Capítulo 34 - Brunch

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Era una casa de tres pisos pintada en tonos verdes

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Era una casa de tres pisos pintada en tonos verdes. Objetos regados por el jardín frontal daban algunas pistas sobre cómo eran sus moradores: bicicletas rosadas, macetas llenas de flores, pelotas, herramientas oxidadas.

La entrada estaba al centro y conducía al gran salón donde se encontraban la sala, el comedor y la cocina. Al fondo, una puerta luminosa dejaba ver el jardín trasero.

—¡Ada! —exclamó con alegría la mamá de Evan, desde la cocina—. Hasta que al fin venís. Desde hace días le dije a Evan que te trajera, pero siempre tenía excusas. ¡Qué bueno verte! Pasá adelante, no tengás miedo, que no mordemos.

Sonreí. Su calidez parecía sincera. Pero entonces fijó la vista en Evan y, cambiando drásticamente el tono, dijo:

—Hasta que te acordás de que tenés casa... parecés chucho, ni avisás en dónde andás.

Me mordí los labios. Tal vez pude haber dicho algo para evitarle el regaño, pero la verdad, me resultaba gracioso ver cómo su mamá lo sermoneaba.

—Mirá, haceme un favor: bajá las sillas que están allá arriba y, de paso, te cambiás. Vienen visitas y vos en esas fachas... ¿no te da vergüenza?

Cuando terminó de descargar su enojo con Evan, me tomó del brazo y amablemente me condujo al patio, donde estaba el resto de la familia.

Y así, en cuestión de minutos, yo conversaba con el papá, que asaba carne en la parrilla; las gemelas ayudaban a poner la mesa; la madre iba y venía desde la cocina, y el hermano había ido a no sé dónde a comprar algo para beber. Era un caos, pero con muy buena logística.

Me la estaba pasando bien. El papá de Evan era un hombre con muchísimo carisma; sabía cómo hacer sentir a los demás a gusto.

Luego, Zoe y Zandy vinieron a saludarme y ya no se me despegaron. Eran dos niñas alegres y conversadoras, que no paraban de divertirme y sorprenderme con sus ocurrencias. Me dieron un pequeño recorrido por el jardín, mostrándome todas las plantas que Evan había traído de sus viajes.

Evelyn andaba de arriba abajo, apurada con los preparativos, pero sonreía y cantaba todo el tiempo. No había duda de que Evan había heredado de ella el gusto por la música y la comida.

El brunch ya estaba listo, pero los otros invitados aún no llegaban. Así que, para pasar el rato, nos sentamos a la mesa a picar algo de fruta.

Poco a poco me fueron incluyendo en la charla y comenzaron a hacerme preguntas. Me pareció irónico: los burócratas del pueblo, casi no habían logrado sacarme información. En cambio con ellos, yo me sentía segura y libre para responder lo que fuera.

Me fui dejando envolver por las risas y las bromas de aquella linda familia.

Mientras saboreaba aquellos alimentos preparados con amor, me perdí en los empolvados recuerdos de mi propio hogar. Casi se me había olvidado cómo se sentía... pero estar allí me hizo comprender que, al igual que Evan, yo venía de un lugar de amor. Que, bajo las capas y capas de mierda que había ido acumulando con el tiempo, aún tenía un centro suave y cálido que recordaba bien a qué sabía la felicidad.

ADA Y EVAN #PGP2026Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora