Eirian.
No, Dahn no podía ser...
—Eirian. Salgamos a caminar.
Asentí perdida, con la mirada busqué al pelirosa pero al parecer Dahn lo había corrido de la casa.
—¿Quién es?—Pregunté sin quererlo guardar más.
—Él fue...—Guardo silencio durante un tiempo.—Mi primer amor, si es qué se puede llamar así.
¿Su primer amor?
—¿Tu primer amor?—Susurré, entrecortada, con un hilo en la voz.
¿Él era su primer amor?
—Mmm.—Hizo un sonido de afirmación.—Aunque esa mierda fue todo menos amor.
—Así qué...—Lo imité guardando silencio sin saber cómo continuar, más bien sin querer continuar, tal vez su respuesta rompería aún más mi corazón.—¿Tú? O sea... ¿Te gustan los hombres?
—Sí, pensé qué lo sabias desde qué me encontraste besándome con un hombre en la calle.—Otra vez volvió a guardar silencio, tal vez pensando qué había sido muy tosco en su respuesta.
—Ah, pensé qué... No lo sé, no sé qué pensé.
—Niña.—Me llamó pero intenté ignorarlo comenzando a caminar lejos de él, mirando el cielo nublado.
Me abracé a mi misma al sentir una ráfaga de aire helado, los pasos de Dahn se seguían escuchando detrás de mí. Solo quería huir, nuevamente. Huir y olvidar todo lo qué habíamos pasado.
—Eirian.
Finalmente me detuve, me giré a mirarlo esperando a qué dijera algo, pero no fue así.
—¿Qué soy para ti, Dahn?—Lamí mis labios con nerviosismo.—Digo... Pasamos cosas juntos y llegué a pensar qué gustabas de mí.
Solo me miró en silencio.
—Pensé que te gustaban las mujeres.
—No, no me gustan las mujeres, Eirian.—Desvíe la mirada hacía el suelo pero sus siguientes palabras me hicieron volverla a elevar hacia su rostro.—Solo me gustas tú.
—¿Que?—Dije, sin poder creer lo que acabo de escuchar—No juegues ahora, Dahn. Es doloroso para mi, ¿sabes?
—Lo se, lo entiendo—Me respondió caminando hacia mi—Se que es doloroso para ti, Eirian. Gracias a ti, ahora no puedo jugar con esto.
—¿Lo haces? ¿De verdad gustas de mi?
—Lo hago, no se como, pero...
Mis ojos conectaron con los suyos, pude sentir su respiración golpear contra la mía, no transcurrió mucho tiempo cuando sus manos me atrajeron hasta su cuerpo; hasta el punto en el cual nuestros labios quedaron a centímetros de distancia.
—¿Pero lo extrañas?—El hilo en mi voz es evidente, me duele, de verdad me duele.
—A veces...—Se queda callado pensando en cómo continuar.—A veces cuando abría los ojos aún tenía la esperanza de verlo a él a mi lado...
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Pecando Entre Sangre.
Romance¿Por qué empecé a admirarlo a él? Él no es bueno, él es considerado un pecado en mi religión. Él no tiene escrúpulos, no tiene hogar, no tiene una familia. No sabe amar, o al menos eso decían. Sabía en lo que me estaba metiendo cuando lo liberé. S...
