Capítulo II: Suposiciones y misterios

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Elizabeth

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Elizabeth

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Durante el regreso a casa, ninguna se atrevió a hablar sobre lo ocurrido. Permanecimos en un silencio desesperante, recordando las terribles muertes y afrontando la impotencia de no haber hecho nada para ayudarlas. Tengo muchas preguntas respecto a lo ocurrido, pero veo los ojos de mi madre aún llenos de lágrimas y prefiero guardar silencio por un momento más.

Presenciar no uno, sino cuatro muertes es sin duda traumático, sobre todo al tratarse de mujeres inocentes que fueron acusadas y tratadas cruelmente. Pero ciertamente, conociendo las falsas creencias de la gente del pueblo, si hubiésemos intervenido nos habrían acusado de brujas solo por ponernos de su lado e intentar frenar sus "castigos".

Me centré solo en mis manos pálidas, que sujetan las cuerdas de la yegua blanca sobre la que estoy montada. No me siento capaz de observar el alrededor, ni mucho menos presenciar el dolor de mi madre, ya que vio a una conocida morir quemada en manos de seres sin piedad alguna.

—Yo la conocía —ella rompió el silencio de repente, levanté mi mirada y la observé —. Ella me ayudó a cuidarte cuando apenas eras una bebé, ella nos ayudó a mí y a tu padre cuando llegamos por primera vez a este pueblo.

—Lo siento mucho, mamá —fueron las únicas palabras que salieron de mi boca; recordé el rostro y los ojos azules de esa mujer y sentí profunda tristeza. ¿Cómo pudieron acabar cruelmente con la vida de esas mujeres y celebrar por ello? ¿Acaso no sienten compasión?

Toda esta situación me dejó con una amargura inigualable, será un acontecimiento traumático que nunca olvidaré.

—Déjame decirte, Elizabeth, que lo que la gente cree no siempre es cierto... Las brujas no son malas, así que no hagas suposiciones erróneas. Cuando juzgan a una mujer de brujería las castigan horriblemente, pero ellas no hacen nada malo, muchas han esparcido su bondad porque esa es su labor en el mundo, que las corrompan es otra cosa —dijo con tranquilidad y miró el cielo. Sus palabras retumbaron en mi cabeza abriendo nuevas interrogantes...

—¿Pero tú cómo sabes eso? —le pregunté y fruncí el ceño, acerqué un poco mi yegua hacia ella para escucharla mejor pero nuevamente el silencio se hizo presente —. Desde muy pequeña me has hablado de seres mágicos que abundan en todas partes, pero nunca he visto a uno, tú y mi padre me han dicho que son solo historias... ¿Tú crees en las brujas?

No obtuve respuesta de su parte y continuamos avanzando camino abajo, de regreso a nuestra casa. Pasamos al lado del pequeño riachuelo congelado y cruzamos por el puente de piedra que lo atraviesa, llegando así a nuestro pequeño hogar construido de adobe y madera, que se ubica un poco distante al resto del pueblo.

La puerta principal que lleva directamente a la taberna, nuestro pequeño negocio familiar, se encuentra cerrada así que nos dirigimos hacia los establos y entramos por la puerta trasera luego de haber dejado a los animales encerrados en su respectivo corral.

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