Encontré una serpiente de cascabel muerta a escasos metros de donde acampaba. Quizás esa fue la primera vez que Ada y Bii me salvaron la vida... no... creo que fue cuando alertaron a mi campamento.
No empezamos con buen pie. Luego de hallar la serpiente, seguí su rastro y me topé con este enmascarado sentado tras unas rocas. Sin darle tiempo para reaccionar, le di un golpe tan duro que cayó al suelo. En cuanto lo tuve bajo control, hice que se quitara la máscara.
Para mi sorpresa, era ella: su cara blanca como la mayonesa, unos grandes ojos grises como de niña, labios y sangre roja debajo de la nariz. ¡Qué acababa de hacer! Me sentí despreciable, aunque en ese momento no estaba muy seguro si tenía enfrente a una mujer real u otra cosa. Era demasiado hermosa y eso me hizo sospechar.
Revisé su mochila rápidamente. Andaba preparada. Todo parecía una trampa. Traté de actuar rápido, pero no quise ser cruel; a fin de cuentas, ella no había hecho nada más que seguirme, e incluso decía haberme ayudado.
La amarré a un cactus pero no muy fuerte, solo necesitaba algo de tiempo para alejarme antes de que ella se soltara.
Ya lejos, me detuve a descansar y revisé con más calma lo que llevaba. Ahí fue cuando la cosa se puso rara. Tenía bastante agua—me sorprendió que aguantara tanto peso—pero lo demás era ropa, algo de comida, un botiquín y una pistolita láser o algo así. Nada para hacer fuego, cazar, cocinar o construir. ¿Qué clase de explorador sale sin eso?, pensé.
No llevaba binoculares, ni radio, ni armas decentes. Solo el brazalete que le había dejado y que hasta entonces, solo había usado para proyectar hologramas. Mi mochila de emergencia tampoco era la gran cosa, pero al menos sabía qué era lo mínimo para sobrevivir. Ella no parecía tener ni idea.
Me había dicho que estaba sola y que no sabía qué hacer. Yo no le creí al principio, pero la evidencia parecía corroborar su historia.
No voy a dar paja, estaba ahuevado. Sentía que en cualquier momento iba a caer en una emboscada. Ya no quise moverme. Busqué un lugar para esconderme y allí me quedé, vigilando a ver qué pasaba.
No pasó nada. Nadie fue a buscarme. Nadie fue a buscarla. Se soltó, agarró su dispositivo y comenzó a caminar casi sin energía. Entonces me entró la curiosidad. Regresé y la seguí por entre un montón de cactus donde se había metido. La encontré en medio de un claro del bosque espinoso, en una avioneta destartalada.
Estaba arrodillada, comiendo pitayas. Sus manos raras temblaban y tragaba sin masticar; el jugo de los frutos le escurría por los brazos y el mentón. Se notaba que tenía hambre, ese tipo de hambre que te convierte en un salvaje de espalda encorvada que gruñe mientras come. No podía estar fingiendo. Estaba sola, asustada, desesperada; la comida apenas le calmaba un poco la angustia.
Después de eso, se durmió o se desmayó, no sé. Supe que no iba a durar mucho sin mi ayuda, y así comenzó nuestra alianza.
Al inicio, la desconfianza era mutua. Yo hasta llegué a pensar que no era humana. Tuve que ir reuniendo evidencias como: bueno, sangra, come, duerme, va al baño (aunque los primeros días casi no lo hizo. Ya me había preocupado, pero creo que fue porque le daba pena).
Yo trataba de ser amable, pero ella seguía distante. En un momento me arrepentí de haberla llevado: era lenta, insegura, me hacía bajar el paso constantemente... Al menos no se quejaba.
Creo que sin querer, comencé a presionarla demasiado, pero ni así se rendía. Yo nada más seguía avanzando, ignorándola, como ella me ignoraba. Era difícil verla como un ser humano; siempre andaba con su máscara puesta.
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ADA Y EVAN #PGP2026
Science FictionLa sociedad de Ada funciona bajo una premisa simple: solo los cuerpos útiles merecen existir. Clasificada como clase B, ella vive bajo vigilancia constante en la Catedral, una ciudad subterránea que promete orden y supervivencia a cambio de obedienc...
