Diario

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Las fuertes pisadas hacían eco en la gran bodega abandonada que ahora funcionaba como escondite para los encapuchados rebeldes.

-¡Reiner!-

El rubio se levantó del gran sofá al escuchar su llamado, por fin su informante de confianza traía nuevas noticias.

-Y bien ¿Qué descubriste?-

El hombre respiró un par de veces antes de hablar, se notaba agitado por lo que dedujo que había volado rápidamente.

- La llevó a una cabaña apartada de la ciudad, prácticamente es un sitio aislado a excepción de un pequeño pueblo a un par de millas de distancia-

Volvió a tomar asiento escuchando atentamente al informante

-¿Concreto su plan?-

-No tuvo las agallas para hacerlo- escupió molesto el recién llegado

Reiner asintió tranquilamente, él ya precipitaba la manera en la que Jaeger actuaría.

-¿Pudiste ver algo más? -

-No, lo lamento-

-¿Ni siquiera la daga?-

-No, pero estoy seguro que en ese lugar la resguarda -

Lo miro interesado

-¿Por qué lo crees?-

-Bueno, la llevó a aquel lugar apartado para concretar su plan, de eso no hay duda - acarició su barbilla- Quería aislarla para evitar mayores conflictos y la única arma con la que se puede efectuar dicho crimen es la daga que hasta donde sabemos no está en el instituto...-

- Continúa-

- Por ende, la daga debe estar resguardada en el sitio donde sería asesinada-

- Suena lógico, en verdad eres todo un cerebrito - suspiró divertido- Me temo que haremos una visita inesperada a esa cabaña-

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Eren había partido al pueblo en busca de un nuevo seguro para la ventana averiada por el viento la cual había sido cubierta con una gran manta para evitar que el frío entrara por completo al recinto.

Todos los sábados por la mañana Mikasa solía salir a correr en el instituto y en su hogar realizaba algunas rutinas de ejercicio sin embargo éste día sería diferente. La llovizna y el frío le impidan salir a trotar por las grandes praderas y no le apetecía ejercitarse dentro de casa así que decidió descansar de su vieja rutina.

Tan solo habían pasado veinte minutos desde que Eren partió y ya se había aburrido, no podía ni siquiera jugar con el móvil porque dicho lugar carecía de energía eléctrica, menuda mierda, su batería tenía menos del 15%.
Recorrió de nuevo el pasillo lleno de antiguos óleos. Cada uno de ellos tenía a ángeles como protagonistas, algunos eran exquisitamente embriagadores al plasmar a aquellos seres superiores llenos de belleza y luz, en contraposición a otros cuadros que plasmaba la desesperación y rencor en el rostro de los seres alados.

Suspiró aburrida recostandose en uno de los sofás provocando que el polvo saliera de en medio de los cojines. El sitió estaba hecho un asco y no se había percatado de eso ayer debido a la oscuridad de la noche.
Los muebles parecían sacados de una tienda de antigüedades. Decidió limpiar el lugar, al menos eso la mantendría ocupada en lo que esperaba la llegada del ojiverde.

Con un paño húmedo recorría la fina y vieja madera, no le sorprendió encontrar polilla en los muebles y algunas telarañas en las esquinas de los mismos. Miraba fascinada algunas de las estatuillas que decoraban la gran vitrina de la sala, algunas eran tan viejas que parecían ser hechas de barro, otras tenían un estilo griego y algunas más parecían haber sido importadas desde un país oriental. Al parecer Eren era un férvido coleccionista de antigüedades, eso explicaría el porque decidió comprar la cabaña.

Instituto Titán [EreMika]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora