Capítulo 7

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| ÁNGEL |

Se sentía extraña, indecisa, todo parecía contradictorio como en aquellos juegos mentales en los que se involucraban sus pacientes e incluso ella misma en ocasiones, al tratar de entenderlos a su manera tan retorcida y descolocada

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Se sentía extraña, indecisa, todo parecía contradictorio como en aquellos juegos mentales en los que se involucraban sus pacientes e incluso ella misma en ocasiones, al tratar de entenderlos a su manera tan retorcida y descolocada. Su entorno era un completo caos, la tranquilidad parecía estar de vacaciones desde aquella muerte, desde el asesinato de su paciente, ese hombre tan amable y querido por todos, inclusive ella estaba conmocionada por su precipitada muerte cuando solo había compartido unas cuantas palabras rutinarias con él.

La acechaba una presencia desconocida, maligna, en las noches no la dejaba dormir, solo provocaba pesadillas e insomnio, no entendía lo que ocurría con ella, era algo sin sentido racional.

Muy a su pesar, Azriel parecía haber desaparecido de la faz de la tierra, lo que le producía muchas más preguntas y... sobre todo sentimientos de añoranza, algo que no podría ser, era un completo desconocido aunque su alma se conmovía en su presencia, todo en ella era un remolino de sentimientos encontrados al verlo, al fijarse en sus ojos sombríos que brillaban con intensidad, con miles de respuestas a sus preguntas y con promesas encubiertas.

Sus días en esa ciudad eran monótonos, por muy diferente que fuera el ambiente, ella solo iba y venía junto con sus compañeros, en especial con Sara con quien había establecido una buena amistad desde el primer momento. Hablaban de sus vidas, sus temores y aspiraciones, era la amistad sincera que nunca tuvo, y eso le alegra un poco sus días.

Hoy, todo parecía discrepante, el día no podía tornarse más frío y apagado como si premeditará lo que estaba pronto a advenir. Este día las cosas no iban como ella lo esperaba, al llegar al centro médico su jefe y el de todos, le dio la orden de que debía visitar el sanatorio, el Hospital psiquiátrico San Francisco de Tirana, donde debía permanecer hasta el día de mañana, martes.

Sus citas del día y del día siguiente ya estaban canceladas, al perecer todos ya estaban enterados, menos ella. Debía ser un apoyo allí, como una simple practicante o al menos así lo veía, pues su jefe expresamente le repitió que debía hacer un informe detallado sobre el suceso y la lista de patologías que se manejaban en conjunto con el manejo de estas en sus pacientes.

Iría sola... eso le había informado aquel hombre regordete. Ninguno de sus compañeros la acompañarían, solo ella, era raro, pero suponía que eran órdenes de arriba, desde la misma organización por la cual pudo llegar a este país.

En el hospital la aguardaba una habitación, solo por esta noche, ya en la tarde del martes regresaría nuevamente. Además, para su sorpresa, alguien la acompañaría aun cuando su jefe le había dicho lo contrario, él solo dijo que no era nadie del equipo médico por lo que, no lo incluía como compañero, solo era una persona que se había ofrecido en acompañarla, ya que estaba involucrado en una investigación judicial.

No entendía el manejo de esa ciudad, todo se mezclaba, la autoridad pública con la medicina y así, varias áreas que para ella no tenían nada que ver.

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