¿El tiempo había pasado muy rápido o yo lo había asimilado muy lento? De pronto, estaba de nuevo en el desierto, sola, perdida.
Había intentado mantenerme concentrada y alerta, pero mi mente, en un intento por protegerme, activó el piloto automático. Eso me dejó llena de lagunas mentales y momentos sin procesar.
No sabía dónde estaba. El cielo estaba cubierto de nubes tormentosas que ocultaban las estrellas que necesitaba para guiarme. Era mi tercera noche afuera y aún no lograba encontrar a Evan.
Las cosas se habían salido un poco de control. El día de la audiencia me trasladaron a pie, ya que la sala quedaba cerca de donde había pasado la noche.
Pero cuando salí al espacio público, varias personas comenzaron a acercarse. No sabía de dónde habían salido ni por qué estaban allí. ¿Acaso era curiosidad por ver al "bicho raro" de la colonia?
Al llegar a la corte, la multitud había aumentado tanto que mis escoltas tuvieron que abrir paso entre la gente para poder entrar.
Para colmo, me obligaron a usar un traje protector porque no había completado la cuarentena. Sentía que me asfixiaba.
Se suponía que sería un proceso normal, a puertas abiertas. Pero al ver a tanta gente, los magistrados ordenaron desalojar la sala. Angie y Douglas tuvieron que retirarse. Peter ni siquiera se presentó. El salón quedó casi vacío. El único rostro conocido era el de Gerónimo.
El procedimiento fue breve. Me pidieron confirmar mi decisión. Respondí con seguridad y firmé todos los documentos. Entonces anularon mi identificación. Desde ese momento, dejaba de ser considerada ciudadana de La Catedral. Si algún día intentaba volver, me tratarían como una intrusa.
Aun así, me sentí más libre que nunca. Gerónimo y yo éramos los más satisfechos en aquella sala. Todos los demás lucían... contrariados.
La salida fue igual de caótica que la entrada. Ni siquiera me dejaron acercarme a Angie y Douglas. Tuvieron que llevarme por pasillos internos para evitar a la multitud.
Cuando regresé a la celda, estaba empapada en sudor. Me quité el traje de inmediato.
Angie llegó poco después. Nos apresuramos a hacer la lista de lo que iba a llevar: ropa, comida, agua, algunos objetos con valor sentimental. Ella se encargaría de preparar mi equipaje.
—¿Dónde está Peter? —pregunté al final.
Ella negó con la cabeza y dijo:
—Dijo que no podía... Esto ha sido muy difícil para él.
—¿Debería decirle la verdad?
—No, no creo que eso ayude. Yo se lo diré, cuando sea el momento. Pero no te preocupes, Gerónimo y yo hablamos con él. No va a intervenir.
Guardé silencio. Era absurdo esperar una despedida perfecta con él; hasta ese momento, nuestros "cierres" jamás habían sido definitivos. Al menos lo había intentado.
La reacción de la gente hizo que mi salida se adelantara, casi con urgencia. Ya no era anónima ni insignificante, y eso les molestaba. Deseaban deshacerse de mí lo antes posible.
Fueron a buscarme antes de lo previsto y me condujeron a escondidas por pasadizos que no conocía. Sentí miedo todo el camino.
Finalmente llegamos a la salida. Allí me esperaba una pequeña comitiva de autoridades, vestidos con trajes protectores. Angie y Douglas me entregaron la maleta, cuidadosamente revisada. Estaba llena de precintos y sellos.
Comenzaron a leer el protocolo. Mi hermana apretaba la mano de su esposo mientras escuchaba. Era un discurso antiguo, lleno de advertencias y amenazas. Yo había elegido irme, pero hablaban como si me estuvieran echando.
ESTÁS LEYENDO
ADA Y EVAN #PGP2026
RomanceLa sociedad de Ada funciona bajo una premisa simple: solo los cuerpos útiles merecen existir. Clasificada como clase B, ella vive bajo vigilancia constante en la Catedral, una ciudad subterránea que promete orden y supervivencia a cambio de obedienc...
