Caos

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Las manchas carmesí impregnaban los suelos de lo que antes era el hogar de Mikasa. El techo había sido perforado más de una vez y los escombros se esparcían por los alrededores.
La preocupación recorrió cada fibra de su cuerpo al notar de cerca el panorama.

—Se los llevaron— susurró Erwin recogiendo una pequeña navaja impregnada de sangre angelical— Levi les dio lucha... —

Eren mantenía su mirada perdida en la que solía ser la cama de la pelinegra.

— Eren— llamó intentando captar su atención — ¡Jaeger!— sacudió sus hombros — Concéntrate, aún estamos a tiempo de encontrarla —

Asintió liberando aquellas lágrimas que había retenido desde que se enteró de su rapto. Ambos hombres siguieron el rastro de sangre mundana teñida sobre la duela del suelo hasta el borde  de las escaleras del ático.

—El rastro termina aquí — Erwin miró el techo observando el socavón justo encima de su posición — Supongo que de éste lugar se llevaron a Levi mal herido — apretó con fuerza la pequeña arma en su puño —Da un vistazo arriba, iré a investigar en la planta baja— ordenó apartándose de su lado

El ojiverde subió las estrechas escaleras cuya vieja madera crujía a cada paso que daba. Con forme se acercaba a la entrada podía percibir con mayor claridad la peculiar esencia angelical de Armin, su corazón se acelero abrumado por la preocupación derribando de un solo golpe la puerta encontrando un panorama abrumador.

Los grandes espejos estaban hechos añicos e impregnados con sangre, la duela había corrido con la misma suerte. Si la presencia de su amigo se encontraba en aquel sitio repleto de sangre plateada, significaba que él había protegido a Mikasa de los intrusos.
Un ligero movimiento  captó su atención, sus orbes esmeraldas vislumbraron la peor de las escenas que un ángel podía presenciar ... un ala celeste se retorcía en los suelos impregnados del peculiar líquido argentado. 

— Armin...—miró con horror los espasmos de aquella ala que buscaba reconectarse  de nuevo con desesperación a su dueño.
Todo estaba mal, jodidamente mal.

— ¡Eren!— llamó Erwin desde el fondo de las escaleras —¡Tienes que ver esto!—

Con el mayor de los cuidados envolvió el lastimado plumaje entre sus brazos, si encontraba a Armin tal vez habría alguna esperanza de sanarlo antes de que fuera demasiado tarde.
Bajo con lentitud las escaleras aún sin procesar del todo la situación, se sentía abrumado e incompetente. No solo Mikasa se encontraba en peligro, ahora Armin también estaba en las garras de la muerte por su culpa.

Los iris celestes le miraron descender llenos de asombro.

—¿Es de Armin?— preguntó señalando el plumaje celeste entre sus brazos

— Sí...— su voz carecía de fuerza, estaba seguro que se soltaría a llorar desquiciadamente en cualquier momento.

— Lo lamento—

Eren abrazo con mayor fuerza el singular plumaje. Armin siempre había estado a su lado, era su brújula al momento de actuar, era un hermano para él. Se negaba a creer que estuviera muerto, si el ala continuaba retorciéndose era porque su antiguo portador seguía con vida, en malas condiciones, pero aún mantenía la esperanza de hallarlo a tiempo antes de que la locura carcomiera su mente. Armin era fuerte, incluso más fuerte que él mismo, sabía que lucharía para seguir en pie.
Tenía tantas cosas que decirle, deseaba disculparse por la forma en que lo trató la ultima vez que lo vio.

 —Creo que te esperan en otro lugar...— Erwin le entrego una pequeña nota que había encontrado volviendo a examinar la habitación de la azabache.

Instituto Titán [EreMika]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora