Capítulo 4 parte D

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La señora Baker observó a su hijo todo el tiempo.

Viéndose el actor descubierto por su madre, él levantaba su copa y fingía un "salud", provocando la risa de la dama por ese acto improvisado de su pillado hijo; aunque también Candy las percibía, pero ella fingía no sentirlas; y las veces que se encontraban sus miradas verde con azul, sólo se dedicaban a observarse y admirarse el uno al otro; segundo siguiente uno de ellos cedía ofreciendo una cálida sonrisa o un guiño con coquetería.

Empero, estaban finalizando el postre cuando la señora Baker sugirió pasar a la sala y tomar allá el té.

Terrence se levantó de su asiento primero y se apresuró para ayudar a Candy con la silla.

Accidentalmente, cuando la rubia se giró, su rostro quedó muy cerca sobre del pecho del actor, y al levantar la pecosa su vista, se topó con la mirada profunda de él.

En cambio, el guapo actor al sentirla tan cerca posó atrevidamente sus ojos en la boca pequeña y rosada de la rubia; y en su interior, se revolvieron unas enormes ganas de volver a probar esos labios.

Sorprendentemente, Candy también lo deseó; no obstante, ella fue más prudente y se alejó de él, porque sabía que no era correcto. Ella estaba comprometida con alguien más, y él... bueno él, estaba de luto; además de que el lugar no era el apropiado.

Con posterioridad, pasaron a la sala, y en lo que se servía el té, Terrence preguntaba a la actriz la cual ya ocupaba su lugar en el love seat:

— Madre, ¿a qué hora harás tu reunión? Ya son casi las tres de la tarde — miró él el gran reloj que había en el lugar desde el sillón individual.

— No, hijo, ya no habrá reunión — informaron; — en lo que tú salías, llamé a mis invitados para cancelarla. Además, esta velada ha sido mucho mejor. Sólo espero que Candy no haya tenido compromiso hoy, porque ya le entretuvimos demasiado.

— No se preocupe, señora Baker, le aseguro, que también he disfrutado más de su compañía que adonde tengo que ir — contestó la rubia con honesto pesar sentándose en el grande sofá después de haber admirado el árbol de Navidad.

— Y ¿adónde irás hija que no se te ve tan animada? — cuestionó la actriz recibiendo su bebida.

Candy dudó un poco en contestar, pero sabía que los presentes esperaban su respuesta.

— Debo ir a la casa de... —, se limpió la garganta, — la madre de...

— Madre — alguien más mencionó esa palabra recriminándola precisamente: — adonde tenga que ir. Recuerda que Candy es una mujer comprometida, tal vez a la casa de sus futuros suegros — concluyó el castaño al ver la angustia de la pecosa, sintiendo él un poco de decepción al recordar que exactamente ella ya tenía un compromiso.

— Así es — reafirmó Candy; y se levantó dejando su taza que no tenía mucho que la había aceptado. — Y creo que es hora de marcharme, si no no llegaré a tiempo.

Dicho esto, la pecosa se acercó a la dama para extenderle su mano que sería rápidamente atrapada.

— Señora Baker, ha sido un gran placer saludarle nuevamente y verla más bella que nunca.

— Candy, hija, favor que me haces. Pero, te pediré, que para la próxima vez que nos veamos, no me llames más señora Baker, sino Eleanor.

— Está bien — la que se marchaba sonrió, girándose hacia: — Terrence, despídeme del pequeño Kyle, y de verdad, siento mucho lo de Susana —, a él también le extendió su mano.

El castaño ya estaba de pie y se la aceptó, sin embargo...

— Déjame te acompaño — se ofreció caballerosamente.

La rubia con delicadeza se liberó diciendo:

— No, no, será necesario. Tomaré un taxi sobre la avenida.

— Por supuesto que no, señorita — el actor impuso su voluntad. — Madre, ¿las llaves del auto?

— Donde siempre, hijo —, le indicaron el lugar.

— Bien, ¿te encargo al niño? No tardaré.

— Claro, cariño, ve con cuidado, por favor — se recomendó. — Hasta luego, Candy, y visítame mientras sigas en Nueva York.

— Claro que sí — dijo la rubia, acercándose nuevamente a la actriz para darle un abrazo y un beso en su mejilla.

Y en lo que las mujeres terminaban de despedirse, Terrence se dirigió al recibidor.

Del closet, tomó su abrigo y se cubrió con la prenda.

Seguidamente, le preguntó a Candy que ya estaba detrás, por el suyo.

La rubia se lo indicó; el castaño lo tomó del perchero y le ayudó a ponérselo.

Instante inmediato, salieron de la casa y llegaron hasta donde el carro.

El actor, sin perder su caballerosidad, le ayudó con la puerta del vehículo; y después de dejarla bien asegurada, se condujo al volante.

Ya adentro y sonriente le preguntaría con broma:

— Y ¿adónde la llevo, mi lady?

— Al Hotel Affinia en la Avenida Lexington, por favor — dijo aquella también jugueteando con él.

— Será un placer.

En cuestión de nada, el auto se puso en marchar; y en todo el trayecto de la casa al hotel se les hizo muy corto.

Ambos, de un modo u otro disfrutaban de su compañía platicando de otras tantas cosas y añorando tiempos de colegio.

Cuando se acercaban al destino final, a cierta distancia la rubia le señaló al castaño un espacio donde dejarla.

— Aquí está bien. Gracias, Terry. Ha sido muy amable de tu parte.

Pero el actor ya estaba abandonando el auto para ir a abrirle la puerta nuevamente.

— Al contrario — le respondió estando cerca, — gracias a ti por tu visita y apoyo. De verdad, han significado tanto para mí — él extendió su mano para ayudarle a salir.

— Siento mucho de verdad la muerte de Susana — fue sincera quedando frente a frente.

— Lo sé, Candy — sonrió el castaño sin haber soltado la mano.

— Me comunico contigo después. Me gustaría mucho acompañarte en los funerales de tu esposa.

— Por supuesto, y gracias nuevamente. En cuanto yo sepa algo, te aviso.

— Sí, por favor. Bueno, cuídate — ella tocó el brazo masculino, — y estamos en contacto — finalizó la rubia mientras veía como el castaño le besaba su mano.

— Hasta luego, Candy — se despidió Terrence.

Y en lo que el actor caminaba de nuevo hacia al auto, la rubia suspiró hondamente, perdiendo sus ojos en el porte elegante del actor.

Consiguientemente, él desde el interior de la nave se despidió de ella nuevamente sacudiendo su mano, acto al que Candy respondió.

Y conforme Terrence se alejaba y se perdía por la avenida, la rubia ingresó al hotel para alistarse e ir a la reunión con su futura familia política. 

NAVIDAD SIN AMORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora