- ¡Taehyung, siéntate ya, que no me dejas ver! - SeokJin obligó al chico a sentarse bien en el asiento del copiloto pero este no dejó de estirar el cuello a pesar de que poco a poco los autos volvían a ocupar los dos carriles y por ende, la fila ava...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Taehyung bajó el cierre de la tienda y maldijo en voz baja cuando la tela se movió con un roce seco que sonó demasiado fuerte en medio del silencio del campamento.
Antes siquiera de terminar de cruzar el umbral, Taehyung se quedó de piedra.
El olor lo golpeó primero.
No era exactamente el olor asfixiante y podrido de los cadáveres que ya había aprendido a reconocer, más bien, este era un olor algo más húmedo... más humano.
Como sudor rancio atrapado durante demasiado tiempo.
Taehyung reprimió una arcada y se tapó la nariz con la mano izquierda, mientras la derecha buscaba el cuchillo en el bolsillo de su pantalón.
—¿Hola? —murmuró en voz baja, su voz deformada al taparse la nariz.
Sabía que era absurdo preguntar algo como eso, pero no pudo evitarlo.
Estuvo a punto de dar media vuelta y enfrentarse a las consecuencias de haber desaparecido, cuando escuchó un gruñido, uno que le puso los pelos de punta porque rápidamente identificó que no venía del bosque.
Venía de dentro.
Taehyung se quedó inmóvil, y durante un segundo pensó que el corazón iba a salírsele del pecho.
Cuando se calmó lo suficiente como para que el cuchillo dejara de temblar, Taehyung dio un paso al frente y tiró de la cadena que encendía la lámpara a lo alto del techo.
Supo entonces porque no lo había visto antes: El infectado estaba al fondo de la tienda, sentado en una silla plegable de camping.
Atado.
La cabeza le colgaba hacia un lado, el cabello pegado a la frente por el sudor. Sus brazos estaban amarrados torpemente al respaldo con tiras de tela... Que tras segundos de analizar, se dio cuenta eran cordones.
Su mirada bajó y con la boca seca notó que los tenis del hombre estaban desnudos. Sin agujetas.
Los cordones rodeaban sus muñecas.
Taehyung tragó saliva de una manera que le pareció demasiado ruidosa.
—Joder...
El hombre levantó la cabeza de golpe y esos ojos completamente rojos lo miraron. Taehyung sintió un escalofrío al darse cuenta de que no le asustaba que estuvieran inyectados en sangre, sino que en ellos encontró un dolor demasiado humano.
Un sonido ronco escapó de la garganta del infectado y Taehyung dio un paso atrás por instinto.
Su pierna protestó al instante, una punzada que subió desde el tobillo hasta la rodilla, pero el chico la ignoró y en su lugar avanzó un paso, y luego otro.