Capítulo 27 - No es su asunto

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"Tze Kyaq" en idioma mam significaba "Palos Rojos"

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"Tze Kyaq" en idioma mam significaba "Palos Rojos". El nombre del pueblo ahora tenía sentido. Los gigantescos troncos rojizos se alzaban por todas partes. Al llegar, no había podido prestarle mucha atención al paisaje, pero desde la ventana de mi habitación podía estudiarlo con más detalle.

Afuera se veía frío y nuboso. Los inmensos árboles formaban largas hileras rectas. Su follaje no era muy denso, pero, debido a su gran altura, pocos rayos de sol lograban alcanzar el suelo. Estábamos en una especie de valle, aunque el terreno no era del todo parejo: subía o descendía en ciertas partes.

Gente iba y venía en los alrededores del instituto. Yo no lograba explicarme cómo todo eso había sobrevivido al apocalipsis, y en total secreto.

La abogada vino poco antes del mediodía. Con lenguaje técnico y una actitud muy formal, me explicó que, según las leyes de Tze Kyaq, cualquier persona no nacida dentro de la comunidad debía ser recomendada por al menos tres residentes para recibir asilo. Evan, la doctora y su esposo estaban dispuestos a iniciar el proceso, pero necesitaba que le diera mis datos personales para hacerlo.

Yo no me sentía cómoda con ella, y ella tampoco parecía cómoda conmigo. Pero como la información que me solicitaba era poca, decidí colaborar.

La abogada terminó nuestra breve reunión indicando que volvería en unos días, cuando tuviera alguna novedad sobre mi caso.

El estómago se me hizo un lío luego de que se fue. Me llevaron el almuerzo y, como moría de hambre, lo devoré sin pensar... pero eso solo empeoró mi malestar. Un terrible dolor me hizo correr al baño, y entonces comprendí lo que me estaba pasando.

Por suerte, la doctora llegó poco tiempo después para tomar las muestras que nos habían ordenado.

—¿Estás bien? —preguntó al ver mi semblante descompuesto.

Titubeé un poco y volteé hacia la habitación de Evan.

—Me vino mi periodo —dije en voz baja.

La doctora comprendió de inmediato. En el acto salió para conseguirme más ropa y lo demás que necesitaba. Cuando estuve cómoda, procedió a tomar las muestras mientras charlábamos.

—Me dijiste que tu último periodo fue el tres de marzo, y hoy es once de abril, o sea que llevabas varios días de retraso.

—¿Ah, sí? —respondí—. Con todo lo que pasó ni siquiera me di cuenta.

—¿Te ha pasado otras veces? —preguntó.

—No, suelo ser muy puntual.

—A lo mejor no es nada, tu cuerpo estuvo al límite —explicó—. La mala alimentación, el estrés, el esfuerzo físico, los cambios de peso... todo eso puede influir. ¿Te duele?

—Sí, mucho —le respondí.

—Te voy a dar algo para el dolor. Si te parece, puedo hacerte un pequeño examen abdominal para verificar que todo esté en orden.

ADA Y EVAN #PGP2026Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora