Capítulo 3 parte B

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La tarde-noche cayó pronto sobre la Gran Manzana; y con ello, las millones luces de neón se comenzaron a encender para alumbrar plenamente las calles y avenidas que la conformaban.

Otras miles más se unían adornando y anunciando la pronta llegada de la Navidad.

Muchos visitantes y paseantes seguían haciendo sus compras por las inmensas tiendas de la Quinta Avenida; y cuantiosos hombres vistiendo el disfraz de Santa Claus repiqueteaban sus campanas y gritaban a todo aquél que pasaba "FELIZ NAVIDAD".

Terrence no había aceptado la invitación de su madre a cenar, porque había prometido a su hijo volver a casa, pero tampoco tenía muchos deseos de hacerlo.

Entonces, él haría su mejor parte y tratar de ver lo menos posible a su "querida" esposa para no iniciar nuevas confrontaciones.

So, padre e hijo se despidieron de la abuela Eleanor y salieron de la casa para recorrer la gran urbe que lucía hermosa con esos magníficos decorados navideños que año con año ponían mayor empeño tanto en tiendas como edificios.

Kyle estaba feliz de ir de la mano de su progenitor y caminar por todos esos lugares; y mucho más cuando el actor lo llevó a la juguetería mayormente reconocida de Nueva York e hizo que su hijo eligiera su propio regalo.

El chico recorrió toda la tienda hasta que encontró lo que más le gustó; y minutos más tarde, salían nuevamente con obsequio nuevo en mano.

El hombre de seguridad de aquel local ayudó al famoso personaje con la puerta y amablemente le ofreció un servicio de taxi que Terrence aceptó de inmediato, ya que a pesar de la felicidad que radiaba en su hijo, se le notaba ya cierto cansancio.

En breves instantes, abordaron y abandonaron por completo el establecimiento; en cambio, el tráfico afuera comenzaba a tornarse pesado, y tardaron más de 30 minutos en llegar al Norte de Riverside Drive, domicilio del actor.

Kyle se había quedado dormido inmediatamente sobre el regazo de su padre; y en lo que Terrence salía del auto con el niño en brazos, el chofer amablemente abandonaba el transporte para hacer sonar la campanilla de la puerta de aquella residencia.

— Muchas gracias — apreció el actor extendiendo el pago por el servicio y por la ayuda recibida por parte del chofer.

Consiguientemente, éste se dispuso a sacar unos billetes para devolver el cambio a su cliente.

El castaño con una simple señal de mano le indicó que todo era para él.

El hombre agradeció la generosa propina de nuestro bello personaje, y después de desearle:

— FELIZ NAVIDAD — se regresó a su vehículo para marcharse.

Mientras tanto, Terrence ya recorría el pasillo del jardín que conducía a la entrada principal de la casa.

En eso, se vio que la puerta ya era atendida y abierta por una regordeta mucama que lo saludaba:

— Señor Granchester.

— Qué tal, Ingrid. ¿Y la señora? — él preguntó cuando pasó a su lado.

— En su recámara, señor.

La puerta se cerró rápidamente; y la empleada, alcanzando a Terrence, ofrecía a sus espaldas:

— Le ayudo con el niño, por favor.

— No, déjelo, yo lo llevo — contestó el actor sí deteniéndose para extenderle las bolsas con los regalos que la mujer recibió de inmediato.

Terrence recorrió todo el hall; y cuando iba a la mitad de las escaleras curveadas que decoraban lujosa y elegantemente su bien cuidada casa, el castaño escuchó cuando alguien le hablaba con vil prepotencia desde el primer peldaño de abajo.

— ¡Vaya! ¡Pensé que nunca lo traerías!

Ante la agresión, el actor no detuvo su paso, sólo giró su cabeza levemente para mirar de reojo y por encima de su hombro, a quien le había hablado tan rudamente.

Posteriormente, él llegó arriba, avanzó en breve el corredor y se detuvo en una puerta, tomó la perilla y la abrió, notándose rápidamente que era la recámara del chico.

Con sumo cuidado, Terrence lo depositó sobre la cama y comenzó a quitarle su ropa y zapatos.

De repente...

— ¡Te tardaste demasiado en traerlo! ¡Sabías que el niño debía estar conmigo a más tardar a las cinco de la tarde, y son casi las siete! — remarcó con reproche altanero la rubia de cabellos lacios.

Por supuesto, Terrence le hizo el menor de los casos.

Cuando el castaño terminó de cubrir al niño, dirigió sus pasos hacia su esposa; y tomándola por el antebrazo, sin decirle una sola palabra, la obligó a que salieran de la habitación.

— ¡Suéltame! — ordenó Susana con enojo zafándose del amarre cuando llegaron al corredor.

— No tienes ni por qué gritarme ni mucho menos marcarme el tiempo que debo estar con mi hijo, Susana — aclaró Terrence en voz baja y a la vez mirándola furiosamente.

— ¡Yo grito lo que quiero! ¡por algo estoy en mi casa! — espetó la ex actriz justo en la cara de él.

— Sí —, increíblemente la voz del actor era calmada, — pero te he pedido miles de veces que delante del niño nunca lo hagas. ¿Es tan difícil para ti "entender"? — él se tocó burlonamente la sien. De pronto: — Un momento... ¿acaso piensas salir? — preguntó el castaño recorriendo de pies a cabeza todo el atuendo elegante de la rubia ojo azul.

— Sí — ella recuperó postura; y con movimientos coquetos aprovechando que tenía la mirada de su esposo, lo informaba: — Hemos sido invitados a una fiesta, pero como sé que tú nunca quieres venir... me voy sola — ella sonrió cínicamente.

— ¿Y pretendías dejar solo al niño? — Terrence lo hubo cuestionado frunciendo, ahora sí, su ceño.

— No se queda solo. Están los sirvientes y la nana — contestó la rubia sin darle importancia al asunto; y con eso, el castaño finalmente reaccionó.

— ¡Pero tú eres su madre, Susana! ¡es tu obligación! —. Y le demandaría conocimiento: — Y ¿cómo está eso? ¿Tú sí tienes derecho a salir a divertirte y festejar, mientras que el niño no?

— No sé a qué viene eso. Además, a él no lo puedo llevar a las fiestas todavía, ¡es muy pequeño! — dijo la muy desvergonzada, — pero —, lo cuestionaría con agresión: — ¿Qué hay de ti? ¿Acaso tú no eres su padre para concederle sus gustos? ¡Ah! ¡Es verdad que ya no vives en esta casa! — hubo sido sarcástica, — pues bien, sólo déjame recordarte que tú también tienes obligaciones para con él. Ahora, ya que si no quieres que la nana lo cuide, entonces... ¡CUIDALO TÚ! — gritó la rubia nuevamente en el rostro de Terrence.

Seguido, ella comenzó a caminar dejando al actor lleno de sorpresa por la frialdad de aquella mujer; y sólo se dedicó a seguirla con la vista, preguntándose una vez más ¿qué había pasado con esa?

Sin embargo, y de repente, él volvió en sí y aceleró su paso para darle alcance a la rubia, la cual, a pesar de la discapacidad de ésta, manejaba una prótesis a la perfección haciendo que su paso fuera casi normal.

Granchester llegó hasta a ella; y antes de que la rubia comenzara a descender por las escaleras, la tomó de la muñeca izquierda, la giró y...

— ¡Espera, Susana!

— ¡¿Ahora qué quieres?! — preguntó con fastidio y deshaciéndose de nuevo del agarre de su esposo.

— Hace mucho tiempo que de ti nada, te lo aseguro — respondió el actor entre dientes ante la ruda contestación de aquella a la que se amenazaría: — Sólo quiero advertirte que tengas mucho cuidado con lo que haces, porque ni tus achaques ni tus lágrimas te ayudarán ésta vez.

— ¿Es todo? — preguntó la rubia sonriendo con burda indiferencia, pero ni esperó por la contestación del actor porque ya estaba bajando los peldaños.

En su lugar, Terrence sacudió la cabeza con negación en lo que la veía descender y llegar hasta abajo para cruzar por el lobby de la casa.

Después, resoplando resignado y frustrado, él se giró y se encaminó hacia su habitación.

NAVIDAD SIN AMORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora