Capítulo 18

4.5K 646 24
                                        

Cuando despertó, su cuerpo se sentía realmente pesado y adolorido. Su cabeza punzaba con una migraña de muerte y sus manos ardían como si tuviera quemaduras. 

Dejo salir un gruñido mientras se incorporaba en la camilla de la enfermería, viendo cómo Recovery Girl estaba firmando unos papeles. Cuando la anciana notó el movimiento, bajo de su silla y caminó unos pasos hasta que llegó junto a Evelyn.

- Te has sobrepasado bastante. No deberías usar tu particularidad tan temerariamente sin pensar en las consecuencias - 

Un suave tono rosado se posó en las mejillas de la extranjera mientras esquivaba la mirada de la heroína - Lo siento - 

- No te pedí una disculpa, te di un consejo, cariño - Dijo con una sonrisa amable - Preocupaste a tus compañeros, incluso esos chicos vinieron a verte - 

Evelyn volvió su cabeza hacia ella - Disculpe pero, ¿Qué chicos? - Preguntó con voz tranquila, seguía estando realmente adolorida como para exaltarse por las palabras de alguien más.

- El chico con el que siempre estás, Shinsō, y el de los tres grandes, Tamaki - Respondió calmada, observando la reacción de la joven frente a ella antes de regresar a su trabajo luego de revisar unos cuantos detalles de la condición de Evelyn. 

- Ya veo - Asintió, aún estando bastante confundida por el hecho de que alguien mas además de Shinsō hubiera ido a visitarla - Gracias por decírmelo - Dijo con una sonrisa cansada. La heroína le dio una respuesta vaga, y continuó con su trabajo luego de avisarle que podía irse de ahí cuando quisiese, ya estaba bien. 

Evelyn juntó sus cosas, y salió a paso lento de la enfermería, perdida en sus pensamientos. 

Al girar la vista y ver el cartel que decía «Enfermería», recordó un momento que le hizo soltar una risita. 

" Evelyn estaba al lado de su mejor amiga, Karina, y otras tres chicas: Michell Figueroa Gutiérrez, una chica alta y de piel apiñonada, con ojos marrones y cabellos castaños ondulados, Guadalupe Martínez Maldonado, más baja que Evelyn, con cabello corto y chino, y finalmente, Gabriela Herrera Gómez, con pecas adornando su rostro y un gesto alegre acompañando a sus azabaches hebras. 

Las cinco habían sido unidas durante el último año, llevándose bien por una serie de coincidencias que agradecían haber pasado juntas. A pesar de haber tenido malos momentos no hace mucho tiempo, su tensa relación de alguna manera funcionaba. 

Ahora mismo se encontraban de regreso a su salón luego de haber tenido una clase de educación física que salió bastante desastrosa. Siendo sinceras, a ninguna de ellas les agradaba la idea de hacer ejercicio a pleno ascenso del sol, cuando la luz brillaba más y el clima se sentía más caliente y asfixiante. Bueno, a Evelyn le parecía interesante la idea de entrenar su cuerpo. 

Lo que había sucedido fue sencillamente divertido si lo veías desde afuera. Ver cómo su profesor de Educación Física les daba la clase una hora antes del receso parecía ser un espectáculo bastante entretenido para los alumnos de grados inferiores. 

El grupo de cinco chicas estaban cursando actualmente us tercer año de secundaria. Su aula estaba en el segundo piso del edificio frente a la cooperativa. Del lado izquierdo del edificio estaba una cancha que era usada para las clases de Educación Física. Al final de la cancha estaban los salones de laboratorio y taller. Cuando estos terminaban, iniciaba la cancha recién inaugurada, que funcionaba de entrada para los alumnos del turno vespertino. 

Cuando a ellas les tocaba la clase, coincidentemente los profesores dejaban salir unos minutos antes a los alumnos de primer, segundo y algunos de los grupos de tercer grado. No pasaba siempre, pero sí lo suficiente para que se volviera algo recurrente. 

De cualquier manera, su profesor de Educación Física era bastante severo a la hora de su horario de clase. Llegaba siempre al toque de el timbre que indicaba el cambio de hora, y terminaba su sesión cuando este volvía a sonar. No antes, y no después. 

El hombre era apreciado por sus alumnos, pero eso no quitaba el hecho de que sus clases se tornaran aburridas por el calor. Volviendo al tema, Evelyn y sus amigas habían salido como de costumbre, luego de que les hicieran cortarse las uñas para evitar accidentes. 

La política de la escuela era que el uso de particularidades que no fueran físicas o permanentes estaba prohibido. Por ello las clases pasaban de una forma relativamente normal. 

No había mucho entrenamiento que tuviera que ver con las particularidades, por lo que las actividades que normalmente hacían eran jugar partidos de baloncesto, futbol o actividad física como carreras o acondicionamiento ocasional. 

A las chicas de su aula no les parecía muy atractiva la idea de jugar futbol, por lo que el profesor había comenzado a dar baloncesto en busca de crear armonía y bajar el número de quejas por parte de la población femenina. 

Ese día en particular el profesor había impuesto una serie de ejercicios de acondicionamiento. No todos tenían un buen físico o resistencia, por lo que variaba la cantidad de esfuerzo que cada alumno ponía en los ejercicios. 

El grupo de Evelyn se mantenía cerca en cada clase, hablando de temas que salían entre ellas y riendo. Pasando el tiempo de forma agradable. 

Todas parecían sobrellevar bastante bien las actividades que el maestro les ponía, pero ya en los últimos minutos, cuando el adulto les dijo que se pusieran en posición para hacer flexiones, o "lagartijas", Michell, la menos atlética debido a su particularidad, estaba desfalleciéndose. 

Las cuatro estaban riéndose amistosamente al verla trabajar tanto con el fin de mantenerse lo más recta posible (que no era mucho). 

A las risas de las chicas se les unieron sus demás compañeros, ya sabiendo que ella no tenía buena resistencia. 

El profesor parecía no notar cuál era el problema, o lo que ocasionaba las risas de sus alumnos. 

- ¡Profe, ya no sea malo y a déjenos, vea cómo se está retorciendo mi compañera!- no quedó claro quién fue el que lo gritó, pero su voz resonó por toda la cancha, y más risas lo acompañaron.

Michell reía también, divertida de su propia situación. Sus brazos y piernas temblaban y su posición recta había quedado atrás hace mucho. 

El maestro sonrió divertido, por fin notándolo, y sonó el silbato. 

Michell cayó rendida en el concreto, respirando pesadamente y cubriendo sus ojos con su antebrazo para no lastimarse la vista con el sol. 

Sus amigas la rodearon, tomando agua por turnos de la botella de Evelyn, pues era la única a la que le quedaba. 

Cuando el timbre sonó, todos sus compañeros subieron a su aula. Fue así que llegaron a la situación en la que estaban ahora, riendo sin control alguno al punto de tener lágrimas rodando por sus ojos. 

La gota que había derramado el vaso, y había provocado las risotadas de las cinco fue el comentario de Karina, que lo había dicho de la forma más sincera sin saber que realmente sonaría absurdo. 

Estaba tomando un trago de la botella de algún compañero, cuando dijo distraídamente: 

- Si me llego a desmayar por el cansancio, o por una insolación, llévenme a la enfermería - 

Les había causado tanta gracia, por que su escuela evidentemente no contaba con una. Con trabajo y tenían una cooperativa, claramente no tendrían una enfermería."

El recuerdo le seguía haciendo gracia, pero ahora veía lo diferentes que eran los países desarrollados a los que no lo eran.

Sonrió para sí misma con melancolía, recordando cuando las cinco aún se llevaban bien. 

[...]

Puede que este capítulo les parezca un poco (o muy) aburrido, y déjenme decirles que lo entiendo. Pero no lo sé, siento que hacía falta mostrar algunas cosas de como era la vida social de Evelyn en México. Espero que lo hayan leído completo, y si no, no se preocupen en el siguiente capítulo las cosas serán como normalmente son. Gracias por leer y dejar comentarios y estrellas, ¡Me motivan mucho! 
  -Star


Raten [BNHAxOc]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora