CAPÍTULO VIII

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- ¿Veremos las entradas de las carreras o no Bill?- Dije.

-Jim, no me agradan esas competencias, son ilegales y además las personas que allí están son extravagantes. Tú comprendes, sus aretes aglomerados y los tatuajes... Asustan.

-Bill, es por este tipo de cosas que algunos piensan que eres mi amigo homosexual. -Le persuado en broma. - Las carreras de Calavera Kuis han sido las más emocionantes entre estos años. Desahogan mi furia por el lado artístico de ponerte al límite en extremas situaciones.

-No le veo arte al querer suicidarse.

-Vamos, de todas formas tendrás que venir... Mi madre no me dejará salir tarde si tu no estas presenté allí.

-Tu madre jamás dejaría que acudas a esas carreras, si supiera te metería en un claustro.

  Llegamos en el automóvil de Bill, y nos estacionamos a siete cuadras del lugar, por si las placas eran registradas por patrullas, no estaríamos cerca del perímetro y las salvaría.
  Caminamos mucho, los tacones altos me hicieron tropezar en las calles y Bill solo reía sosteniéndole del brazo.

-No veo la lógica de los zapatos altos, siempre caes.

-Luzco de mayor porte, y soy sensual en ellos.

-De hecho si, por eso dejo que agarres mi hombro y continúes utilizándolos. -Añadió Bill.

  Para entrar al sitio donde compiten, llegas a unas enormes puertas metálicas, te encuentras a dos enormes varones con el rostro de desafío que te enerva los pelos. Les das veinte dólares por persona y uno de ellos te toca por todo el cuerpo para registrar que no portes armas.
  Das unos pasos y hay un círculo formado por apostadores peligrosos, los adictos al dinero que no perdonan ni centavos.
  Más allá otro grupo de jóvenes que igual le sacan provecho como negocio fácil, ellos son menos exigentes y olvidan tu deuda con un par de tragos.
  En el centro hay una malla donde visualizas a los motorizados que dan ósculos a mujeres fáciles antes de ir a arriesgar sus vidas.

-¿Me recuerdas que te agrada de esto? Es como un infierno.

-Y aquí encuentro a los demonios que son como mi familia.  -Respondo.

  En el contraste de gris y luces blancas, percibo un nuevo miembro de la liga suicida. Tiene un modelo clásico y ninguna mujer está en su terreno.

-Iré a sociabilizar Bill.

-¿Me vas a dejar con los dementes solo? -Grita.
 

 Me alejó sin palabras, atraída como un imán gigante al chico malo, que sospechó me traerá muchos problemas.

-¿Eres nuevo por dinero o solo para divertirte?

   No me dirige ni su mirada, nada.

  A lo lejos dan el primer disparo para notificar que pongan sus vehículos en posiciones.
  Se aparta y sigue sin inmutares de mi presencia.
  El segundo disparo anuncia el modelaje de una sensual mujer con banderas en su mano izquierda.  Ella tiene un parlante en la derecha.

-Para recalcular la regla de este recorrido, si uno de ustedes muere, la arena solo será más roja; si alguien gana, su sangre marcara la piel y los desperdicios del perdedor. - Sonríe. - Den honor a su vida y que la muerte les tenga clemencia. -Pronuncia, como es parte del ritual y tras esto los motores prenden y salen veloces con furia.

  Huelo aun el perfume de aquel misterioso.
  Bill adentra en mi espacio,  me brinda su chaqueta.

 
 Ya no logro mirar a los "arriesgados", como les dicen por aquí.
  Junto con mi amigo, nos sentamos en la vereda a dar tiempo a la esperanza.
 Georgia, se me aproxima.

-Oye tu bombón, ¿Apuestas esta vez?

 Bill intenta hacer señales de que me detenga al verme sacar mi dinero.

-Por el primerizo. -Menciono.

  Georgia cuenta cada billete, son setenta apenas.
Se plasma picardía en su sonrisa.


  Dan la primera vuelta y distingo al misterioso, va de tercero y no es malo entre diez hombres.
La segunda vuelta, ha subido hasta segundo puesto.
La tercera protagoniza el séptimo jugador en la tabla.
Cuarta vuelta y retorna entre los cinco principales.
Mi corazón siente campanadas fuertes, si no gana la carrera no podré ganar mi dinero.
 Una corriente muy fría pasa por mi espalda acalambrando mis músculos,
  Lo veo lejos en una velocidad constante con el primero. Saca su pie de la moto y patea al pionero, cae de su vehículo su rival. Gana, haciendo trampa.


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