañana del trabajo final.

Éramos rápidos para el estudio, nos aprendimos lo que diríamos e incluso le mandamos un mensaje con la información que tenía que decir Erick y este respondió que lo estudiaría, así que podría decirse que todo iba perfectamente bien.

Tenía permiso de mi mamá para quedarme en casa de Eduardo hasta las nueve de la noche, así que revisé la hora y aún faltaba como una media hora para irme y Eduardo lo sabía, así que nos acostamos en su cama con los pies de fuera y mirando al techo en un silencio muy cómodo sin decir nada... Hasta que uno de los dos tuvo que romperlo.

—Ya casi te vas a Estados Unidos —dije, tranquilo.

Él se levantó de la cama y se quedó sentado, puso las manos en su cara y suspiró.

Uno que se me hizo muy largo.

—Sí, ya el domingo si todo sale bien —dijo casi en un susurro.

—¿No quieres ir? —pregunté.

—¿Por qué la pregunta? —contestó.

—Bueno, no lo sé, es solo que esta vez no te veo muy entusiasmado por tu viaje —dije sincero, en el tiempo que llevaba conociéndolo había ido unas dos veces y siempre se mostraba muy emocionado y feliz, ahora solo lo veía apagado.

Vi cómo su cara se descompuso por un segundo, pero la repuso enseguida.

—Para nada, Anian, es solo que no sé si tengo muchas ganas de ir esta vez —musitó y me volteó a ver a los ojos—. Me gustaría pasar mis vacaciones contigo.

Reí con nerviosismo.

—¡Vamos, Eduardo! Tiene que haber una razón mucho mejor que esa —mencioné, agitando la mano en el aire como para restarle importancia, pero él me la sostuvo en el acto.

—De hecho, no —dijo y sentí cosquillas en el estómago, al parecer se había dado cuenta de lo que estaba haciendo pues me soltó y volvió a acostarse a mi lado, viendo el techo, tenía una expresión ausente y pensativa.

Volvió a suspirar.

Ninguno dijo nada de nuevo y yo me puse a analizar lo que acaba de pasar sin encontrarle mucho sentido, o más bien sin tratar de encontrarlo.

—¿Alguna vez te has enamorado, Anian? —dijo, viéndome directo a los ojos.

¿Que si me he enamorado? Maldita sea, Eduardo, si supieras que estoy sufriendo como no tienes una idea por culpa de un maldito amor que sé que no es correspondido, que por culpa de mis preferencias jamás puedo estar tranquilo alrededor de las personas que amo y son importantes para mí por ese pecado, que dudo alguna vez poder encontrar el amor por eso mismo y que me consume día a día... que estoy enamorado de Erick y sé que jamás me va a corresponder, pensé.

—No, aún no... ¿Y tú? —pregunté y decidí no responder todo lo que tenía en mi mente por obvias razones, no quería que me viera como un bicho raro.

Eso me dolería demasiado.

—No lo sé, solo sé que cuando estoy cerca de esa persona mi corazón late más rápido de lo normal, que con escuchar su dulce voz llamando mi nombre hace que sienta cosquillas en mi estómago, que con el solo ver su lindo cabello, sus ojos hermosos quisiera darle un abrazo fuerte y... que al ver esos labios... ¡Dios! Quisiera besarlos todo el día. —Me quedé sorprendido por todo lo que me acababa de decir Eduardo, el cuál se cubrió la cara con las manos mientras lo decía. Al final volteó a verme—. Si eso no es estar enamorado, entonces no sé qué sea.

Un Amor ¿Fallido? COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora