Capítulo 4 parte B

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En el instante de que Terrence oyera mencionar a su madre, la volteó a ver; y con señales de cabeza y gestos quiso saber qué pasaba.

— Candy, linda... — la dama habló, — ¿tú pensaste que...?

La recién llegada asintió con la cabeza, no dando oportunidad a que Eleanor terminara:

— Oh, no, hija, lo siento mucho.

— ¿Qué pasa, madre? — volvió a preguntar el castaño sin soltar a la guapa mujer que tenía a un lado.

— Nada, hijo, bueno sí — se les acercó. — Creo que otro mal entendido, y será mejor que tú le expliques lo que ha sucedido. Yo mientras iré a ver a mi nieto, pero primero les ordenaré algo de tomar — ofreció y finalizó la actriz buscando la salida de aquel lugar.

— ¿Ya estás más tranquila? — él le preguntó a Candy una vez estuvieran a solas.

— Ya, gracias — ella contestó. — Qué pena contigo, Terrence —, la rubia se separó y se alejó un poco de él.

— Ah, vamos — él sonó un poco irónico y desilusionado. — ¿Ya soy otra vez Terrence, Candice?

— B-bueno — ella titubeó; y agachando la cabeza se notó más lo apenada que estaba. — Yo... lo siento, Terry.

— No tienes por qué disculparte. ¿Me dirás ahora lo que te pasa? — él pretendió mirarla a la cara.

— Bueno — ella comenzó a decir sujetando el pañuelo en sus manos, — lo que pasó fue que leí una nota en el periódico con respecto a ti y...

— Tú pensaste que había muerto, ¿no es así?

Al escuchar Candy esa singular palabra, "muerto" proveniente de la boca del actor, lo miró fijamente y sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.

Todavía sintiéndolo, ella confesaba:

— Sí; y me dio mucho miedo que eso hubiese sido verdad.

Ante esa muestra de preocupación, el actor se sintió halagado ¿y por qué no? hasta saberse importante por los labios de la rubia; así que, sonriendo levemente diría:

— Muchas gracias por tu interés hacia mí, Candy. Siempre has sido una chica de muy buenos sentimientos y te lo aprecio realmente; aunque precisamente no haya sido yo el finado, hay algo de verdad en esto.

La pecosa lo miró intrigada.

— Fue Susana quien pereció en ese accidente — él confirmó.

— ¡Cuánto lo siento, Terry! —, y a señal de condolencia, ella lo tomó de la mano.

— Sí, gracias — apreció el actor, pero con cierta desgana que la rubia percibió, y mayúsculamente, por el palmeo que la mano de ella hubo recibido, y con eso se le hizo fácil recriminarlo:

— Lo dices como si no lo lamentaras, Terry. ¿Acaso no fue tu esposa? Además, ¿la madre de tu hijo? — se hubo aventurado la rubia a cuestionarlo. — No deberías tomarlo tan a la ligera. Era un ser humano, y por ellos se siente pena por muy malos que hayan sido.

— Candy, nunca cambiarás, ¿verdad? — se indagó; e increíblemente él la miró con un poco de molestia y, se notó aún más cuando liberó su mano.

El castaño apoyó los codos sobre las rodillas para informarle fijando su mirada en equis parte del despacho.

— Pero esto es un claro ejemplo de que sí nos podemos equivocar con respecto a las personas; y te diré algo —, él giró su cabeza para mirarla a los ojos: — ¡por supuesto que me duele su partida! porque también fue mi amiga y compañera.

Candy bajó la mirada conforme él seguía diciendo:

— Pero yo aquí no importo tanto, sino por lo que me has dicho — ahora él agachó la cabeza, — ella era la madre de mi hijo y ahora Kyle ha quedado huérfano, pero desgraciadamente, tú no llegaste a conocerla en lo más mínimo — él reprochó, unió sus manos y en ellas apoyó su mentón para decirle: — Con el paso de los años, a pesar de que todo mundo y yo le dimos cuanto pidió, se volvió frívola, calculadora, fría y más chantajista que nunca. ¿Y sabes dónde andaba anoche que sufrió el accidente? — él hubo usado vil ironía y también la miró, — aunque no lo creas ¡con su amante en turno! y pregúntame si a ella, su hijo, le importó en lo más mínimo.

La rubia de ojos verdes tragó saliva; y al percibir la amargura en las palabras del histrión corregía:

— Tienes razón, Terrence. Las personas sí cambiamos con el paso del tiempo —; y ante eso...

— Perdóname, Candy — reflexionó él. — No debí hablarte de esa manera, cuando tú lo único que has hecho es preocuparte por mí; pero más que sentir dolor por ella, siento rabia e impotencia porque no sé cómo le explicaré a mi hijo que su madre ha muerto. Yo ya estoy acostumbrado a que los periódicos hagan grandes escándalos a mi cuesta y lo soporto... pero ¿y él?

— Creo que comienzo a entender, Terry. Discúlpame por mi osada intromisión, por favor.

La rubia posó su mano sobre la mano izquierda del actor; y éste, aprovechó para tomarla entre las suyas y dejarle un beso sobre su palma.

— Gracias, Candy, por estar aquí conmigo. Aunque —, la soltó para hacer un comentario serio: — no sé que vaya a decir tu prometido si descubre que estás aquí. Espero no causarte problemas —; y le haría una observación: — se ve que es demasiado posesivo contigo y no le caí muy bien que digamos.

— No te preocupes ni por eso ni por él, Terry. Además... no hago nada malo, sólo apoyo a un amigo en desgracia, ¿o no?

— Sí, claro — se respondió; y el castaño sonrió ante la franqueza de la rubia.

— ¿Y qué harás? — preguntó ella con verdadero interés.

— Hoy no puedo hacer nada. Es Navidad —, él se echó hacia atrás, — y en domingo menos —, puso sus manos en su nuca, — así que mañana lunes debo ir con mi abogado y hacer los movimientos necesarios.

— Y... ¿no estás trabajando? — la pecosa comenzó a admirarlo.

— No. Éste es mi primer año que no hago temporada y Robert Hathaway lo aprovechó para hacer algunos cambios en el teatro... y a ti ¿cómo te ha ido?

Terry se acomodó en el sofá estando más relajado y para mirarla mejor.

— Pues bien — ella se irguió y le sonrió.

— Me quedé sorprendido por tu conferencia. Así que, ya es usted toda una doctora especializada, Señorita Pecas... ¡Felicidades!

— ¡Terry! Ya te habías tardado en fastidiarme con ese apodo — la rubia, aunque se cruzó de brazos, sonreía. — Pero de todos modos, gracias por el cumplido, Señor Famoso y reconocido actor de Broadway, yo también he oído de tus grandes éxitos.

NAVIDAD SIN AMORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora