Capítulo 37 - Frío y oscuridad

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—¿Te da miedo decirle a tu mamá? —pregunté, entre incrédula y divertida.

—Vos porque no la conocés. Con las visitas es un amor, pero ya vas a ver ahora que seás de la familia.

Yo también estaba nerviosa. Evan adoraba a su familia y yo quería llevarme bien con ellos.

—¿Les puedo decir que estás embarazada? Eso los va a alegrar. Así lo aceptan más fácil, es algo cultural —sonrió.

No me opuse. Pero apenas nos dejaron hablar. Tal como Evan predijo, sus padres hicieron un alboroto al saber que pensábamos casarnos. No estaban contentos: lo veían todo demasiado abrupto y apresurado. Nos dieron una larga reflexión sobre el matrimonio, el amor, la familia y no sé que más. También me sentí regañada.

—¿Estás embarazada? —me preguntó Evelyn con su mirada inquisitiva de mamá.

Cuando le dije que sí, su actitud fue cambiando. De regaños, pasaron a felicitaciones, consejos, abrazos y palmadas en la espalda. Otra vez estábamos en paz.

Con los abogados fue parecido. Al principio desconfiaron, pero luego decidieron usar nuestra relación como una ventaja.

En cuestión de semanas, nos quitaron los grilletes y me inscribieron en los registros de Tze Kyaq. Nos casamos a inicios de junio, en una ceremonia íntima. Todo fue alegría y buenos deseos.

Rita dio a luz a los pocos días. Su bebé era hermosa.

Me obligaron a cargarla. Al principio no sabía cómo sostener ese cuerpecito tan suave, pero finalmente mis nervios se relajaron. Estaba hipnotizada mirando su piel casi traslúcida, cuando Evan dijo:

—No puedo esperar a que nazca el nuestro —me desarmó. Mi pecho se llenó de ternura—. Dámela, yo también quiero practicar.

La sostuvo con cuidado, meciéndola en sus brazos. Le salía natural.

Aún me costaba creer que fuera mi esposo. Me tenía cautivada. Era tan amoroso, protector, divertido, sensual, aventurero... A su lado, la vida se sentía realmente plena.

—Te traje algo —dijo mi suegra, devolviéndome a la realidad. Me entregó un recipiente con comida.

—La vas a aburrir de los frijoles —comentó mi suegro.

—No, en serio me encantan —dije.

—Es que le gustan al mini yo, que lleva dentro —añadió Evan.

—Ojalá sea una mini Ada —bromeó Zoe—. Vos sos bien feo.

Nos reímos. Era agradable sentirse parte de esa familia. Todo era nuevo y extraño para mí, pero me estaba adaptando rápido. Ellos me hacían sentir bienvenida.

Habíamos conseguido una pequeña casa cerca de ahí, así que nos fuimos caminando.

Caía una llovizna ligera, que los locales llamaban "chipi chipi". Para mí tenía algo casi mágico. Era como frío líquido. Las gotas eran tan pequeñas que parecían no pesar lo suficiente para caer al suelo y se quedaban suspendidas en el aire.

Nos abrazamos más fuerte para caber bajo el paraguas.

—¿Hasta cuándo va a dejar de llover? —pregunté.

—Dos o tres semanas. Nos vamos en cuanto empiece la canícula. ¿Estás segura de que no querés esperar hasta que nazca el bebé?

—No. Angie va a dar a luz en agosto o septiembre. Quiero verla antes.

—Ok, como querás. Ya casi estamos listos. Si alguien pregunta, decís que vamos a explorar. Eso estoy diciendo yo.

—¿Te preguntaron algo?

ADA Y EVAN #PGP2026Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora