Capítulo 1

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"Asesina"

Violett

Una brisa helada se cuela por la ventana, levantando las cortinas como fantasmas inquietos. El frío se filtra hasta mis huesos, corroídos por un escalofrío que sacude mis músculos. Estoy tendida en la cama, atrapada en una quietud impotente. Intento abrir los ojos, pero el esfuerzo es inútil; un velo oscuro me los sella de nuevo.

Mis dedos exploran la superficie húmeda de las sábanas mientras el eco de una voz desconocida flota en la distancia.

—Ya hice lo que me pediste. Me voy

El sonido se disuelve, pero su eco se clava en mi pecho. Mi corazón se acelera, como si quisiera despertarme por la fuerza.

«Uno, dos, tres, cuatro...»

Cuento los latidos, buscando algún consuelo en su ritmo, pero el miedo no cede. He sentido pavor antes: al mudarme de país, en mi primera entrevista de trabajo, el día que dije "sí" a mi exnovio, y cuando le dije "terminamos", pero este miedo es diferente: oscuro, denso y paralizante. Mi cuerpo entero está entumecido, incapaz de moverse, hablar o siquiera abrir los ojos.

Una neblina espesa invade mi mente. La resistencia es inútil, así que me dejo ir, esperando que al despertar, todo vuelva a estar bien.

۞۞۞

El ruido del tráfico londinense perfora la niebla de mi mente. Me remuevo entre las sábanas húmedas, gruñendo, buscando el calor atrapado bajo ellas. Entreabro los ojos con cautela, esquivando la luz de la ventana... pero el alivio dura poco: la respiración se me corta al ver la escena frente a mí.

Mi cuarto es un caos. El espejo está destrozado en fragmentos diminutos esparcidos sobre la alfombra, las cosas tiradas, jirones de tela que antes eran ropa. Mi corazón tamborilea cuando me incorporo, sintiendo un vértigo que amenaza con derribarme.

Siento algo frío y pegajoso en el rostro así que paso mis manos restregándolo para poder quitarme la sensación. Confusa, las miro, y el horror me golpea con la fuerza de una tormenta. Sangre. Está en mis manos, en las sábanas, en toda la cama. Mi estómago se revuelve con violentas arcadas que apenas puedo contener.

Desesperada, reviso mi cuerpo, buscando alguna herida. Solo un pequeño corte en el muslo; insignificante, incapaz de explicar el torrente rojo que me rodea. Respiro aliviada, pero la punzada en mi cabeza me obliga a doblarme sobre mí misma. El dolor es insoportable, como si algo tratara de arrancarme los recuerdos.

Las últimas veinticuatro horas son un agujero negro. Nada. Mi memoria está vacía, apenas un eco distante de haber salido del hospital el viernes por la noche.

Me esfuerzo por levantarme, sorteando los cristales mientras arrastro las sábanas ensangrentadas. Mis pies descalzos buscan el equilibrio sobre la alfombra. Al otro lado de la habitación, mi celular yace como un náufrago. Lo recojo, pero está muerto. Sin batería.

«Necesito ayuda.»

Con manos temblorosas, me pongo un vestido que milagrosamente está entero y giro la perilla de la puerta. El frío de la cerámica del pasillo me arranca un estremecimiento, y cruzo los brazos para calmar los temblores mientras mis ojos buscan el cargador. El reloj de la pared marca las 7:00 a.m. Todo está en orden, a diferencia de mi habitación.

De pronto, una nueva arcada me sacude. Corro al baño, incapaz de contener la urgencia, mientras las preguntas me atormentan. ¿Qué pasó aquí? ¿Qué hice? ¿Qué me hicieron?

Mi mente es un caos; no puedo recordar nada. Intento sostenerme, pero el temblor y el mareo no me lo permiten. Todo lo que siento es un dolor punzante que se apodera de mi cabeza. Mis entrañas se retuercen, aunque no tengo nada que vomitar. Apenas sosteniéndome sobre el inodoro, siento el estómago contraerse violentamente, buscando algo inexistente. Finalmente, el impulso cesa, y me obligo a levantarme, apoyándome en las paredes para llegar al lavabo.

ARRITMIA (N)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora