El aire en la dimensión de Bilmek se había vuelto tan denso que casi se podía cortar. Las sombras se estiraban como garras vivas desde las esquinas, susurrando dudas y temores en los oídos del grupo. Daniel mantenía su postura defensiva, con la respiración entrecortada y el sudor frío corriéndole por la frente. Estaban al límite. Las salidas convencionales estaban selladas por la magia oscura; estaban atrapados.
—No vamos a salir de aquí... —murmuró uno de los compañeros, dejando caer los brazos en señal de rendición.
—¡Claro que lo haremos! —interrumpió Daniel, aunque su propia voz traicionaba la tensión que sentía. Miró de reojo a Hikari—. No nos rendiremos ahora.
Hikari no respondió con palabras. Dio un paso al frente, interponiéndose entre las sombras acechantes y sus amigos. El miedo que había sentido minutos antes se transformó en una chispa de pura determinación. Cerró los ojos y llevó las manos hacia su pecho, buscando en lo más profundo de su ser. Sabía que la fuerza física no bastaría para romper los muros de Bilmek. Necesitaba algo más. Necesitaba el cosmos.
«Si no hay una salida... la crearé yo misma», pensó con firmeza.
Al abrir los ojos, sus pupilas destellaron con un brillo cósmico cegador. Una marea de energía dorada y azul plateado comenzó a emanar de su cuerpo, expandiéndose en ondas que hicieron retroceder violentamente a la oscuridad. El suelo de la dimensión sombría tembló, agrietándose bajo el peso de una pureza que jamás había albergado.
Hikari extendió su mano derecha hacia el vacío. Concentró toda la energía de su alma de Ángel Estelar en la punta de sus dedos y, con un movimiento firme, rasgó el aire como si fuera un lienzo de seda.
Un sonido similar al repicar de campanas de cristal resonó en todo el espacio.
Donde los dedos de Hikari habían pasado, la realidad misma se fracturó. Una línea de luz incandescente se abrió de par en par, revelando un vórtice giratorio de estrellas, nebulosas y un destello de libertad. No era solo un agujero en la pared; era un puente directo hacia otra dimensión, un camino de escape tejido con su propio poder. El portal resplandecía con tal fuerza que la negrura de Bilmek comenzó a disolverse a su alrededor, incapaz de resistir la radiación celestial.
—¡Es un portal! —exclamó Daniel, con los ojos abiertos de par en par por el asombro y el alivio—. ¡Hikari, lo lograste!
Hikari, manteniendo el portal abierto con un esfuerzo sobrehumano, giró un poco la cabeza hacia ellos, con una sonrisa cansada pero llena de orgullo.
—¡Rápido! No podré sostenerlo por mucho tiempo. ¡Crucen ya!.
¡Qué despliegue de poder! Esto cambia por completo las reglas del juego para ella de ahora en adelante.
La Carrera Contra el Colapso
El rugido de la dimensión de Bilmek no se hizo esperar. Al verse vulnerada por la luz de Hikari, la realidad oscura comenzó a fracturarse como un espejo golpeado con fuerza. Enormes grietas de vacío negro empezaron a tragarse el suelo, y las sombras, desesperadas por no perder a sus presas, se lanzaron en una marea caótica hacia ellos.
—¡Movámonos, ya, ya, ya! —gritó Daniel, empujando a los compañeros rezagados hacia el portal.
La gravedad del lugar empezó a fallar. Rocas flotantes y ráfagas de viento huracanado de energía negativa golpeaban al grupo. Uno de los compañeros tropezó, perdiendo el equilibrio justo cuando el suelo bajo sus pies se desintegraba. Daniel, con reflejos de acero, se lanzó al suelo, logrando sujetarlo de la mano en el último milisegundo. Con un grito de puro esfuerzo, lo levantó y lo impulsó hacia el vórtice resplandeciente.
—¡Adentro! —bramó Daniel, con la garganta irritada por el polvo cósmico.
Mientras tanto, Hikari permanecía en el centro del caos, con los brazos extendidos. Su rostro reflejaba el dolor del esfuerzo extenuante; hilos de sudor corrían por sus sienes y la energía dorada que la envolvía parpadeaba levemente ante los embates de la oscuridad. Cada segundo que mantenía la brecha abierta se sentía como cargar el peso de un planeta.
—¡Daniel! —alzó la voz Hikari, su voz resonando con un eco celestial pero quebrado—. ¡No queda tiempo! ¡La dimensión se va a cerrar!
Daniel miró hacia atrás. El portal era lo único que brillaba en un universo de absoluta nada destructiva que avanzaba hacia ellos a toda velocidad. Solo quedaban ellos dos.
Sin pensarlo dos veces, Daniel corrió hacia Hikari, la tomó firmemente de la cintura con un brazo y, con una mirada de absoluta confianza, le dijo:
—Cruzamos juntos.
Hikari asintió. En el instante en que sus pies dejaron el suelo para saltar hacia el vacío estrellado del portal, ella soltó el control de la magia.
La dimensión de Bilmek se cerró de golpe detrás de ellos con un estallido sónico ensordecedor, tragándose la última pizca de oscuridad justo cuando el brillo dorado del Ángel Estelar los envolvía por completo, transportándolos hacia la libertad a través del hiperespacio.
El Arribo a Tierra Firme
El viaje a través del túnel dimensional fue un torbellino de luces celestes y velocidad vertiginosa, pero tan rápido como empezó, terminó. Con un destello final, el portal de Hikari se abrió en el aire de la nueva dimensión, dejando caer al grupo sobre un suelo suave, cubierto de un césped fresco que olía a flores silvestres y a tierra mojada.
Daniel cayó de rodillas, amortiguando el impacto, y de inmediato buscó a Hikari con la mirada. La joven Ángel Estelar yacía a su lado, completamente exhausta; el brillo de sus ojos se había apagado y su respiración era agitada, reflejo del inmenso sacrificio que supuso abrir una brecha en el dominio de Bilmek.
—Estamos a salvo... —susurró Daniel, mirando al cielo. Ya no había rastro de la opresión oscura; en su lugar, un firmamento limpio y desconocido se extendía sobre ellos—. Lo logramos, Hikari. Estás a salvo.
Hikari esbozó una débil sonrisa antes de cerrar los ojos para descansar, cobijada por la brisa de ese nuevo mundo. El grupo, aunque magullado y temblando por la adrenalina, comenzó a levantarse uno a uno, contemplando el paisaje que los rodeaba. No sabían exactamente en qué coordenadas del universo se encontraban, pero la paz del ambiente les devolvió el alma al cuerpo.
Sin embargo, el destino no los había llevado allí por casualidad.
A lo lejos, oculto entre la neblina matutina de ese misterioso reino, el eco de unos pasos firmes y elegantes comenzó a resonar. Alguien se aproximaba a los recién llegados. Alguien cuyo linaje real portaba la gracia de la Sultana Gizem y la sangre compartida de los valientes Cem y Can.
El escenario estaba listo para el encuentro que cambiaría el rumbo de su viaje.
FADE OUT (Corte a negro)
¡Fin del Capítulo 27!
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Hikari El Ángel Estelar.
Ficção CientíficaAño 7984 La Ciencia y la tecnología ha tenido cambios y avances Hikari Olsson es una Chica Robot, con sentimientos Humanos es criada por el Doctor Hiroki Olsson Okada cuyo sueño mas grande, es que la Humanidad Logre el avance mas grande del mundo...
