— ¿Qué?— gritó Mikhaelis aturdido por la noticia dada por teléfono mientras hablaba con alguien.
Viktor y Dmitri se habían encontrado con él en el bar de la azotea. No estaba planeado, pero ambos sabían que allí estaría el italiano y habían ido a buscarle. Al inicio ninguno entendió a qué se debía la exaltación del hombre, entonces sus celulares vibraron.
— Dime— contestó Viktor.
— Señor— dijo Ángel con voz compungida— rompieron el trato, el hombre me disparó y se llevó las escrituras. Me desmayé y ahora solo veo los zapatos de la señorita, pero no a ella por ningún lado— informó.
— Bastardo— escuchó decir a Dmitri, sabía que los tres acababan de recibir la misma noticia. Su furia se alzaba contenida y su paciencia escaseaba. Lo mataría.
— No te preocupes, céntrate en recuperarte— ordenó Viktor. Colgó. Marcó el número de Nathaniel como si su cuerpo se moviese en automático.
— Señor, ya estoy en ello— anunció apenas contestó. No hacía falta que Viktor le informase, Ángel le había llamado a él primero.
— Entonces ya lo sabes— no era una pregunta, Viktor conocía la eficacia de Nathaniel y era aquello que más valoraba de su amigo y subalterno.
— Ordené a Ángel llamarle, mientras yo movilicé a los hombres en busca de la señorita Rosenberg— comunicó con voz serena, sabía que su jefe estaba al borde de colapsar y perder la cordura, tenía que ser más eficiente que nunca.
— Perfecto— consintió Viktor. Colgó sin esperar respuesta.
— Vale, eso no estaba en los planes— admitió Mikhaelis con una mueca de frustración en el rostro.
— Imbécil, te pasa con confiar en un hombre capaz de traicionar a su propio jefe— le atacó Dmitri. Vitrano era más viejo que ellos tanto en vida como en ese mundo, pero había cometido un error de novato que tendría que pagar.
— Estar aquí no proporciona más nada— aceptó Viktor ignorando a los otros dos— me largo.
Todos se fueron, cada uno tras su objetivo. En la mente de Viktor solo se reproducían las muchas formas en que mataría a Vladimir si lo tenía a tiro. Las cosas se estaban complicando.
.
.
Lexie corría buscando a Vladimir. Sabía que no iría a donde Mikhaelis porque su lealtad, aunque extraña y con métodos poco ortodoxos, siempre fue hacia Dmitri. Lo encontró en el tercer piso, este corría camino a las escaleras. Ya me enseñaste ese truco, cabrón.
— VLADIMIR— gritó apuntándole con el arma. Un pensamiento curioso de que se sentía familiar el tacto con una pistola y su pulso no temblaba le pasó por la cabeza.
Su voz estaba ronca y carrasposa, el grito era parecido a algo que raspara, pero había funcionado. Vladimir se detuvo en seco y giró lentamente, entonces una risa retorcida salió de su boca al verla y a Alexis le recordó a una puerta chirriante en una película de terror barata.
— No me entretengas niña, no puedes intentar siquiera disparar— comentó con una mueca en el rostro que simulaba una expresión divertida deformada.
— ¿Intentar? No— concordó Lexie.
Disparó. Su disparo le dio a Vladimir en el estómago y este se tambaleó por unos momentos para luego caer arrodillado al suelo aferrándose a la herida para contener la sangre. Lexie corrió hacia él y le quitó las escrituras, luego se echó a correr escaleras abajo sin detenerse aunque sentía sus músculos resentir el esfuerzo extra.
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Sombras Ocultas
ActionCuentas peligrosas: Libro I (trilogía) La vida de Lexie era un sube y baja de manipulaciones. Bajo el control de un corrupto se vio arrastrada al mundo del que tanto había intentado escapar hacía años. Ahora unos ojos azules turbios y taladrantes l...
