Capítulo 40. Paula Sanabria.

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Punto de vista de Paula Sanabria

"Fenix".

"El Fénix es un ave mítica, un símbolo universal de la muerte y el renacimiento. También simboliza el fuego, el sol, la vida, la renovación, la resurrección, la inmortalidad, la longevidad y lo invencible. De origen Etíope, el Fénix, cuya cola tiene hermosas plumas rojas y doradas, es retratada como un ave sagrada que se levanta de las llamas. Eso es porque ella tiene la capacidad de renacer de sus propias cenizas después de ser consumido por el fuego".

Cerré el libro apoyado sobre mi escritorio, después de leer esas palabras impresas en papel amarillento. Un suspiro dejó mis labios, después de asimilar cada pequeño detalle de ese párrafo que representaba tanto de mí. 

Quité mis anteojos de alto grado, dejándolos en la pila de papeles en la esquina de la mesa presidencial. Tamborilee con los dedos sutilmente, antes de levantar mi cuerpo de la silla y lentamente caminar hasta la librera de caoba en un tono rojizo-marrón en la esquina de la amplia sala. Vertí la cantidad relativa de un Whisky escoces en una copa, luego puse dos cubitos de hielo.

Esa mañana llevaba un peso considerable delante de los planes que tracé después de todo el desastre de hace un año. Hoy sería el día en que todos pudieran ver el renacimiento de lo que soy y aún puedo ser. En el camino de vida que estaba destinado para mí no permitía la creación de espacios para fracasos o derrotas.

Yo había sido creada, y entrenada específicamente para luchar contra lo que se oponía en mi camino. Siguiendo aquellas enseñanzas hicieron que ahora yo, este más viva de lo que muchos podrían estar.

-Disculpe, señora.

Levanté el vaso con Whisky hasta mi boca, dejando que el líquido cubra ligeramente mis labios ahora pintados en un rojo oscuro opaco. Después de sentir el calor que la bebida que causaba en el interior de mi cuerpo, le contesté:

-¿Si?

-La Sra. Ledesma está aquí y desea pasar. - Fueron las palabras de mi secretaria privada, que me arrancó una sonrisa satisfacción.

Di un paso adelante, acercándome al gigantesco ventanal de vidrio que se presentaba ante mis ojos con una amplia vista del horizonte de la hermosa y estructurada ciudad de Zurich. Mi mirada fue hacia el flujo de coches que entraban en el aparcamiento delantero de mi empresa.

Industrias Sanabria.

-Déjala entrar, la estoy esperando.

-Sí señora, permiso.

Cuando me acerqué al ventanal, pude ver parcialmente mi reflejo. Mi pelo estaba todavía largo, descendía como una hermosa cascada en mi espalda, aunque ahora eran una sombra de castaño, trayendo un cambio radical a mi apariencia.

Los colores claros contrastaban perfectamente con el vestido de tubo negro, con mangas ¾ y escote frontal rectangular. La pieza liviana de tela, muy elegante, ajustada en mi cuerpo, trayendo un aire social y al mismo tiempo atrayente. ¿podría decir modestamente cuán exuberante estaba esa mañana? Después de todo, no estaba mal que una mujer se encontrara increíblemente hermosa, ¿verdad? Especialmente, cuando en pocos minutos se convertiría en el centro de atención de cientos de personas que estaban ansiosas en un auditorio gigantesco de aquel edificio.

Esa mañana de otoño, en tierras suizas, dentro del edificio monumental de Sanabria Enterprise, una empresa nacida de las manos del difunto Marcelino Sanabria, se iniciará el nuevo ciclo comandado por mí.

-¿Paula Sanabria?

Escuché la voz ronca y femenina inundando el ambiente, arrancando de mí una sonrisa amorosa. Dejé que el aire que llenaba mis pulmones se escapara por mi boca con un fuerte suspiro.

Jaque MateDonde viven las historias. Descúbrelo ahora