Cántame al oído
Violett
¿Qué estoy haciendo? No lo sé. Mantengo los ojos cerrados, sintiendo mi cuerpo flotar entre el tiempo y el espacio. Su mano acuna mi rostro para profundizar el beso, y con su otro brazo me presiona con más fuerza contra su cuerpo, apretando mi pecho contra el suyo.
Se lo siente tan desesperado y triste, que si no lo hubiera tratado antes, diría que algo lo atormenta lo suficiente como para hacerlo ver vulnerable unos segundos. Pero él no es así, simplemente está tratando de manipularme, como lo hizo ayer.
El día anterior me había dejado llevar por su presencia, pero me prometí que no sería así. Que si iba a jugar, las reglas las pondría yo.
Tengo que ser más racional, menos impulsiva al contestar, saber mis cartas y usarlas con inteligencia. No todo en esta vida debe responderse con la misma actitud. Claro que él me sacaba de mis casillas, pero tenía que aprender a controlarme.
Me tomó por sorpresa encontrarlo en medio de mi paseo nocturno, después de pasar todo el día desesperada en una lucha interna sobre si lo que había hecho era lo correcto o no. Mis dos voces interiores no me dieron tregua en ningún momento.
Había sido una batalla campal lograr que se calmaran, y cuando llegué al campamento, me permitieron tomar una ducha para limpiar toda la suciedad y el estrés al que mi cuerpo había sido sometido. Después de eso, había decidido dar una vuelta para acostumbrarme al clima de este lugar, tan distinto al que soportaba usualmente en Londres.
Mis pensamientos revoloteaban cada cierto tiempo sobre lo que sucedió con él en esa casa abandonada, y no podía negar el hecho de que quería disfrutarlo otra vez, pero con más detenimiento. Darme la oportunidad de poder contemplarlo mejor.
Estaba pensando justo en él, y verlo delante de mí con la misma ropa de la mañana, pero esta vez con muchísima más sangre encima, le daba una apariencia más tenebrosa, como si hubiera salido directo de descuartizar a alguien.
Me dejó sin palabras y sin saber qué hacer, solo por el simple hecho de verlo; esa imagen tan sombría cernirse en la oscuridad. Sus ojos, que antes se notaban brillantes, ahora se veían oscuros. Su cabello despeinado y húmedo caía sobre los costados de su cara, mientras su pecho subía y bajaba de manera desesperada.
No me había alejado mucho del campamento, pero la única luz que nos iluminaba era la de la luna. Nuestros ojos se encontraron en un instante, en esa continua batalla entre sus celestes como el cielo y los míos color miel.
Me quedé en el mismo lugar, sin dejar de mirarlo. Su apariencia, aunque siniestra, se notaba algo rota, como si fuera un muñeco vacío. Eso impidió que me fuera de ahí.
Determinándolo por varios segundos, pude notar las ligeras gotas color carmesí cubriendo sus mejillas pálidas. Sus brazos y manos también estaban manchados del mismo color. Era demasiada sangre para ser suya, así que descarté la preocupación tan rápido como llegó, pero otro tipo de sentimiento se instaló en su lugar.
¿Miedo? No. Era todo menos miedo. Era como si ya estuviera acostumbrada a este tipo de situaciones.
Y sin poder analizarlo más, me vi envuelta entre sus brazos, en un beso que me permitió perderme. No sé qué tipo de efecto hace él en mí, pero definitivamente me quita el raciocinio.
Permití que su lengua se uniera a la mía, y que sus manos acariciaran mi cuerpo sobre la ropa, haciéndome merecedora nuevamente de ese deseo por el que me había estado reprochando todo el día... hasta que reaccioné y me aparté completamente de él.
Empujo con todas las fuerzas que no tenía, y a pesar de que no quería hacerlo, lo hice. Me alejé de él en ese momento.
Mi pecho sube y baja con agitación por la falta de aire, y él no está muy diferente a mí. Debo decirle algo, pero no puedo, porque he dejado de pensar. Solo doy media vuelta y me aparto de él lo más rápido que mis piernas me lo permiten.
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ARRITMIA (N)
RomansaTodos conocen su propio infierno, pero no todos logran salir de él. Violett Williams es una residente de cirugía brillante, ambiciosa y rota. Llega a Londres con una sola meta: convertirse en una de las mejores cardiocirujanas del país, pero el des...
