¡Que comience el juego!

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Dijiste: se acabó, se acabó, se acabó
Voy a salir, porque mi mente esta en otro lugar
Esta noche todos mis amigos me van a ver
Me quedare aquí hasta que empiece a amanecer
Voy a, voy a, voy a
Bailar mucho, reírme fuerte
Sube la música ahora
Fiesta como súper estrellas

Til I forget about you, Big Time Rush.

 «Un paso a la vez, América.» repetía mentalmente.

Kriss sonrió hacia Maxon y ocupó su lugar, a lado de él.

Una a una las chicas ocuparon un lugar a la mesa. Celeste fue la última en llegar, agitada y con el mismo modelo de zapatos en ambos pies.

Solté una risita.

—Buenos días—Maxon se levantó de su asiento junto con Kriss.

—Su alteza—respondimos todas al unísono, parándonos de nuestro asiento y con una leve inclinación de cabeza.

—Pueden tomar asiento—dijo con un tono diplomático. —Lamento la situación que las fuerza a quedarse aquí por un tiempo. Espero pronto pueda solucionarse esta situación—terminó con un tono esperanzado. —Por el momento—continuo, —disfruten del desayuno.

Durante todo el desayuno, evité mirar hacía Maxon y Kriss. Aun así, podía escuchar, levente, que se cuchicheaban algo a ratos.

Terminamos el desayuno en silencio, ya sea por respeto o por lo que Maxon acababa de decir.

Todas nos retiramos hacia la sala de chicas, algunas seguían cuchicheando cosas entre ellas; Celeste y yo íbamos lo más lejos posible, evitando las miradas de algunas chicas.

Al llegar a la sala, una a una fue tomando lugares distintos, formando distintos grupos de plática. Podía escuchar sus murmullos, la mayoría de ellas eran preguntas dirigidas a Kriss, desde cómo iba a ser  la boda, hasta los futuros hijos que tendría con Maxon. Era imposible no escucharlos y yo trataba de fingir una indiferencia que poco a poco me hería. Celeste, a mi lado, me daba ánimos, apretando mi hombro de vez en cuando.

Cuando Kriss estaba por responder una de esas preguntas la puerta de la sala se abrió y todas las miradas fueron directo a la puerta.

Naturalmente, era Maxon, con una sonrisa tímida que imploraba “disculpa”, ya que era la sala para chicas.

—En vista de todo lo que ha sucedido con los ataques, ustedes estarán en el palacio hasta que las cosas se solucionen—empezó con un tono bajo.—Pero al no estar aquí por la misma situación que al principio,  tendrán la libertad de hacer todo lo que ustedes quieran—prosiguió con un tono más seguro. —Siempre y cuando sea dentro del palacio y seguro para ustedes— finalizó aclarando.

Todas las chicas mostrabas sorpresa, mientras Celeste sonreía ampliamente.

— ¿Todo lo que nosotras queramos? —preguntó Celeste alzando una ceja y con un todo retador, pero gracioso, como una proposición indecorosa. No pude evitar soltar una risita.

—Siempre y cuando sea seguro y dentro del palacio—repitió Maxon en un tono confuso.

Maxon se retiró del salón seguido de Kriss. Antes de que cualquiera pudiera hablar, Celeste gritó:

— ¡Guerra de agua!

Todas se miraron entre confusas y divertidas.

— ¡Vamos, será divertido! —insistió Celeste.

—Yo me uno—dijo Natalie después de unos segundos.

Una a una fueron aceptando y diez minutos después ya teníamos los globos, solo faltaba llenarlos de agua.  Todas seguíamos en el salón planeando el juego.

—Antes que nada—soltó Celeste de repente. —Todas tienen ropa cómoda ¿no?

Se escuchó un “Sí” al unísono.

—Y supongo que nadie es alérgica al agua—dijo Celeste tratando de sonar seria.

Todas nos soltamos a reír histéricamente.

—Bien—continuó Celeste unos segundos después. —Nos vemos en el jardín en 15 minutos.

Dicho esto, todas corrimos a nuestras habitaciones a cambiarnos.

….

15 minutos después  ya todas estábamos esperando a Celeste en el jardín.

— ¡Que comience la guerra! —gritó Celeste al que momento que aventaba un globo.

En cuestión de segundos, el jardín era un campo de batalla.

Los segundos se convirtieron en minutos y estos, a su vez, en horas. Lo único que se podía observar era como los globos iban de una persona a otra y como explotaban mojándolas.

Se podían escuchar las risas de las chicas y también de los soldados que estaban en el patio vigilándonos. De un momento a otro, sin esperarlo siquiera,  los soldados se hicieron participes del juego y entonces la verdadera guerra comenzó.

....

Dos horas después, ya todos mojados y cansadas de reír, pero muy felices, todas volvíamos a nuestras habitaciones a cambiarnos para la comida.

A la hora de la comida Maxon no estuvo presente, lo que ayudó mucho para que estuviera más relajada y el día siguiera transcurriendo como hasta ahora.

Ya en la noche, cuando estaba a punto de dormir, Celeste entró a mi habitación y susurró “¿Tienes espacio?” y asentí.

—Gracias, Celeste—susurré ya en la obscuridad.

— ¿Por qué? —susurró adormilada.

—Por ser mi amiga—dije sinceramente.

—Entonces gracias por existir—dicho esto se durmió.

Segundos después la acompañe en su sueño, sintiéndome más optimista que ayer.

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¡Lo sentimos demasiadooooooo!

Este es un capítulo corto, lo sabemos. Ya empezamos a escribir el siguiente, esperamos poder subirlo esta semana. La verdad hemos estado súper ocupadas en la escuela ya que metimos materias e infinidad de cosas. Lo sentimos, las queremos demasiado, gracias por sus comentarios y apoyo.

Esperamos que les guste el capítulo.

¡No olviden votar y comentar!

Abrazos y saludos sinceros. Con cariño, Diana y Andrea.

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