33.

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Pasado

Miraba la puerta de madera desgastada, la luz se escabullía bajo la ranura, escuchaba voces dentro de aquel hogar, suaves susurros y algunas risas, el sonido de platos colocándose sobre la mesa, o eso imaginaba. El viento a esa hora calaba sus huesos, su abrigo grueso hasta las rodillas lo cubría, la bufanda que llevaba enredada en su cuello intentaba mantener el calor de su cuerpo, se estremecía y temblaba ligeramente. Al parecer, esa sensación tan horrible, no era por causa del clima o las ventiscas que golpeaban la piel expuesta de su cara, era su cuerpo expresando su temor más grande, aquello que lo martirizaba cuando inició su búsqueda, pensarlo solo llenaba sus ojos de lágrimas formándose un nudo en su garganta imposibilitando su capacidad de hablar, imaginar ser rechazado por su propio hijo agrietaba cada vez su corazón.

Su puño se alzó a nivel de su hombro, listo para dar breves golpes a esa superficie sólida, quería informar que se encontraba allí, esperando, ansiando el momento y por fin lograr conocerlo, de volver a verla, y escuchar la razón de su partida.

- ¡Jung Kook! ¡Ve a tirar la basura!

- ¡Ya voy, mamá!

Aquellos gritos lo hicieron saltar soprendiéndolo, sus pies se movieron rápidamente alejándose y ocultándose en uno de los arbustos, ni siquiera supo donde se había metido porque algunas ramas lo lastimaban, intentó acomodarse mejor debido al dolor de algo puntiagudo en su espalda, pero el sonido de la puerta hizo que alzará su vista al muchacho que llevaba una bolsa negra en su mano, un joven de cabellera negra con un buzo amarillo, pantalones negros y con zapatos tipo militar, era alto, parecía un chico bastante atlético, sonreía mientras escuchaba música por sus audífonos, tarareaba y bailaba ligeramente con la funda en mano caminando en dirección al contenedor a una cuadra y media de allí, doblando la esquina.

El alfa sentía su corazón palpitar emocionado, su lobo saltando de felicidad mientras lo miraba a través de las hojas. Salió del arbusto, estiró su mano intentando alcanzarlo a pesar de su lejanía, ver su espalda y simular acariciar su cabeza desde aquella distancia, lo tuvo tan cerca por algunos segundos, quería llorar de alegría. Al fin, pudo conocerlo.

- ¡Jung Kook! Olvidaste...- la voz femenina se cortó al ver al alfa, sus ojos se expandieron de sorpresa - ¿Q-qué haces...a-aquí? - el temblor pronunciando cada palabra era notorio - D-debes irte - dijo la mujer empujándolo, su cuerpo hacia movimientos erráticos por el miedo - T-te dije que no vuelvas a b-buscarme.

- Quería conocerlo, también tengo ese derecho - fue lo único que dijo el alfa, dejándose alejar de aquella puerta a pequeños empujones - Necesitamos hablar.

- P-por f-favor - decía la omega casi suplicando - N-no pueden verte aquí.

- Es él, ¿verdad? - dijo el alfa mirando a la mujer con su cabeza gacha, negando - Jyu, por favor, dime la verdad. Necesito saber...

- N-no, ahora - la omega miró a su hijo acercarse con una mueca en su rostro de curiosidad - No aquí, por favor - miró al alfa mayor con sus ojos aguados - M-mañana, en el parque donde íbamos cuando éramos niños - fue lo que dijo la mujer para luego dar un paso hacia atrás - No, no necesitamos nada de lo que ofrezca - habló alzando un poco su tono de voz.

- ¿Qué sucede mamá? - preguntó el muchacho de cabellera negra, mirando con descofianza al alfa frente a él - Buena tardes - saludó con un corta reverencia - ¿Se le ofrece algo, señor?

Un Omega con mal olor. [Yoonmin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora