—¡Papá se supone que debes atraparme! —exclamó el pequeño yendo hacia el alargado cuerpo de su padre tumbado en la hierba.
JungKook sonrió al niño de cabello oscuro que tenía frente a sí. Bautizado con el nombre de YoHan, su hijo poseía una inagotable reserva de energía y un vocabulario que superaba con mucho el de la media
de los niños de tres años de edad. Al joven YoHan le encantaba hablar, lo cual no era precisamente una sorpresa si se tenía en cuenta su ascendencia.
—Hijo, llevo casi una hora jugando a perseguirte —dijo JungKook—.Deja que este anciano descanse unos minutos.
—¡Pero si todavía no he terminado!
Con una repentina carcajada, JungKook atrapó al pequeño y lo tumbó en el suelo para hacerle cosquillas.
Jimin alzó la vista de los papeles que tenía sobre el regazo y observó cómo jugaban los dos. Estaban pasando la parte más calurosa del verano en la finca que había heredado JungKook, un lugar que contaba con un paisaje tan exquisito que podía haber sido objeto de un cuadro. Lo único que le faltaba era unos cuantos ángeles y un cúmulo de nubes en lo alto; la ilusión sería entonces completa.
El terreno de la finca abarcaba desde un recinto semicircular de ladrillo en la parte de atrás de la casa del siglo XVII hasta un jardín superior muy cuidado, una arcada blanca de piedra y un huerto silvestre de vívidos colores dotado de un estanque de forma ovalada. La familia solía organizar con frecuencia meriendas al aire libre a la sombra de un majestuoso y viejo sicómoro, cuyo tronco estaba revestido de gruesas capas de hortensias. El estanque, bordeado de suave y frondosa hierba y de irises amarillos, ofrecía un entorno muy agradable donde remojar los pies.
Atiborrado tras una ingente merienda preparada por el cocinero, Jimin intentó volver a centrar la atención en el trabajo que se había llevado consigo. Después de cuatro años bajo su dirección, el Coventry Quarterly Reuiew se había convertido en la revista de crítica más leída de toda Corea.
Jimin se sentía orgulloso de lo que había logrado, en especial al demostrar que, como director, podía ser tan audaz, intelectual y librepensador como cualquiera. Cuando el público descubrió por fin de quién se trataba, quién era la fuerza motriz de aquella revista de ámbito nacional, la polémica no hizo otra cosa que incrementar las ventas. Tal como le había prometido, JungKook fue su fiel defensor en todo momento, y negó de plano todas las especulaciones referentes a que debía de ser él, y no su esposo, quien dirigía aquella publicación.
—Mi esposo no necesita ninguna ayuda por mi parte para manifestar sus opiniones —les dijo a los críticos en tono sardónico—. Es más capaz y más profesional que la mayoría de la gente que conozco.
Estimulaba a Jimin a que disfrutase de su reciente popularidad, pues se había convertido en el invitado más codiciado de todas las fiestas de Seúl. Su «mente privilegiada» y su «original ingenio» eran elogiados de forma unánime en los círculos literarios y políticos de mayor relevancia.
—Todo el mundo se fija en mí como si fuera una atracción de feria—se quejó en cierta ocasión a JungKook tras una reunión durante la cual cada palabra que pronunció fue estudiada con escrupulosa atención—. ¿Por qué le resulta tan difícil a la gente creer que alguien pueda tener cerebro?
—A nadie le gusta que otra persona sea demasiado lista —repuso JungKook sonriendo al verlo tan irritado—. Nos gusta conservar nuestra apariencia de superioridad.
—Entonces, ¿por qué tú no te sientes amenazado por mi inteligencia? —quiso saber el rubio frunciendo el ceño.
—Porque yo sé cómo ponerte en tu sitio —replico JungKook con una sonrisa enloquecedora y al momento se echó hacia atrás, riendo, para esquivar a Jimin, que pretendía cobrarse venganza.
Sonriendo al recordar aquel episodio Jimin se puso a escuchar el cuento de dragones, arco iris y hechizos mágicos que JungKook le estaba contando a YoHan, hasta que el niño, por fin, se quedó dormido sobre sus rodillas. Con sumo cuidado, el pelinegro dejó su cuerpecito inerte en la manta extendida sobre la hierba.
Jimin fingió no darse cuenta de que su marido se sentaba a su lado.
—Deja eso —le ordenó él, hociqueando su cabello.
—No puedo.
—¿Porqué no?
—Porque tengo un jefe muy exigente que se queja cuando el escrito no llega en la fecha prevista.
—Tú sabes cómo hacer que deje de quejarse.
—Ahora no tengo tiempo para eso —replicó Jimin en tono mojigato—. Déjame trabajar, por favor.
Pero no protestó cuando sintió que JungKook lo rodeaba con sus brazos ni cuando lo besó en el cuello formando una caricia que le produjo una oleada de placer de la cabeza a los pies.
—¿Tienes idea de lo mucho que te deseo?.—Posó los dedos sobre la curva de su estómago, donde sintió los suaves movimientos de su segundo hijo. Luego dejó vagar la mano a lo largo de la pierna. A Jimin se le cayó el fajo de papeles de las manos, que se esparció revoloteando sobre la hierba.
—JungKook—dijo sin aliento, recostándose sobre él— delante de YoHan, no.
—Está dormido.
Jimin se dio la vuelta en sus brazos y aplicó su boca a la de él en un beso lento y ardiente.
—Tendrás que esperar hasta esta noche —le dijo cuando se separaron los labios de ambos—. De verdad, JungKook, eres incorregible. Llevamos cuatro años casados, deberías haberte cansado de mí como cualquier marido normal y respetable.
—Bueno, ése sí que es un problema —dijo él en tono razonable, jugando con los dedos detrás de la rodilla de su esposo—. Yo nunca he sido respetable. Soy un sinvergüenza ¿no te acuerdas?
Sonriendo, Jimin se dejó caer sobre la hierba tibia y arrastró a JungKook consigo hasta que los hombros de él impidieron el paso de la luz moteada del sol que se filtraba por entre la frondosa copa del árbol.
—Por suerte, he descubierto que resulta mucho más divertido estar casado con un sinvergüenza que con un caballero.
El pelinegro sonrió, pero la chispa de malicia que brilló en el azul de sus ojos fue suplantada por una expresión reflexiva.
—Si pudieras dar marcha atrás y cambiar las cosas... —murmuró retirándole de la frente los mechones de pelo rubio.
—Ni por todo el oro del mundo —contestó Jimin al tiempo que volvía la cara para besar los suaves dedos de JungKook—. Tengo todo lo que jamás me atrevería a soñar.
—Entonces, sueña un poco más —susurró él, justo antes de que su boca se cerrara sobre la de el rubio.
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𝙄𝙍𝙍𝙀𝙎𝙄𝙎𝙏𝙄𝘽𝙇𝙀; 𝙆𝙊𝙊𝙆𝙈𝙄𝙉
FanficSoltero y todavía virgen, el novelista Park Jimin no está dispuesto a recibir su trigésimo cumpleaños sin haber hecho el amor. Cuando Jeon JungKook llama a su puerta, cree que se trata del regalo que se ha hecho a sí mismo: un hombre contratado para...
