Al llegar a mi casa, me recibieron Kenna con James y su hermosa hija, estaba Gerard y, al que menos pensé que me recibiría, sí, ahí estaba parado Kota con una gran sonrisa. Sólo con el ver como disfrutaba mi sufrimiento me dieron ganas de soltarle una bofetada, pero no lo haría, no dejaría que el ganara. La selección no solo me enseño buenos modales, me enseñó cómo comportarme como una princesa. Ahora ya no me comportaría como una chica de tan solo 17 años porque ahora era más que eso.
Mire alrededor de la casa y recordé que la última vez que estuve aquí fue cuando falleció mi padre, todo lo que miraba me recordaba a él. Su carta que me dejó en la cual me decía que era un rebelde. Me hubiese gustado acompañarlo hasta su último suspiro y que su última mirada hubiera sido para mí. Hubiera querido estar con él hasta el final, pero no pude, eso también me lo había robado la selección.
–América, que gusto verte. –Le sonreí a Kenna que se veía un poco preocupada por mí. Como lo hacían todas las personas de mi familia, normalmente, menos Kota el cual se veía bastante satisfecho.
–Gracias Kenna los extrañe mucho–fingí la sonrisa más grande que pude.
– ¿Al fin se hartó el Príncipe Maxon de ti? –preguntó Kota, con mucha alegría en su voz.
–Él nunca se hartó de mí, sólo que se dio cuenta que no somos el uno para el otro. –Respondí lo más arrogante que pude.
– ¿Se dio cuenta que no eran el “uno para el otro” cuando se enteró que tu amante vivía en el palacio? –soltó con ironía en la voz.
Y ni siquiera la ironía en su voz me había molestado. Me molesto que, a pesar de todo, era cierto lo él decía. Aunque Aspen no fuera mi amante, Maxon y yo terminamos por ocultarle quien era en verdad.
–Maxon sabía muy bien lo ocurrido con Aspen –solté lo más convincente que pude. –Simplemente, como ya dije, no somos compatibles. Y, además, de cualquier forma yo tampoco soy una princesa–dije más para convencerme a mí que a otra persona.
–Como sea, y al fin y al cabo, solo fuiste una de tantas. Un juguete más para el príncipe–soltó Kota con toda la arrogancia que pudo.
–Y bueno, ¿se supone que estás aquí para apoyarme o hacerme sentir miserable? –pregunté perdiendo el control de mis emociones.
–Estoy aquí porque mamá me obligo y lo de hacerte sentir miserable creo que es un gusto que puedo darme–respondió sonriendo.
–Puede que mamá te haya obligado a venir, pero yo no te quiero aquí–solté lo más fría que pude. –Así que vete, lárgate y no vuelvas–concluí sin emoción alguna.
–Te recuerdo, querida hermanita, que esta casa me la ha dejado mi padre a mí, no a ti, lo siento. –respondió con arrogancia.
–Bien, ¿quieres la casa?, quédatela. Nosotros nos vamos. –casi grite perdiendo la poca paciencia que aún me quedaba.
Me gire a ver a los demás que, sorprendentemente, se habían quedado callados. Pude notar la tensión en el ambiente. Gerad y May se veían asustados, mamá me veía con algo de reproche y Kenna era la única que parecía imparcial.
– ¡Vayan por lo necesario para irnos, ahora! –dije entre dientes, lo más tranquila que pude.
– ¡¿Estás loca, América?! ¡No tenemos otro lugar a dónde ir!–mamá gritó, casi histérica, mientras me miraba sorprendida.
–En eso te equivocas–dije elevando la comisura de mis labios. –Estuve en la selección, fui de la élite, ahora soy una dos, madre–le dije sonriendo abiertamente, con toda la arrogancia posible.
Pude ver el asombro en su rostro. Pero con eso lidiaría después, cuando le dijera lo que iba hacer, no ahora. Por el momento, estaba segura de lo que quería.
– ¿Eres una dos?, ¿nosotros ya somos doses? –pregunto Gerard y en su voz se notaba lo alegre que estaba.
–SÍ, Gerard, nosotros ya somos doses. Bueno, a excepción de Kota que quiere tanto la casa–dije lo más arrogante posible, elevando las comisuras de mis labios.
– ¿Eres una dos? –Pregunto Kota con mucho asombro en su voz.
–Sí–dije lo más feliz que pude fingir, porque en estos momentos yo no era feliz, sólo lo aparentaba. –Y, como dije, vayan por sus cosas–quise sonar lo más mandona posible.
Después de eso mamá, un poco sorprendida, subió a hacer las maletas. Pude distinguir en su rostro un poco de tranquilidad, pues ya éramos de la casta número dos. Lo cual significaba que mamá estaría más tranquila pues ya no se preocuparía porque Gerard y May sufrieran hambre.
Gerard me abrazó, lo cual era muy raro en él, lo que significaba que estaba muy feliz. May también estaba dando brincos de alegría. Ver a mis hermanos felices hizo que de pronto me emocionara por la nueva vida que nos esperaba, aunque en ella no estuviera Maxon, al menos me gustaba ver feliz a mi familia.
Kenna y James, que habían estado viendo todo sin decir una palabra, ahora se veían un poco felices y tristes porque ellos seguirían siendo cuatros.
–Kenna, James, ustedes también van a venir con nosotros. Así que vayan a su casa a hacer las maletas y nosotros los veremos en la oficina de servicios–dije volteando hacia ellos.
–No, no creo que eso sea posible-dijo Kenna con tristeza en su voz.
– ¿Por qué no?-pregunte un poco sorprendida.
–Porque ya seríamos muchos América, aparte nosotros somos cuatros–respondió Kenna.
–Pues, si se trata de que seremos muchos en una sola casa, no te preocupes. Porque, por ser parte de la Élite, me pueden hacer un cambio de casta más fácil y así todos seremos tres y con el dinero que cuesta una casa siendo una dos, supongo que me pueden dar dos casas siendo una tres-dije hacia Kenna muy feliz. –Y, serían unas casas muy lujosas, por eso no te preocupes-respondí con un guiño.
– ¿Es… es eso en serio?-preguntó Kenna con lágrimas en los ojos, supongo que serían de alegría.
–Sí, Kenna, es totalmente cierto. ¿A caso crees que los dejaría de lado? –me dirigí hacia Kenna y James que cargaba a la bebé.
Kenna corrió y me abrazó, yo le devolví el abrazo muy feliz por ella y por todos en mi familia, menos por Kota que estaba muy sorprendido viéndonos, al ver que lo observaba sacudió la cabeza y un poco molesto y sorprendido dijo:
–Algo bueno tendrías que haber sacado de todo este show, ¿no?
–No sé a lo qué te refieres. –bufé entre molesta e intrigada.
–Ay, América, ¿realmente crees que me creo todo ese “Sólo se dio cuenta que no somos compatibles”? Sólo di la verdad, que el príncipe se dio cuenta que tenías a tu amante en el palacio y eligió a la otra. Y, quizá, también se enteró del “amor” que “sentías por él” sólo era fingido. Porque es eso, ¿no, América? Sólo fingías–gruño, levantándose del sofá.
–En tu vida, Kota, vuelvas a decir eso. Lo que yo sentía por Maxon no te importa. Y no te pido que te vayas, porque es tu casa, sólo te pido que no vayas a buscarnos nunca, óyeme bien, NUNCA a nuestra casa–dije lo más tranquila que pude, luchando contra las lágrimas de coraje.
–No, no lo haré. Gracias, América, gracias porque ahora no tengo que lidiar con todo eso de que mi familia son unos cinco. –dijo y se marchó, cerrando la puerta de un portazo.
Todos en la casa parecían sorprendidos, incluso mamá que no supe en que momento había bajado con todas las maletas.
–Bien, ya que está todo listo, vámonos.
Y dando un último vistazo a aquellas paredes, que me habían cobijado durante 17 años, nos marchamos…quizá para siempre.
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N/A: Esperamos poder publicar entre mañana y pasado el tercer capítulo.
El fanfic es escrito por mi y mi parabatai<3
¿Les gustaría que les "anexaramos" las fotos de nuestro cast ideal?
Espero que les guste y sus comentarios c:
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La Elección.
Fanfiction«Sonríe y no dejes de hacerlo hasta el último segundo.» me decía mentalmente. Y así lo hice. Porque ningún ataque impidió que Maxon hiciera su elección. Pero no sólo el príncipe puede hacerla.
