¡Qué dramáticos!, pensé, cuando me trasladaron al apartamento que Peter me había conseguido. Estaba en el último piso, en un sector casi desierto (era muy difícil mantener la temperatura fresca allá arriba).
Rojo por todos lados. Los letreros de la entrada: "ZONA BAJO MONITOREO RADIOLÓGICO", "ACCESO CON AUTORIZACIÓN", "PROTECCIÓN OBLIGATORIA". Rojas las luces de los filtros de aire, rojas las bolsas de basura, rojas las canastas de ropa sucia. El símbolo de residuos peligrosos por todas partes. Hasta me dieron ganas de tatuarme el condenado signo en la frente, para ahorrarles algo de trabajo.
El apartamento había sido dividido a la mitad, por un cristal de polímero contra radiación. En mi lado podía moverme libremente y con comodidad. En el otro, mis visitantes debían registrarse, ponerse ropa de protección y desinfectarse con niebla ionizada al entrar y salir.
Peter había movido sus influencias para conseguirme privacidad, pero la colonia necesitaba asegurarse de que nadie olvidara, que yo aún era un riesgo.
—Siéntete tranquila de hacer y decir lo que quieras —dijo Peter cuando nos quedamos solos—. Me aseguré de que no haya cámaras ni micrófonos. Nadie te va a molestar aquí.
—Gracias. No era necesario que hicieras todo esto.
Me observaba con las manos en los bolsillos y el semblante pensativo. Pero de pronto, se acercó al cristal y, con voz suave, dijo:
—Me habría gustado poder hacer más. Si te hubieran buscado como se debía, no habrías sufrido todo lo que sufriste.
—No estuvo tan mal. Algunos momentos fueron realmente hermosos... No sé si lo volvería a hacer, pero tampoco lo lamento por completo.
Recordar los buenos momentos era como, tocar una herida cerrada a medias. Parecía seguro, pero aún dolía bastante. Él dijo:
—Siento que te debo una disculpa. No hice lo suficiente. No estuve allí contigo. Y no hablo solo de tu desaparición... Me refiero a que me alejé cuando más me necesitabas. Después de lo de tu mamá, yo debí...
—No es tu culpa —lo interrumpí—. Yo te alejé.
—Sí, pero solo intentabas protegerme. Ahora lo veo con más claridad. Luchar contra el sistema no es nada fácil. Mírame: mi novia me dejó, mi mamá no me habla, la mitad de mis amigos se alejaron... solo porque les pedí que me ayudaran a buscarte. Eres mi compañera de toda la vida, pero ellos solo se fijan en la clasificación. No pensé que el sistema fuera tan frío.
Enterarme de todo lo que Peter había sacrificado por mi, era como recibir un regalo que no había pedido.
—No quiero que te metas en más problemas por mi culpa —le aclaré—. Estoy bien. Puedo con esto.
(No es mi primera vez, pensé). Respiró hondo y volvió a enderezar la postura.
—No se trata solo de ti —dijo—. También es por Angie. La quiero como a una hermana, y me molesta lo que la reclasificación les hizo a ambas. No puedo quedarme de brazos cruzados.
Me preocupaba Peter, pero él solo estaba intentando hacer lo correcto, y eso no era algo que yo debiera frenar.
—Gracias —le dije—. Lo aprecio mucho.
—¿Sabes qué es lo curioso? Para que te buscaran, cobré muchos favores y toqué muchas puertas. Algunas se cerraron, pero otras se abrieron. Los ciudadanos clase B me han apoyado muchísimo, sin pedir nada a cambio. Es una especie de solidaridad de clase. Y lo interesante es que me he dado cuenta de que son ellos quienes realmente mueven la colonia. No es necesario acudir a los superiores, si se tiene suficientes aliados operativos. Su poder es grande, y me alegra que ellos también lo estén notando.
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ADA Y EVAN #PGP2026
Science FictionLa sociedad de Ada funciona bajo una premisa simple: solo los cuerpos útiles merecen existir. Clasificada como clase B, ella vive bajo vigilancia constante en la Catedral, una ciudad subterránea que promete orden y supervivencia a cambio de obedienc...
