23. Guerra declarada, sirena mojada

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Era hora del descanso. Volvía a ser lunes, un horrible y aburrido lunes. Tonia me estaba contando todo sobre el partido de futbol que me perdí y que habían ganado, desde el viernes no habíamos podido hablar, pues yo estaba ocupada con Coral y ella tenía que celebrar el cumpleaños de su mamá.

Pasó alguien que la tenía en la vista y no recordaba su nombre.

- Tonia... - le susurré interrumpiendo su larga narración - ¿quién es ella?

Mi amiga siguió la trayectoria de mi vista y miró a la misma chica, volvió la mirada hacia mí y frunció el ceño.

- ¿no recuerdas? - negué con la cabeza – es Nicolle Courton de la que se dicen rumores que fuma en los baños. De seguro va para allá

Mire a Nicolle minuciosamente para asegurarme que era ella. Si lo era. Vi su camiseta. Estaba mojada.

- ¿y si la seguimos? - le pregunté a la mexicana levantando ambas cejas para hacerlo parecer como una travesura de adolescentes.

- aunque sea tentador - repuso Tonia esbozando una sonrisa picara - no me gustaría matar neuronas

- vamos... - rogué juntando mis dos manos y mirándola como lo hacen los señores Jones cuando quieren salir a pasear - solo será un momento

- bien. Te acompañaré, pero no entrare

Seguimos a la chica de anteojos hasta los baños, entramos detrás de ella o más bien, solo yo entre. La puerta de un cubículo se escucho cerrarse. Yo recordaba cual era: el tres.

Sigilosamente me acerqué. Me paré frente al cubículo y me puse de rodillas, y la vi. Vi su cola. Me puse de pie de un salto y me aseguré de que no haya nadie más en los baños y así fue. Cerré la puerta de este y volví al frente del cubículo donde se encontraba Nicolle Courton. Toqué tres veces la puerta metálica.

- ¿quién es? - se escuchó desde adentro.

- disculpa, es que me pareció que un pez se salió del agua - ironicé con algo de brusquedad en mi voz, no obtuve respuesta de ella, solo que después de algunos segundos abrió la puerta y salió mirándome mal.

- ¿cómo te enteraste? - espetó a lo que yo reí, divertida - ¿qué es tan graciosos, sirena?

No paraba de reír, pero me obligué a hacerlo, respiré tres veces antes de hablar.

- eso... - la señalé por completo - que digas "sirena" cuando tu también lo eres…

- ¿de qué hablas? - se hiso la tonta y yo volví a reír, esta vez más fuerte.

- ¿podemos saltarnos esta parte? Tu harás como si no sabes nada, pero al final dices la verdad, ¿no es eso, Nicolle? O es que también tu nombre es inventado - me crucé de brazos y me apoyé en los lavamanos mirándola juguetonamente.

- ¿qué es lo que quieres, Brisa? - preguntó apretando la mandíbula y los puños a los costados.

- nada, solo que te vayas - me encogí de hombros retándole importancia, aunque solo era para molestar a la sirena vigilante, y me estaba divirtiendo haciéndolo.

- lo siento, pero no puedo - contestó cortante haciéndome fruncir el ceño - no puedo irme, Poseidón me mandó aquí para vigilarlos y si regreso sabrá que me descubrieron.

- entonces... - sonreí con malicia, como el gato rosado y morado de una película que Coral me hiso ver - no le dirás nada sobre Noah, Connor o yo, o si no yo misma iré a decirle a Poseidón que una sirena "se escapo"

- ¿qué hay de tu hermana? También se lo puedo decir

- lo sé, pero creo que el castigo más fuerte te lo llevarías tu, pues... hasta ahora no sé lo has dicho. ¿Qué dices? ¿Tenemos un trato?

Atrapada entre dos mundosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora