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Alzó la barbilla y se obligó a mirarlo a los ojos.

—Algún día lo lamentarás —dijo con calma—. Un día despertarás y te darás cuenta de que arrojaste por la borda un tesoro. Espero, por tu bien, que ese día no tarde demasiado y que consigas encontrar la felicidad que tan decidido estás a negarte a ti mismo y a quienes te rodean.

Con cierta dificultad, y el corazón destrozado por el dolor, se dio la vuelta. Aferró con fuerza los papeles que había querido enseñar a Erick y se marchó con ellos pegados al pecho. Él no hizo el menor gesto por impedírselo y ella supo que no lo haría. Se quedaría allí, encerrado en su refugio, hasta que se hubiera marchado. Lentamente subió hasta el dormitorio. Sacó una maleta y empezó a guardar su ropa dentro.

—Señora Colon, ¿necesita algo?

____ (tn) se dio la vuelta y vio a la doncella junto a la puerta, con expresión perpleja.

— ¿Podría pedirme un coche que me lleve a la ciudad? —preguntó—. Estaré lista en quince minutos.

—Por supuesto.

____ (tn) volvió al equipaje, empeñada en no desmoronarse. Sobreviviría. Había sobrevivido a cosas peores.

Una vez terminado el equipaje se concentró en las hojas que contenían toda la información sobre Eric. Aunque Erick y ella ya no estuvieran juntos, no permitiría que ese niño permaneciera a cargo del estado, entrando y saliendo de familias de acogida.

Cerró los ojos y suspiró. Resultaría mucho más sencillo con el dinero y el poder del apellido Colon. Lentamente, abrió los ojos y frunció el ceño. A lo mejor no tenía el dinero, pero sí el apellido. En efecto, Erick había dispuesto cubrir sus necesidades en caso de divorcio, pero nadie sabía cuánto tiempo tardaría en poder hacerse con el legado. Necesitaba dinero de inmediato. Eric no podía esperar.

Se dirigió al vestidor y buscó el collar y los pendientes de diamantes que Erick le había regalado para la boda. Con la punta del dedo acarició las brillantes piedras mientras recordaba cómo él había abrochado el collar alrededor de su cuello. Entre el anillo de pedida, el collar y los pendientes reuniría dinero suficiente para vivir hasta conseguir el legado dispuesto por Erick.

—Señora Colon, el coche espera.

____ (tn) cerró la maleta y sonrió a modo de agradecimiento. Contempló por última vez la habitación que había compartido con Erick y luego bajó las escaleras.

Una vez dentro del coche, dio instrucciones al conductor para que la llevara hasta el aeropuerto. No tenía tiempo de pedir que le prepararan el jet de Erick, aunque no sentía ningún remilgo en usarlo. Pero no quería quedarse en aquel lugar más de lo estrictamente necesario. Tomaría el primer vuelo que saliera de la isla y se dirigiría a Nueva York, para ver a Bella y a Marley. Después rezaría para que ellas le ayudaran a salvar a Eric.

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—____ (tn), ¿qué demonios haces aquí? —preguntó Bella mientras arrastraba a ____(tn) al interior de la casa—. ¿Sabe Erick que has venido? ¿Ha venido contigo?

____ (tn) tenía un nudo en la garganta. Pero no iba a echarse a llorar otra vez.

—¿Qué ha pasado? —Marley apareció detrás de Bella con una expresión de simpatía en el rostro.

A pesar de su resolución, ____(tn) estalló en llanto. Bella y Marley la condujeron al salón.

—¿Están Jonathan y Jack aquí? —consiguió preguntar entre sollozos.

—No, y tardarán un rato en venir —dijo Bella—. Siéntate antes de que te desmayes. Pareces agotada.

____(tn) se sentó en el borde del sofá mientras sus cuñadas la contemplaban inquieta.

Aventura Secreta Erick Brian ColonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora