Capítulo 6

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| A PASOS DE LA MUERTE |

La adrenalina corre por mis venas como brasas ardientes arrasando con todo a su paso

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La adrenalina corre por mis venas como brasas ardientes arrasando con todo a su paso. No me detengo, incluso voy más rápido de lo que debería. Aprieto con fuerza el volante dejando en claro la desesperación, ira e impotencia, me ahogo en el mar de pensamientos de sentimientos nefastos que acabaron rápidamente con mi paciencia.

Prometí que no me dejaría llevar por los sentimientos negativos que me hacen humano, prometí muchas cosas que ahora por su culpa he roto como si no fueran más que juramentos vanos con mi ser. Mi alma me castiga al pensar que quizás hubiera podido perder a la persona que juré proteger con mi vida, a la que la bestia amo desde el primer instante. Trato de controlar mis exhalaciones abruptas, de disminuir la velocidad a la que me dirijo hacia aquella tragedia, me repito una y otra vez que ella está bien, no fue ella, ese ser nefasto no la tocó gracias a mí.

Las luces de las patrullas golpean mi vista reprimiéndome de la luz por unos segundos, a pesar de estar a la totalidad del día, los gritos de desesperación de su esposa e hijos, no tardan en llegar a mis oídos. El dolor que hay en el ambiente me sofoca, la sangre del cadáver no hace más que subir la bilis a mi garganta haciéndole querer escapar casi tan violentamente como la fuerza que aplicaron en aquel cuerpo masacrado. Sus ojos están muy abiertos evidenciando el terror que vivió en los últimos instantes de su vida, los golpes por todo su cuerpo, su ropa sucia y desgarrada, su rostro desfigurado, los múltiples cortes como si se tratara de un becerro, como si su verdugo enfurecido hubiera descargado todo su odio sin remordimientos. No obstante, lo que más deprava, lo que llena de morbo a los ojos curiosos de los oficiales y las demás personas que se encuentran en la escena del crimen, es lo que muy poco se encuentra en un cadáver, una palabra escrita a fuego, a carne viva. Me resulta repugnante y enfermo, leerlo en su frente E imja.

Mía, dejó muy en claro el mensaje que quería transmitir, jactándose de la confusión e ignorancia de todo quien lo lee, pero yo a diferencia de todos sé lo que significa lo que ese asesino, ese ser cruel que no merece ser llamado humano, quiere decir. Se cree muy listo por dejar su trofeo a tan solo unos metros de donde ayer me encontraba con ella, la mujer que solo necesitó un instante para que su voz, su imagen, su belleza, sus encantos de mujer se repitan una y otra vez en mi cabeza. Con acecharla, hacer que su dulce corazón quiera escapar lejos de su maldad, de la sombra cobarde que se esconde en la oscuridad. Él cree que no me di cuenta, que no vi sus huellas, su contextura semejante a quien intento llevársela en el accidente, cree que no sé qué la quiere. No dejaré que le haga daño, que le toque siquiera un cabello, no descansaré hasta descubrir su identidad y enviarlo al lugar donde su espíritu se ahogue eternamente, aun cuando dudo que lo posea.

El cadáver putrefacto es llevado a donde pertenece junto a los suyos, los muertos que ya no hacen parte de este mundo terrenal. El señor Berberí es llorado y lamentado tanto que me hace pensar que su alma no descansará jamás. Sigo la caravana de coches que se ha formado, dispuesto a ir hasta el mismísimo infierno por atrapar al asesino. Sin embargo, mi mente se desvía de aquellos pensamientos vengativos que solo envenenan mi alma protegida por el lobo, pienso en esos ojos enigmáticos, en su alma inocente que ha sucumbido los escudos del animal, su recuerdo me ahoga, me sofoca, me apuñala, el destino es cruel e insensato al hacer que desee a alguien que quizás no podré tener.

Enigma De SangreDonde viven las historias. Descúbrelo ahora