Uno, dos, tres...el agua cae y los recuerdos vuelven.

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“No pasa nada, encontraré alguien como tú.
no deseo nada más que lo mejor para ti también
No me olvides, te lo suplico, recuerdo que dijiste:
 "A veces el amor dura, pero otras en cambio duele"
"A veces el amor dura, pero otras en cambio duele, si ".”

¿Un corazón puede morir por dentro? ¿Puede un corazón seguir latiendo? ¿Cuántos golpes son necesarios para terminar de destrozarlo? ¿Puede un corazón hacerse añicos y seguir funcionando como al principio?

*Flash back*

Maxon se me quedó mirando la muñeca.

— ¿Quieres…? —Levantó la vista y me dio la impresión de que se lo pensaba una segunda vez—. ¿Quieres bailar?

Asentí.

—Pero se me da fatal.

—Iremos despacio.

Maxon me rodeó la cintura con la mano y me situó a su lado. Puse mi mano en la suya y con la otra me recogí el vestido, que estaba empapado. Él empezó a balancearse, sin moverse apenas. Apoyé la mejilla en su pecho, y él, la barbilla en mi cabeza. Y nos movimos al ritmo de la música de la lluvia.

Me apretó con algo más de fuerza. En ese momento, sentí como si todo lo malo se borrara y volviéramos al origen de nuestra relación. Éramos amigos que se habían dado cuenta de que no querían estar el uno sin el otro. Éramos polos opuestos en muchos sentidos, pero también muy parecidos. No podía decir que nuestra relación fuera cosa del destino, pero sí que sentía que era lo más grande que me había pasado nunca.

Levanté la mirada y apoyé una mano en su mejilla, haciendo que se acercara para darle un beso. Sus labios, húmedos, se fundieron con los míos en una caricia ardiente.

Sentí sus dos manos en mi espalda, agarrándome como si fuera a caerse hacia atrás. La lluvia seguía repiqueteando en el tejado, pero nosotros no oíamos más que el silencio.

Era como si nada me bastara. Quería más de él, todo su espacio, todo su tiempo.

Después de aquellos meses intentando decidir qué era realmente lo que deseaba y lo que esperaba, en aquel momento —que Maxon había creado para los dos—, me dicuenta de que nunca acabaría de entenderme a mí misma. Lo único que podía hacer era seguir adelante y esperar que, cualquiera que fuera el rumbo que tomaran las cosas, de algún modo encontráramos la manera de estar juntos.

Y teníamos que hacerlo. Porque…, porque…

Por mucho que hubiera tardado en llegar aquel momento, había llegado de golpe.

Quería a Maxon. Por primera vez estaba convencida de ello. No estaba manteniendo las distancias, agarrándome a Aspen y a todo lo que habría podido ser. No estaba tanteando el cariño de Maxon mientras dejaba una puerta abierta por si me fallaba.

Simplemente me dejaba llevar.

Le quería.

No habría podido decir por qué estaba tan convencida, pero lo sabía, con tanta seguridad como sabía mi nombre, el color del cielo o cualquier hecho escrito en un libro.

¿Lo sentía él también?

Maxon puso fin al beso y me miró.

—Estás preciosa cuando estás hecha un asco.

Solté una risita nerviosa.

—Gracias. Por eso, por la lluvia y por no rendirte.

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