Su mundo solía ser tranquilo y hermoso junto a los que la rodeaban, pero la oscuridad ha arrasado con todo dejando su alma vacía y su corazón destrozado.
Cuando intenta ser fuerte ante tal desgarrador suceso, su espíritu pierde la esencia que la ca...
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Elizabeth
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Alguien sacudió mi hombro en un intento de levantarme, pero preferí envolverme aún más en mi cálida manta y dormir por unos minutos más.
—Hija, ya es momento de levantarse —mi madre tiró de la tela que cubría mi cuerpo dejándome expuesta al frío insoportable de la mañana.
—Pero, pero quiero dormir más —repliqué y abrí un poco mis ojos encontrándome con la silueta borrosa de ella. Parpadeé unas cuantas veces y luego me senté sobre el colchón bostezando —. Odio madrugar.
Me sonrió y negó con la cabeza mientras yo estiro mis brazos hacia arriba y bostezo nuevamente.
—Ya son pasadas las nueve de la mañana, ya dormiste suficiente —ella se arrodilló a mi lado y acarició mi mejilla con delicadeza, sentí un cosquilleo en mi cuello y sonreí ante el tacto de sus dedos fríos. Noté que lleva puesto su brial de tela verde, que consiste en una prenda larga que se ajusta a su cintura gracias a un cordón y posee un escote redondo lo que la hace ver realmente bella. Su cabello negro está suelto e impecable, a diferencia del mío que es todo un deastre.
—¿Por qué estás vestida así? —pregunté confundida, ella solo se pone esa vestimenta en días importantes.
—El panadero Robert nos informó ayer que el rey ha llamado al pueblo para una reunión a las afueras del castillo, debemos ir allí ya que podríamos ser castigados si no vamos —respondió y se puso de pie —. Ahora levántate que ya casi es medio día.
Obedecí a sus palabras y me levanté de mi colchón, caminé hacia el rincón de la habitación en donde se encuentra mi baúl de madera, y de allí saqué mi túnica beige y mi capa de lana.
—Por cierto... ¿Dónde está mi padre? —pregunté mientras me quitaba mi ropa del día anterior y me ponía mi túnica favorita.
—Está afuera preparando los caballos.
Me miré en el espejo roto y aprecié mi figura por un momento, la túnica se ajusta muy bien a mi cuerpo. Desprendí el caucho que sujetaba mi cabello y dejé que los mechones cayeran por debajo de mis hombros, este se encuentra sucio y lleno de enredos lo que me hace sentir incómoda por la forma en la que me veo. Respecto a mi cara, tengo ojeras demasiado notables y mi nariz está sonrojada, es probable que se me pegue un resfriado por estar tan expuesta a este invierno.
—No te preocupes, te ves bien. Cuando acabe el invierno iremos a la quebrada para darnos un baño —se posicionó tras de mí y sujetó mi hombro, ambas nos observamos reflejadas en el espejo y sonreímos al notar nuestro parecido, sin duda, nací con las cualidades de mi madre, lo que me hace sentir orgullosa porque ella es muy hermosa.