Capítulo 6 parte B

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La impaciencia de alguien era mucha, por ende...

Candy estaba abrochando ya el último botón de la camisa de aquel pijama, cuando sintió las manos de Terrence sobre sus caderas, y los labios de éste besándole por el cuello, provocando con esa caricia: un escalofrío extra en ella.

Lentamente, el actor la hizo girar para quedar de frente; y mirándole a los ojos, él comenzó a desabotonar el pijama.

Candy sintió una corriente eléctrica por todo el cuerpo en el instante de que los dedos del castaño, le rozaban su desnuda piel conforme la iba liberando de la prenda; y sus miradas, no tardaron en llenarse de deseo.

Cuando aquel último botón fue liberado, Terrence la recorrió de arriba abajo con esa profunda y extraña mirada que siempre lo caracterizó, contemplando con ello, el cuerpo bien formado de ella, la cual se cohibió un poco ante ese detallado análisis.

Increíblemente, Candy no supo qué hacer.

El castaño lo percibió, y sonriendo pretenciosamente, tomó las delicadas manos de ella indicándole que podía hacer lo mismo: desnudarlo.

La rubia pronto así lo hizo; primero, le sacó un suéter sin mangas que combinaba con su atuendo; urgidamente, jaló el cinturón de la hebilla y desabotonó el pantalón.

Con mano temblorosa y sin dejar de ser observada por Terrence, la mujer subió hacia el primer botón de la camisa masculina; y mientras más botones liberaba, ella podía darse cuenta del pectoral bien marcado del actor.

Bueno, después de unos minutos, la camisa al fin salió, dejando al castaño en sencilla camiseta y todavía con el pantalón puesto.

Pero él ya no aguanto más y la acercó para inclinarse y besarle nuevamente en el cuello mientras que Candy se entretenía con el cierre de la bragueta.

Él la tomó por la cintura, y poco a poco y lentamente la fue acercando a la enorme cama.

Antes de y sin soltarla, el castaño se giró, se sentó sobre la misma y la mujer quedó nuevamente de frente a él.

Candy puso sus manos en el rostro masculino y buscó su boca en lo que él la deshacía de su sostén.

Pausadamente, Candy hizo los movimientos para quedar hincada dejando en medio a Terrence, que por supuesto, estaba más que excitado por la osadía e intrepidez de su pecosa; y mientras sus bocas seguían ocupadas, él le acariciaba cuanto podía: desde la espalda, los glúteos y los bien formados senos.

En eso, Terry la interrumpió un momento para enderezarse y deshacerse de sus ropas conforme Candy se quedaba hincaba en la cama observando los desarrollados músculos de su actor favorito.

¿De dónde había hecho ese cuerpo? — se preguntó interiormente la rubia, — si de joven era muy delgado.

Y es que, de sólo ver su cuerpo, era ya un placer admirarlo tal y cual vino al mundo.

El actor, sonriendo con altivez ante la mirada sorprendida de la rubia, le extendió su mano para ayudarle a ponerse de pie y levantar el edredón que cubría el lecho.

Con posterioridad, él volvió a ella; y con toda la delicadeza del mundo, la levantó entre sus brazos para ir a depositarla en las suaves sábanas, acomodándose él a lado de ella; y mientras con una mano le acariciaba el rostro con ternura y la besaba, con la otra ya recorría cada centímetro del cuerpo terso de Candy.

Ella, por su parte, le acariciaba el pecho y alborotaba el cabello sedoso del actor el cual abandonó la boca de la rubia para descender por su mandíbula hacia el cuello, dejando un camino húmedo por los besos e yéndose a detener sobre sus senos y juguetear con ellos por unos momentos.

NAVIDAD SIN AMORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora