Hoy han visto a la nueva duquesa de Hastings en Mayfair. Clove
Undersee vio a la señorita Mellark tomando un poco el aire por los alrededores de su casa. La señorita Undersee la llamó, pero la duquesa hizo ver que no la había oído.
Y sabemos que lo hacía ver porque uno tendría que ser sordo para no oír los gritos de la señorita Undersee.
REVISTA DE SOCIEDAD DE LADY WHISTLEDOWN,
9 de junio de 1813
Katniss se marchó de Clyvedon al día siguiente de la partida de Peeta, y se fue a Londres con la intención de volver a Eveedeen House. Sin embargo, volver a casa de su familia supondría aceptar que había fracasado de modo que, en el último momento, le dijo al cochero que se dirigiera a Hastings House. Si necesitaba a su familia la tendría cerca, pero ahora era una mujer casada y tenía que estar en su casa.
Su madre fue la primera visita que recibió.
—¿Dónde está? —preguntó Effie, directamente.
—Mi marido, supongo.
—No, tu tío abuelo Edmund —dijo Effie irónica—. Claro que hablo de tu marido.
Katniss no miró a los ojos a su madre cuando dijo:
—Creo que está atendiendo otros asuntos en una de sus propiedades del campo.
—¿Crees?
—Bueno, lo sé —corrigió Katniss.
—¿Y sabes por qué no estás con él?
A Katniss le empezaron a temblar los labios, a resbalarle lágrimas por las mejillas y, con un hilo de voz, dijo:
—Porque no quiso llevarme con él.
Effie le cogió las manos.
—Oh, Kat—dijo, suspirando—. ¿Qué ha pasado?
—Más de lo que podría explicar.
—¿Quieres intentarlo?
Katniss agitó la cabeza. Nunca, ni una vez en su vida, le había escondido algo a su madre. Siempre lo había podido hablar todo con ella.
Sin embargo, esto no.
Le dio unos golpecitos en la mano.
—Estaré bien.
Effie no pareció demasiado convencida.
—¿Estás segura?
—No —dijo Katniss, mirando al suelo—. Pero tengo que creérmelo.
Effie se fue y Katniss se cubrió el abdomen con la mano y rezó.
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Gale fue el siguiente en ir a verla. Una semana después, Katniss volvió de un paseo por el parque y se lo encontró en el salón, con los brazos cruzados y muy furioso.
—Veo que te has enterado de mi regreso.
—¿Qué demonios está pasando?¡Habla! —exclamó Gale.
No quería explicarle sus problemas a Gale. Ni siquiera quería decirle lo poco que le había dicho a su madre, aunque supuso que ya lo sabía.
—¿Y con eso quieres decir que...?
—Quiero decir —dijo Gale—. ¿Dónde está tu marido?
—Está ocupado en otro lugar —respondió Katniss. Sonaba mucho mejor que «Me ha dejado».
—Katniss... —El tono de Gale iba cargado de advertencia.
—¿Has venido solo? —preguntó ella, ignorando la pregunta.
—Finnick y Marvel estarán en el campo todo el mes, si es eso lo que quieres saber —dijo Gale.
Katniss estuvo a punto de suspirar aliviada. Lo último que necesitaba en esos momentos era enfrentarse a sus hermanos mayores. Sin embargo, antes que pudiera decir algo. Gale añadió:
—Katniss, te ordeno que me digas ahora mismo dónde está escondido ese bastardo.
Katniss notó que enfurecía. Ella tenía el derecho a llamar a su marido como quisiera, pero su hermano no.
—Supongo que cuando dices «ese bastardo» te refieres a mi mando —dijo ella, muy seria.
—Maldita sea, claro que sí.
—Voy a tener que pedirte que te marches.
Gale la miró como si de repente a su hermana le hubieran salido cuernos.
—¿Cómo dices?
—No tengo ninguna intención de discutir mi matrimonio contigo, así que si no puedes guardarte tu opinión cuando nadie te la ha pedido, tendrás que marcharte.
—No puedes pedirme que me vaya —dijo él, incrédulo.
Ella se cruzó de brazos.
—Es mi casa.
Gale la miró y luego miró alrededor, el salón de la duquesa de Hastings, y luego volvió a mirar a Katniss como si acabara de darse cuenta de que su hermana pequeña, se había convertido en toda una mujer.
Alargó el brazo y la cogió de la mano.
—Kat, dejaré que manejes la situación como a ti te parezca mejor.
—Gracias.
—Por ahora —la advirtió Gale—. No creas que dejaré que esta situación continúe así indefinidamente.
Pero no lo haría, pensó Katniss. La situación no podía continuar así indefinidamente. Dentro de quince días tendría la respuesta a todo.
