Lucian Ravensfield
El crucero atracó en el puerto de la ciudad de Londres durante la tarde. La última semana a bordo había terminado y era momento de iniciar con lo que habíamos venido a hacer.
Aren y yo nos preparamos para descender del barco lo más rápido posible. Después de todo, era un lugar de alto riesgo para ambos, pues como ella ya había dicho, estábamos en una de las bases principales de las Aves Rapaces. Ambos empacamos nuestras maletas rápidamente y nos dirigimos a la zona donde se ubicaba la escalera para entrar a tierras londinenses.
El aire movía tanto mis cabellos como los de Aren. Sin embargo, su cabello rojo la hacía ver como si estuviera en llamas. Resultaba cautivante y hasta hipnótico. El tan solo observarla lograba que una sonrisa apareciera en mi rostro.
Después de mirarla por unos instantes, desvié mis ojos al punto donde nuestros cuerpos se entrelazaban. Su mano estaba unida a la mía y era una sensación tan placentera que no deseaba borrarla nunca.
Algunos pensarán que se debía a que debíamos mantener la mentira que nos habíamos montado en el puerto de Nueva York, no obstante, la realidad era aún más compleja que eso. Después de haber estado con Aren, las cosas cambiaron entre nosotros y al menos para mí, habían mejorado.
Ella no volvió a encerrarse detrás de sus máscaras y pude conocer una parte oculta de la hermosa pelirroja. Aren era humana, lo cual resulta obvio, no obstante, lo era en un alcance mucho más profundo que tener la misma biología de todos. Todo el tiempo la había visto como alguien irrompible, alguien que trascendía de las emociones más comunes del resto de los humanos. La realidad es que ella no era así, experimentaba lo mismo que nosotros, aunque intentara ocultarlo. Aren podía sentir ira, dolor, placer...
Realmente nunca hablamos de lo que ocurrió entre nosotros, pero no me molestaba. La mirada de esos sexys ojos era todo lo que necesitaba para saber que estábamos bien.
Continuamos con nuestra rutina de todos los días. Llegar a las comidas, observar los espectáculos nocturnos, entre otras cosas. La única diferencia con al primera semana, era que no necesitamos fingir.
Yo le dedicaba piropos y ella se encargaba de darme un suave empujón con fingida molestia, lo cual sabía gracias a la leve sonrisa que luego aparecía. De igual forma, me encargaba de robarle besos, aún cuando nadie nos observaba. En algunas ocasiones, me asustaba pensar en lo que podría pasar si alguno de los dos desarrollara sentimientos por el otro. Aquel pensamiento, aunque resultaba hermoso por una parte, también era preocupante. No olvidaba la situación en la que estábamos y las posibles consecuencias que podría traer. Pero eso no era lo más preocupante y era justo eso lo que me permitía no sucumbir ante el miedo. Aren ya mostraba suficiente terror por los dos. Siempre que le sacaba una sonrisa, luego de unos segundos, la veía desvanecerse y era intercambiada por una mueca que no me gustaba para nada. Ella dudaba.
De un momento a otro, el sonido estruendoso del barco, avisando que podíamos bajar, me sacó de mis pensamiento.
—Vamos, tenemos que apresurarnos para llegar al distrito más apartado de la zona histórica—
Aren soltó mi mano para tomar dos de las maletas y un vació se instaló en mi pecho. Sin embargo, para mi sorpresa, Aren volvió a unir nuestras manos una vez que tuvo bien sujeto el equipaje. No pude evitar sonreír ante el gesto, el cual ella no vio, pues ya estaba tirando de mí para bajar.
La ciudad de Londres nunca me había gustado. Era un gran lugar para visitar y conocer, no obstante, el clima siempre nublado le daba un toque de tristeza. A la larga, el sentimiento podía atraparte. Por esa razón, sólo venía para hacer tratos referentes a mi empresa o para unas cortas vacaciones.
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Aves Rapaces
AçãoAren vive en la oscuridad y el silencio como un alma en pena. Ha conseguido su mayor deseo, pero no es como hubiera esperado. Después de todo, no sabe que hacer con esta nueva y tan ansiada libertad. Pero, ¿quien lo sabría?, cuando lo único que sie...
