Estábamos solos allá afuera, y lo que más nos aterraba era no saber dónde estaba el enemigo. Entonces recordé a Bii. Con discreción, revisé mi brazalete: ella estaba cerca, pues le había ordenado volver. Una voz angustiada brotó del tablero:
—Aquí Lemus. Necesitamos ayuda de inmediato. Johnson está malherido y no creo que pueda soportar mucho tiempo.
No había imagen, solo sonido. Las patrullas debían estar seriamente dañadas. El centro de mando respondió escuetamente:
—Esperen instrucciones.
No pude más. Me sentía tan asustada, tan culpable. Salí con mi arma en mano y sin apagar el motor. También me quité el casco para escuchar mejor. Mi prioridad era mantenerme alerta, evitar que el simio nos sorprendiera. Bii aguardaba sobre mi cabeza, y simplemente la tomé como si no importara.
Fui a donde estaba Phoenix. Él temblaba de miedo y se negaba a abrir la puerta de su patrulla, pero seguí insistiendo hasta que no tuvo más remedio que acceder. Por poco me golpea cuando le quité el casco.
—¿Qué estás haciendo? —chilló mientras yo lo tomaba del brazo para alejarlo de su vehículo.
—Tenemos que ayudar a Lemus y a Johnson —le dije.
—¿¡Estás loca!? Ni siquiera sabemos qué es esa cosa o si hay más. Además, el centro de mando dijo que vendrán por ellos. Solo tenemos que esperar.
—¡No van a enviar a nadie! Acaban de derribar tres drones. ¿Crees que van a arriesgar más? Para ellos esas cosas valen más que nosotros. ¿No te das cuenta de lo que está pasando? Sellaron La Catedral y no la van a reabrir hasta que decidan que es seguro. Y para entonces, ya podría ser tarde.
—¿¡Pero qué podemos hacer nosotros!?
—Vamos por ellos y los llevamos al ingreso oeste. No han reportado amenazas en esa zona, quizá nos dejen entrar por allí.
Estábamos muy agitados. Habíamos hecho muchas simulaciones de situaciones como esta, pero aquello era diferente. Si algo salía mal, no podríamos reiniciar la partida.
—Está bien. Yo voy sola —dije tras reflexionar. Al final, Phoenix no era el causante de aquel lío.
Pedí autorización para ejecutar mi plan. Tal como imaginaba, mis superiores no pusieron objeción. No les importaba lo que pasara con nosotros. En el último momento, Phoenix decidió unirse, y partimos hacia donde habían caído nuestros compañeros.
El mono no estaba por ninguna parte. Tampoco había intentado acercarse más a la colonia o las minas lo habrían volado. Aun así, era muy pronto para relajarse.
Cuando llegamos, encontramos a Lemus con la espalda apoyada en lo que quedaba del vehículo de Johnson. Los dos tenían quemaduras y sangre por todas partes, pero Johnson estaba en una situación más crítica: parte del cristal roto de la patrulla se le había incrustado entre el pecho y el hombro derecho.
Lemus tenía lesiones por todo el cuerpo, pero a simple vista, nada demasiado grave. Recordé que en mi baúl llevaba las provisiones del búnker y corrí a buscar un par de kits de primeros auxilios.
Phoenix y yo movimos a Lemus, y le entregué uno de los botiquines para que se atendiera él mismo.
Luego fuimos donde Johnson para inspeccionar su herida. Parecía muy profunda; casi le había atravesado el cuerpo. La verdad, ninguno de nosotros sabía si era seguro retirar el cristal. Johnson estaba desmayando, pero nuestra presencia pareció darle algo de ánimo porque hizo un esfuerzo para mantenerse consiente. La base nos había abandonado, pero nos teníamos los unos a los otros.
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ADA Y EVAN #PGP2026
Ficção CientíficaLa sociedad de Ada funciona bajo una premisa simple: solo los cuerpos útiles merecen existir. Clasificada como clase B, ella vive bajo vigilancia constante en la Catedral, una ciudad subterránea que promete orden y supervivencia a cambio de obedienc...
