En la oficina las cosas no pudieron ser más rápido. Al darse cuenta que era “Lady América”, repetidamente les pedí que me llamaran solos “América” cosa que claramente no hicieron, me atendieron inmediatamente. Y a pesar de que era casi imposible que toda mi familia se hiciera tres lo conseguí, me dieron dos casas y nos marchamos.
En el camino, tanto de ida como de regreso, mucha gente reclamo mi atención pidiendo me autógrafos y fotos. Yo realmente no necesitaba, ni quería, esa atención.
Nos dieron dos casas de igual tamaño, casi éramos vecinos. Kenna, James y su hija se fueron a instalar a la suya y nosotras a la nuestra. La casa era realmente bonita, pero muy a mi pesar no tenía ganas de nada. Por lo que subí a la que iba a ser mi habitación desde ahora, rápidamente me cambie y me acosté entre las cobijas.
Y, por primera vez, entre la protección de aquellas cuatro paredes, permití que los recuerdos inundaran mi mente y con ellos llegarán las lágrimas.
***
El tiempo paso y con ella los cambios. Al principio, sin atreverme a negarlo, me deprimí mucho. No cantaba, no pintaba, no tocaba música y, hasta cierto punto, la música llegó a molestarme, realmente me había convertido en un fracaso de persona. Ni siquiera me molestaba en salir, o en contestar las miles de cartas que recibía o en arreglarme, y así fue todo un mes.
Desperdicie un mes de mi vida viviendo entre lágrimas y recuerdos, pero me jure a mí misma que no más, no podía seguir así. Las cosas suceden por algo, o eso es lo que dicen, y quizá yo no estaba destinada a ser una princesa. Decidí salir de todo eso, no podía seguir en ese estado casi catatónico, tenía que hacerlo por mi familia, por mis amigos, por mí.
Tenía que conseguir un trabajo, ya que los ahorros no iban a alcanzarnos toda la vida, claro está. Al principio no sabía que podía hacer yo, siendo un tres, pero entonces recordé que me juré a mí misma, que si llegaba a este punto, les enseñaría a los demás música, arte. Y así fue, me convertí en profesora.
Después de un mes fuera del palacio, y todo el drama que había ahí, me enteré, gracias a la televisión, que el palacio sufrió un ataque, de los rebeldes supongo, y desgraciadamente tanto el Rey y la Reina perdieron la vida. Recuerdo que aquel día me puse demasiado histérica, quise salir a buscar a Maxon, pero no lo hice. Quizá Maxon no me correría del palacio, quizá ya ni siquiera le importará, pero no estaba preparada para verlo con Kriss, su futura esposa. Sentí mucha pena por él, y lloré por la Reina, recordé los consejos que me dio, el día de las fotos y pude sentir como otra parte de mi corazón moría también con ella.
Con el tiempo vinieron los miles de pretendientes, al ser parte de las seleccionadas tenía ese “privilegio”, del cual ni siquiera quería gozar. A pesar de las quejas de mi madre y sus constantes regaños, rechace cada una de esas proposiciones. Ahora me dedicaba a enseñar música, era una tres, y estaba lo bastante bien como para preocuparme en casarme ahora.
***
Las cosas no fueron mejor, pero tampoco peor. Aprendí a vivir con eso, aunque mi vida era tan o peor de monótona que antes.
«Medio dormir. Desayunar. Dar clases. Comer Regresar. Platicar con May. Merendar…» básicamente en eso se había reducido mi vida.
Las invitaciones a próximas bodas no tardaron en llegar y yo realmente no tenía ganas de ir a ningún lado. Entre tantas invitaciones me llegó la de Ashley y aunque no fue mi amiga sí me gustaría acompañarla, así que después de dos meses sin salir, iría a su boda.
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Hola c: Espero les haya gustado. Entre mañana y pasado trataremos de subir un capítulo nuevo. Ya les comenzarémos a anexar a nuestro cast.
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La Elección.
Fanfiction«Sonríe y no dejes de hacerlo hasta el último segundo.» me decía mentalmente. Y así lo hice. Porque ningún ataque impidió que Maxon hiciera su elección. Pero no sólo el príncipe puede hacerla.
