V

48 7 0
                                        

Después de ese incómodo momento todo parecía ir mejor, cada uno de nosotros estaba enfocado en su actividad y no parecía haber problemas o roces entre Eduardo y Erick.

Al menos de momento.

Y eso era algo bueno, ya que en los últimos días sus tontas peleas por nada o motivos que ni siquiera conocía me habían llegado a estresar un poco.

Yo me encontraba ayudándole a Eduardo a armar una pirámide, se necesitaba de mucha paciencia y ser muy cuidadoso porque cualquier movimiento en falso podía ser un desastre.

En cambio, Erick estaba pintando la tabla en donde acomodaríamos todo, él se ofreció a hacerlo diciendo que la pintura se le daba bien, así que estuvimos todos de acuerdo en que él lo hiciera y parecía muy concentrado en su tarea.

Todos estábamos trabajando a gusto y en santa paz.

—Despacio... despacio... —susurró, Eduardo. Estaba mordiendo su lengua y tenía los ojos fijos en el trozo de madera, lo cual significaba que estaba muy concentrado pegando una de las piezas de la estructura.

—Cálmate, Eduardo, no te presiones tanto —dije, aunque me ignoró por completo.

Quince minutos después de estar en completo silencio por fin había acabado de armar la pirámide mayor, se veía muy bonita y los detalles estaban para morirse.

Eduardo se levantó del piso y con un pedazo de papel se limpió el sudor de su frente y soltó un suspiro muy profundo.

—Se ve padre, ¿verdad? —dijo, sonriendo.

—La verdad es que sí —admití.

Se veía que mi amigo gastó en esto... Aunque haciendo la suma de las tres partes da un total de cuatrocientos cincuenta pesos, creí que en realidad había sido más de lo que nos estaba diciendo.

Pero bueno, yo no iba a decir nada.

—Chicos, ¿pueden venir a ver esto y decirme si les gusta? —dijo Erick, tenía el pincel en su mano derecha y no despegaba la vista de la tabla.

Eduardo y yo nos acercamos a ver y quedamos impresionados. Erick estaba haciendo un trabajo excepcional; miré la imagen de referencia, después a la tabla y le estaba quedando igual.

—Te está quedando de maravilla, Erick, se ve muy bonito —dije entusiasmado, se veía demasiado realista.

Había partes donde la pintura aún no se secaba, pero donde ya estaba seca quedó muy bien.

—Pues sí, te está quedando bien —dijo Eduardo, no muy convencido—. Si lo hubiese hecho yo hubiese quedado mejor, aun así, buen trabajo. —Le dio dos palmadas en la espalda a Erick.

Miré a Eduardo muy molesto. ¿Cómo se atrevía a menospreciar el trabajo de Erick? En verdad que le estaba quedando muy bien, pero apostaba a que era sólo por su estúpida rivalidad inventada que hizo ese comentario.

—Gracias, sé lo que hago —gruñó Erick, sin siquiera voltear a verlo.

Vi cómo Eduardo hizo una mueca, sacó su celular y se fue a la sala.

Decidí que mejor me iría a buscar algo más que hacer, el ambiente cuando estaba con ellos dos se sentía muy pesado y no me gustaba para nada.

Revisé la pirámide que estaba en el suelo al lado de los otros armazones y ya se encontraba muy bien pegada, por lo que la puse encima de un banco para luego no tener accidentes como que se rompiera o algo.

Después, saqué el armazón de una más pequeña y menos complicada, iba a empezar a armarla cuando Eduardo regresó y puso su mano sobre mi hombro.

Me tensé, pero luego me relajé enseguida.

Un Amor ¿Fallido? COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora