Ahora que no puedes tenerme,
de repente me quieres.
Ahora que estoy con alguien más,
dices que me amas.
Dormí en tu puerta,
rogando por una oportunidad.
Ahora que finalmente lo superé,
dices que me extrañas.
—Taken, One Direction.
Despierto un poco desorientada. Esta cama no es mía, mis paredes no son blancas, esta no es mi habitación en definitivo.
«Tonta, América, estas en el palacio.» me regaño mentalmente.
Por un momento me olvidé de ello, pero los recuerdos son rápidos. Puedes intentar borrar un pasado, pero los recuerdos siguen ahí.
Estoy sudada, las pesadillas atacaron de anoche. Intentó incorporarme y siento un bulto a mi lado, mi cuerpo se tensa de momento, ¿quién durmió conmigo?
Después, me doy cuenta que es Celeste, el día anterior vino a quedarse conmigo. Dios, necesito dormir más.
— ¡América, despierta, estás teniendo una pesadilla! —susurrada Celeste, cuidadosamente, en mi oído.
Justo cuando estaba por contestarle, la puerta de la habitación se abrió de golpe y un soldado entró a toda prisa.
—Señorita Celeste, Mer, tienen que salir de inmediato—dijo el soldado apurado.
Sólo había una persona en todo el palacio que me diría así y, ese, era Aspen.
— ¿Qué sucede, Aspen?- —pregunté incorporando me de la cama rápidamente, Celeste hizo lo mismo.
—Estamos teniendo un ataque—explicó rápidamente. — ¡Corran! —esta vez nos gritó.
Nos vestimos rápidamente y salimos apresuradas tras él.
El camino al refugio fue como solía recordar y me sentía igual que las otras veces, ansiosa. Al llegar me di cuenta que éramos las primeras, aunque poco a poco se iban incorporando las seleccionadas. Mientras pasaba el tiempo me di cuenta que los únicos que faltaban eran Maxon y Kriss, eso hizo que sintiera un vuelco en el corazón.
—Tranquila, Ames—Celeste susurra a mi lado y aprieta mi mano.
Pasan los minutos y no hay nada nuevo, somos cinco seleccionadas y dos soldados que no conozco, Aspen vino a escoltarnos y salió nuevamente. Celeste sigue dando pequeños apretones a mi mano de vez en cuando, cosa que agradezco internamente. No creo que haya pasado demasiado tiempo, pero lo siento como si fueran horas, estoy preocupada por Aspen, por Maxon y en mi mente solo imagino lo peor. Mi mente era igual de masoquista que yo, que patético.
Pasan unos minutos más y de pronto alguien aparece en la habitación, es Maxon, gracias a Dios. Viene sin Kriss, se le ve preocupado, cansado. Recorre la habitación con la mirada y hacemos contacto visual por un segundo, ese pequeño detalle hace que me sienta segura. Se relaja en cuento me ve, lo puedo notar, pero muy rápido vuelve a tensarse y frunce el ceño.
— ¿Dónde está Kriss? —pregunta confuso.
Por supuesto, qué esperaba, ella es su prometida.
—No lo sabemos, majestad—contesta uno de los guardias.
— ¡¿No lo saben?! —pregunta fuertemente.
—Puede estar en otro de los refugios, majestad—interviene el segundo guardia.
Realmente no quiero escuchar esto. Volteo mi mirada hacia un punto definido y tarareo una canción, pero, aun así, es imposible dejar de escuchar lo que Maxon les dice a los guardias.
Está preocupado por Kriss, obviamente.
A veces solo quisiera simplemente desaparecer o que todo lo que pase con Maxon desapareciera, otras veces solo quisiera que todo volviera a ser como aquel día, antes de que Maxon me viera con Aspen, pero nadie puede tener todo en la vida, ¿no?
ESTÁS LEYENDO
La Elección.
Fiksi Penggemar«Sonríe y no dejes de hacerlo hasta el último segundo.» me decía mentalmente. Y así lo hice. Porque ningún ataque impidió que Maxon hiciera su elección. Pero no sólo el príncipe puede hacerla.
