La oportunidad que no merece.

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“Nunca me sentí tan solo 
como cuando ayer 
de pronto lo entendí 
mientras callaba 
la vida me dijo a gritos 
que nunca te tuve y nunca te perdí…”
—Que lloro por ti, Sin Bandera.

— ¡Celeste!grité con emoción. Había pasado tanto tiempo sin verla.

Al término de la Selección solo la pude ver un par de veces, y realmente se había convertido en alguien importante para mí. Me apoyó cuando más lo necesitaba.

— ¡América! —intentó imitar mi tono de voz, pero salió algo más dulce, más delicado.

— ¡Te extrañé! —gritamos al unísono para luego echarnos a reír.

—Oh—suspiró al verme mejor. Ya sabía a lo que iba. — ¿Qué ha pasado ahora?

— Nada que no se pueda arreglar— susurré con una sonrisa triste e intentando contener las lágrimas. —Oh, pero no te quedes ahí…adelante—intenté cambiar de tema y la invité a pasar.

— Sé lo que intentas, América, y no lo vas a conseguir—dijo sentándose en el sofá.

— ¿Te ofrezco algo?

— Sí, una respuesta a la pregunta que te hice—respondió. — ¿Qué ha pasado?

—Nada, solo…—intenté hacerme la fuerte, intenté no llorar. —Yo…solo…—quise explicar, pero las lágrimas picaban mis ojos. —Solo dime, ¿por qué? —solté mientras las lágrimas caían como un torrencial por toda mi cara.

Celeste se descompuso al verme, me abrazó y me hizo sentarme con ella en el sofá.

Sentía como mi cuerpo vibraba con cada sollozo. Podía sentir como aquellas heridas que me había esforzado por cerrar se abrían de nuevo. Y me odié por no poder superarlo, odié a Maxon por no haberme dejado explicarle aquel día, odie a Aspen por haber venido a verme, odié a Kriss por tener a Maxon, incluso odié a Jackson por haberse ido aquella tarde.

—Shhh…—susurraba Celeste, acariciándome el pelo, mientras intentaba calmarme.

Estábamos sentadas en el sofá. Mi cabeza reposaba sobre su pecho, ella intentaba calmarme, mientras yo intentaba contener mis sollozos para después soltar el aire y sollozar aún más alto. Llevábamos más de 10  minutos sin decir palabra alguna, el único ruido que nos acompañaba era el de mis sollozos.

Mi cabeza era un lío.

—Basta, para ya—soltó después de unos segundos. —Cálmate y cuéntame lo que ocurrió.

Me erguí en el sofá, suspiré profundamente unas cuentas veces hasta que los sollozos disminuyeron y las vibraciones de mi cuerpo fueron menos.

— ¿Estás bien ahora? —preguntó en cuanto la voltee a ver.

—Bien no sería la palabra correcta, digamos que estoy estable—sonreí sin ganas. Podía sentir mi cara hinchada por el llanto.

—Okay, estable—susurró para sí misma, sopesando la palabra. —Ahora, bien, ¿qué ha ocurrido? Es decir, no espero que hayas superado a…, bueno, tu sabes, pero la última vez que te vi estabas mejor, incluso parecías estar entusiasmada con ese tal Jackson—una expresión sombría cruzó fugazmente su cara.

—La última vez…—saboreé las palabras, —muchas cosas han pasado desde la última vez—susurré distraídamente.

—Bien, ¿cómo cuáles? —me giré para poder verla.

—Dime, Celeste, ¿es justo que haga esto ahora? —pregunte dolida.

—Si no me dices qué es “esto” no podré decirte si es o no justo—dijo suavemente. —Además—continúo, — me gustaría saber de quién estamos hablando.

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