Punto de vista de Luisita Gómez
Sentí los brazos de Amelia envolviéndome cuidadosamente, mientras la lluvia caía sobre nosotras. El auto con los hombres se había perdido entre la oscuridad del terreno desierto. Sentí mi cuerpo ser levantado, haciéndome que me sentara.
-¿Luisita? Mírame.- abrí los ojos y mire ese par de ojos tan preocupados.
Aun con la oscuridad que nos rodeaba, mire su cara parcialmente iluminada por las luces del vehículo, viendo las gotas de agua resbalar por su blanca piel. Aun sabiendo que nada de eso era real, que nunca estuve en peligro, me sentía increíblemente segura en los brazos de esa mujer, como si ella pudiera ayudarme a emerger de esa vorágine de mentiras y rencor.
-Todo está bien, ya se fueron.
-Lo siento. – dije casi automáticamente, sin darme cuenta.
Amelia frunció el ceño, juntando las cejas en el centro de su frente. Me miraba con una expresión confundida, pero pronto comenzó a negar con la cabeza. Sentí mi respiración fallar en puro miedo.
-¿Por qué, Luisita?
-Por hacerte pasar por esto, yo... -puse la cabeza en el hueco de su cuello, interrumpiendo mis palabras.
-No tienes que disculparte, Luisita. Te sacare de aquí, ¿está bien? Todo está bien ahora.
Se arrodillo en el piso sucio, con toda su fuerza me levanto, poniendo mis brazos sobre sus hombros mientras rodeaba mi cintura con uno de sus brazos. Camine con ella hacia su auto, el cual estaba en medio del terregoso camino.
Estábamos completamente mojadas y sucias. Amelia abrió la puerta del auto y me coloco en el asiento del pasajero, para después correr hacia el lado del conductor. Gruñí por el dolor por las ardientes heridas en mi boca y ceja, a diferencia de todas las demás, esas eran reales.
Amelia se acomodó en el asiento torpemente, salpicando agua dentro del carro mientras se quitaba la ropa contra el agua que estaba usando.
-Te llevare directamente al hospital, y desde ahí llamare a todos.
Sus manos vinieron a mi cara, deslizando su pulgar delicadamente por mi piel. Ahora tenía una mejor visión de Amelia gracias a la luz que iluminaba el interior del vehículo. Se veía realmente preocupada, lo que solo aumentaba mi carga de culpa. Cerré los ojos, sintiendo las suaves caricias reconfortándome.
-¿Te quedaras conmigo? –le pregunte.
-Voy a hacer mi mejor esfuerzo para que eso pase, Luisita.
Cuidadosamente, estiro el cuerpo, tomando un tipo de abrigo de la parte trasera del auto y dándomelo a mí.
-Ponte esto, hace frió y no es bueno que te quedes mojada.
-¿Qué hay de ti?
-No te preocupes, Luisita. Estoy bien, ¿sí?
Asentí lentamente, aun mirando sus ojos. Amelia tenía una expresión nerviosa y algo cansada. Baje los tirantes de mi vestido rojo hasta mi cintura, quedando solo en sostén. Note sus ojos en mí, pero a diferencia de las otras veces, no mostraban deseo, solo preocupación.
El abrigo formaba parte del uniforme de policía de la mujer, tenía mangas largas y una tela gruesa me calentaba junto con la calefacción que había encendido.
-¿Cómo esta Sebastián?
-Está bien. –dijo sin siquiera mirarme.
Encendió el auto, y condujo alejándonos de ese terreno vacío. El lugar elegido para el rescate estaba alejado del centro de la ciudad, aun teníamos algunos minutos a solas antes de que el alboroto entre la policía y el hospital comenzara.
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Jaque Mate
FanfictionUn juego peligroso, lleno de trampas. Una disputa de poder, dinero y deseo. De un lado del tablero, la oficial Amelia Ledesma, por el otro, la esposa de un magnate, Luisita Gómez. En este juego, sólo uno caerá. ¿Quién tendrá la mejor estrategia? ¿Qu...
