¿Por qué empecé a admirarlo a él?
Él no es bueno, él es considerado un pecado en mi religión.
Él no tiene escrúpulos, no tiene hogar, no tiene una familia.
No sabe amar, o al menos eso decían.
Sabía en lo que me estaba metiendo cuando lo liberé.
S...
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— Oremos por aquellas almas que han sido desviadas del camino de Dios, oremos para que vean la luz...
Siempre las mismas palabras.
Diario es lo mismo.
No hay nada nuevo.
Mi mente se desconecta de si misma, no quiero estar aquí, no más.
—Hoy empezaremos un nuevo proyecto para acercar a las personas a Dios, a aquellas personas que se mantienen lejos de su fé, y misericordia. Empezaremos a promover platicas sobre nuestra religión, en hospitales, cárceles...
—¿Cárceles?—Digo de golpe interrumpiendo a quien esta hablando, logrando que todos me miren—Lo lamento.
—Si, cárceles—Me sonríe amablemente.—Empezaremos platicas de 10 a 12 los domingos, y lunes en las cárceles, y hospitales que nos han autorizado.
—¿En que hospitales serían?—Pregunta una mujer.
—En el hospital luz, en el hospital central, hospital buena vida, y el hospital blanco.
—¿Y que cárceles serían?—Me atrevo a preguntar con vergüenza.
—La prisión central, la prisión de nueva villa, prisión roja, y la última sería la prisión de la paz.—
Mi corazón se acelera, la prisión de la paz; es donde está él.
Muchos se sorprenden, tienen miedo de ir ahí.
—Nadie quera ir ahí.
—Ni yo iría.
—Yo iré a la prisión de la paz.—Digo con seguridad, y todos me miran al instante.
—¿Está segura, señorita?
—Si, estoy muy segura, todos merecemos la luz de Dios.
Aplausos, todos me aplauden.
Si supieran la verdad, me sacarían de aquí.
Y nunca los volvería a ver.
...
—Hija... ¿Estás segura de hacer eso?—Madre me mira con preocupación.
Y eso me hace sentir mal.
—Cállate, Lucía. Si tu hija quiere ir a predicar la palabra de Dios déjala, tiene que hacer algo con su vida.
Claro que lo haré.
Me iré de aquí.
...
Mi corazón late con fuerza, después de dos años lo veré.